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Si después de las elecciones andaluzas del 17 de mayo, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal consiguen firmar un pacto de gobierno en las cuatro comunidades que han ido a las urnas hasta ese momento, su periodo de paz duarará tan solo doce meses. En mayo de 2027 se celebrarán eleccione municipales en toda España y autonómicas en el resto, salvo en Cataluña, País Vasco y Galicia. Quedarán fuera de ese aluvión de listas electorales y de urnas los comicios generales, en el caso de que Pedro Sánchez mantenga su deseo de llevar la actual Legislatura hasta su término.
El actual presidente andaluz, Juanma Moreno, ya logró quitarse de en medio a Vox en los comicios de 2022 siguiendo un modelo de programa contrario al que usó la presidenta madrileña con el mismo efecto, lograr la mayoría absoluta y dejar a los de Abascal en la oposición. Si Isabel Díaz Ayuso uso su mano derecha para dejar sin argumentos a la extrema derecha, Juanma Moreno blandió su mano izquierda para arrebatar votos al PSOE y reivindicar el voto útil de la derecha. Si la maniobra le vuelve a salir bien, lo lógico es que Vox se quede en sus 14 diputados y que los socialistas ganen alguno a costa de los 7 que todavía tienen los herederos de Podemos. El bipartidismo estaría servido de nuevo en Andalucía.
lE Secretario general del Partido Popular tiene una misión política más importante que la de atacar al presidente del Gobierno de todas las formas posibles. Núñez Feijóo quiere conseguir la victoria en las próximas elecciones generales, sin tener que negociar con Santiago Abascal la mayoría parlamentaria de la necesaria votación de investidura. Lo sucedido en Extremadura, Aragón y Castilla y León, a lo que se unirá lo que ocurra en Andalucia en un par de meses, le lleva a negociar con los ex dirigentes de Vox, que se han enfrentado con Abascal y ven que sus nombres no estarán e las próximas listas del que ha sido su partido. El hombre elegido para esos contactos es Miguel Tellado, la persona de su máxima confianza.
El resultado electoral y político de la izquierda española y en particular el de Pedro Sánchez dependen de los dos dirigentes a los que más atacan. Sin las guerras desatadas por Donal Trump y Benjamin Netanyahu en todo Oriente Medio y la crisis energética que han producido esa izquierda no tendría el gran discurso al que colocar como su referente ante los ciudadanos.
Si la otra izquierda que acompaña al PSOE desde 2028 se empeña en perder los 31 escaños que consiguió en las elecciones generales de 2023, que es muy posible que lo consiga, colocará a Pedro Sánchez ante dos caminos que sellarán su permanencia o su salida del palacio de La Moncloa: si ese andamiaje roto de Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y Podemos perdiera la mitad de la representación que ahora tiene en el Congreso ( quince o dieciseis diputados), los socialistas tendrían que subir de 121 parlamentarios a no menos de 150, una cifra que hoy parace inalcanzable.
El actual presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha ganado con claridad, subiendo dos escaños respecto a lo logrado en 2022, pero tendrá que volver a negociar su investidura y su futuro Gobierno con Carlos Pollán, el cabeza de cartel y lider de Vox en esa Comunidad. No existe otra combinación alternativa. El PSOE también mejora en otros dos parlamentarios y hasta puede que la distancia de 50.000 votos respecto al PP le parezca la mejor de las noticias.
El presidente norteamericano ganará la guerra contra Irán, no tiene más remedio y pondrá todos los medios militares y políticos para lograrlo. La diferencia entre las fuerzas combinadas de USA e Israel frente a las iranies es tan grande que pensar lo contrario es dejarse llevar por la iusión. Una vez comenzada, Donald Trump tiene que terminarla con victoria. En ese camino puede aprender de su amigo/enemigo Vladimir Putin que pensó en terminar el conflicto de Ucrania en unas semanas y ya lleva más de cuatro años y sin fecha fija para su termino. Los dos no contemplan otro futuro, sin importarles que el resto pierda con la paz.
¿A quien creer? A Pedro Sánchez cuando dice que Estados Unidos no puede usar las bases en territorio español para su guerra contra Irán o al presidente norteamericano cuando, tras amenazar con cerrar el grifo de las importaciones de productos españoles, afirma que el problema se ha resuelto y que Rota y Morón forman parte del trayecto del material militar que llevan a diario hacia el Cercano Oriente. Seguramente ni uno ni otro dicen la verdad pero es más probable que el Pentágono se las arregle para que no haya problemas de que sus Galaxy pasen por Rota cargados hasta arriba.
