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Primero desaparecieron las pintadas en las paredes con las que trabajadores y vecinos denunciaban los errores o despropósitos de los políticos, al mismo tiempo que se desvanecían las huelgas, luego fueron menguando las manifestaciones de protesta hasta convertirse en procesiones más o menos grandes que ya no asustan a ningún gobierno ya sea nacional o autonómico, y finalmente los políticos también van perdiendo el miedo a los jueces por más que amenacen con meter en la cárcel a corruptos y miembros de “presuntas organizaciones criminales", como definió al grupo de Abalos, Koldo y Aldama el teniente coronel Antonio Balas, jefe de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO).
La decisión del tribunal de la Audiencia Nacional que preside el magistrado José Ricardo de Prada de dejar fuera del juicio que se sigue contra la familia Pujol por el presunto envío de dinero a cuentas bancarias de Andorra al patriarca y expresidente de la Generalitat, se explica en un pequeño párrafo: “Imposibilidad de permanecer con plenitud de conocimiento y capacidades en este juicio”. Sus 95 años de edad y tres informe médicos aportados con anterioridad no impidieron que ese mismo tribunal le haya obligado a viajar a Madrid para que le sometieran a un nuevo examen ante los jueces.
El expresidente del Gobierno durante siete años, ganador de las elecciones de 2011 con mayorías absolutas tanto en el Congreso (186 escaños) como en el Senado (136 escaños), con victorias en la mayoría de las Autonomías y en los grandes Ayuntamientos; que siguió ganando en las urnas y gobernando hasta junio de 2018, no sabía nada de lo que ocurría en el Ministerio del Interior con la llamada “policía patriotica” y sus operaciones para controlar los archivos y las actuaciones del que era el tesorero del Partido Popular.
Si Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno, se sienta en el banquillo para ser juzgada de todos o de alguno de los cuatro delitos de los que le acusa el juez Peinado, con un jurado popular, las posibilidades de que sea condenada son tantas como las de que sea absuelta. En cualquiera de los dos supuestos la influencia en las futuras elecciones generales será tan importante como para que Pedro Sánchez mantenga la actual Legislatura hasta su finalización o adelante la cita con las urnas.
El presidente socialista se siente a gusto con su viraje a la izquierda que comenzó en enero de 2020 tras su alianza con Pablo Iglesias aunque ello no le haya dado más votantes en las elecciones de 2023 y le haya costado perder en casi todos los comicios autonómicos y municipales. El incremento de votantes lo logra a costa de los grupos de izquierda y hasta de los nacionalistas que le ayudaron a tomar por asalto La Moncloa en junio de 2018.
Ninguno de los dos grandes partidos que conforman la democracia española quiere a sus “pequeños ayudantes” para gobernar. Les gustan, desde siempre, las mayorías absolutas, pero incluso en esas condiciones prefieren a las formaciones nacionalistas para que les ayuden a conseguir la victoria en el Congreso que permita a su líder formar gobierno y mandar durante cuatro años. Desde hace ocho años le ocurre al PSOE de Pedro Sánchez a nivel nacional y le ocurre al PP de Alberto Núñez Feijóo a nivel autonómico y municipal.
Se veía venir, lo descubierto ahora en un informe de la UCO se sabía desde hace , al menos, un año: que la presidenta del Congreso jugó un papel clave para el negocio de Koldo García, Abalos y Aldama en el negocio de las mascarillas. Casi 70 mensajes de correo electrónico ha encontrado la Guardia Civil en las Francine Armengol lubrica la llegada de la trama liderada por Abalos y Aldama a las Baleares. Que vaya a dimitir es otra cosa, visto lo visto con Óscar Puente o con Grande Marlaska, lo más seguro es que Sánchez no se de por enterado o que forma parte de una campaña de desprestigio de la ultraderecha.
El presidente del Partido Popular obliga a la presidenta en funciones de Extremadura a que acepte las exigencias de Vox para lograr mantenerse en su puesto. Cuatro meses ha tardado María Guardiola en aceptar todo lo que había criticado en Oscar Fernández Calle, sobre todo en los temas de inmigración y feminismo. El sillón de la presidencia tenía un precio, que aún sería mayor si en Hungría el ganador de las elecciones fuese Viktor Orban, que ha supuesto un golpe para la derecha más dura, tanto en Europa como en el resto del mundo.