El presidente del Gobierno ya ha encontrado la mejor forma de atacar a Núñez Feijóo y levantar la moral de la izquierda, tanto la que está dentro del PSOE como la que se mueve en el Gobierno y que aún no tiene decidido quién sustituirá a Yolanda Díaz como cabeza de lista electoral para las elecciones generales. Se trata de imitar lo que lleva haciendo Isabel Díaz Ayuso desde que llegó al poder en la Comunidad de Madrid: dejar a un lado a sus adversarios más próximos, ya fuesen de Más Madrid o del PSOE y buscar la confrontación permanente con el lider nacional, en su caso, Pedro Sánchez. Le ha funcionado. Sus rivales han ido desapareciendo, desde Pablo Iglesias a Juan Lobato, y ella se ha convertido en referencia obligada de la derecha gracias a su mayoría absoluta.
Las duras amenazas de Donald Trump a Pedro Sánchez no tendrán ninguna eficacia a nivel real. Ni habrá cierre del comercio global, ni retirará n inguno de sus destructores de Rota y Morón, ni mantendrá durante mucho tiempo que el presidente español es un hombre terrible. El inquilino de la Casa Blanca se convierte, queriendo o sin querer en el mejor aliado de dirigentes políticos en apuros. Todo es efímero en su forma de ver y actuar en política. El amigo de hoy es el enemigo de mañana y viceversa. Los ejemplos son numerosos, desde Putin y Zelensky a Starmer y el propio Sánchez; desde la venezolano Delcy al canadiense Carney. El hombre que estará hasta las elecciones norteamericanas de 2028 al frente de la mayor -potencia militar y económica del mundo quiere que su país mantenga ese primer puesto el mayor tiempo posible. El Imperio de Occidente frente al Imperio de Oriente, que es China. Todo lo que ocurre en el resto de los escenarios es parte del nudo que ofrece cualquier drama de teatro.
Bajo la lluvia atrasada del 23 F de 1981 y detrás de los interminables desencuentros entre el Partido Popular y Vox para intentar acuerdos que mantengan los gobiernos de la derecha en tres Comunidades autónomas, los números, las matemáticas electorales de los últimos tres años (por no hacer más abultadas las comparaciones) demuestran con claridad que los sueños de Santiago Abascal de convertirse en presidente del futuro Gobierno que salga de unas elecciones generales es un imposible.
Bajo la lluvia atrasada del 23 F de 1981 y detrás de los interminables desencuentros entre el Partido Popular y Vox para intentar acuerdos que mantengan los gobiernos de la derecha en tres Comunidades autónomas, los números, las matemáticas electorales de los últimos tres años (por no hacer más abultadas las comparaciones) demuestran con claridad que los sueños de Santiago Abascal de convertirse en presidente del futuro Gobierno que salga de unas elecciones generales es un imposible.
La oferta de Alberto Núñez Feijóo a Santiago Abascal, tras una hora de conversación entre los dos y un documento programático elaborado desde el PP, ha recibido una ducha de agua fría por parte del presidente de Vox. Feijóo se ha responsabilizado personalmente de las negociaciones y ha alejado de las mismas a los dirigentes autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Quiere evitar nuevas elecciones, mantener al frente de los Ejecutivos regionales a María Guardiola, a Jorge Azcón y previsiblemente a Alfonso Fernández Mañueco tras las elecciones en Castilla y León.
La izquierda española actual es una amalgama de siglas y líderes que busca regenerarse tras el fin del “fenómeno Pablo iglesias” que intentó subir a los cielos tan deprisa que acabó estrellándose en el suelo. Podemos acabó con la supremacía que había gozado Izquierda Unida durante 30 años, pero fracasó en su intento de convertir lo que era una “izquierda comunista” en una “socialdemocracia republicana y plurinacional” . Lo que quedan son los restos de un desastre.
Reunieron a mil personas - como mucho - para ofrecer a los que han sido sus disminuidos votantes que están dispuestos a mantener la lucha contra el nuevo fascismo que representa Vox y, por supuesto, la influencia que tiene en el futuro del Partido Popular, primero en las Comunidades Autónomas y luego en las futuras elecciones generales en las que se decidirá quien gobierna en España.
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