A la cuarta fue la vencida y por primera vez en la historia de nuestra reciente democracia una moción de censura triunfaba en el Congreso de los Diputados y obligaba hasta el entonces presidente del Gobierno a abandonar el poder. Era el uno de junio de 2018 y con apenas 84 escaños el Partido Socialista conseguía que el candidato Pedro Sánchez lograra 180 votos a favor, por los 169 que se opusieron y una única abstención. Aquel día cambió la historia política de España y supuso el primer y gran error del entonces Secretario General de los socialistas.
La balanza que decidirá el resultado final de las elecciones andaluzas tiene en sus dos platillos el peso de los temas que llevarán a Juanma Moreno a seguir gobernando con una mayoría absoluta o con un gobierno de coalición con Vox; o a una inesperada y muy poco probable derrota a manos de María Jesús Montero y el resto de la izquierda. En uno estarán los problemas de la Sanidad andaluza, con uno de los peores índice de España y los efectos de los cribados contra el cancer; y en el otro los casos de corrupción a nivel nacional que llenan las páginas de los medios de comunicación y los informativos de las televisiones.
En un mes Juanma Moreno se convertirá en el delfín más fuerte de Alberto Núñez Feijóo, por encima de Isabel Díaz Ayuso, que será su gran rival si el actual presidente del PP no consigue llegar al gran sillón de La Moncloa. Andalucía es más importante que Madrid, por los escaños que lleva al Congreso y Moreno tiene una imagen con menos aristas que Ayuso.
El mejor imitador de Donald Trump en Europa es Santiago Abascal. Lo hace en los mensajes, lo repite en sus discursos y lo lleva a la mesa de las negociaciones, sean cuales sean. Trump lo acaba de demostrar una vez más en la guerra de Iran, cuando ha esperado a que el mundo temblase con su “destrucción de una civilización” para aceptar la negociación que planteaba Iran en las reuniones que se están llevando a cabo en Pakistán, y en las que no estuvieron, ni están su yerno Jared Kushner, ni el multimillonario Steven Witkoff y si el vicepresidente James Vance, el mismo que se ha marchado a Budapest para apoyar sin fisuras al actual primer ministro de Hungria y candidato electoral, Viktor Orbán, atacando de paso a la Unión Europea y a la estructura de mando de Bruselas.
El presidente de Vox cuenta con el apoyo internacional de la derecha más dura e intransigente en temas como la emigración, la ecología o el feminismo, representado en líderes políticos tan distintos como el norteamericano Trump, el argentino Milei y el húngaro Orban, por no alargar demasiado la lista con el salvadoreño Bukele, el chileno Kast, el británico Farage y el holandés Wilders. En España le respaldan más de tres millones de votos y 33 diputados, los obtenidos en las elecciones generales de 2023, a los que hay que añadir los que se han sumado en los últimos comicios autonómicos. Tuvo más poder en 2019, con sus 52 escaños y tres millones seiscientos mil sufragios. Cuatro años de bajón popular para en los últimos doce meses volver a subir tras la legada al poder de Donald Trump.
En los próximos días comenzará el primer juicio de corrupción contra José Luis Abalos, el ex número dos del PSOE que, en otras circunstancias, provocaría un nuevo mazazo a Pedro Sánchez y a sus planes de seguir en La Moncloa hasta el verano de 2027, pero la guerra de Irán y el viaje a la Luna, por ese orden, va a servir para que los casos de Abalos, Santos Cerdán, David Sánchez, el hermanísimo, y hasta el de su mujer, Begoña Gómez, pasen a un segundo plano y no causen graves preocupaciones al presidente más obstinado que ha tenido España.
Regresa a los tribunales la corrupción política dentro de los dos grandes partidos. Llega la hora de los banquillos y las futuras sentencias, el paseillo de acusados y testigos y el mismo e insoportable olor que desprende el poder cuando se utiliza para enriquecerse y atemorizar a los antiguos colaboradores. Las dos grandes estrellas de las próximas semanas representan de forma muy directa la forma de gobernar y dirigir sus equipos que tiene Pedro Sánchez y tuvo Mariano Rajoy. Los grandes acusados por el Caso Mascarillas y por la Kitchen, José Luís Abalos y Jorge Fernández Diaz intentarán evitar que las duras condenadas, que superarían los 20 años, caigan sobre sus cabezas.
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