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Vox ha ganado casi 40.000 votos, pasando del 8.12 % al 16.9 % y seis escaños más, lo que le da pie a Santiago Abascal a subir la apuesta que le hará a Feijóo, obligando a María Guardiola a aceptar las mismas o parecidas condiciones que ya puso a Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana tras las elecciones de mayo de 2023. El punto clave estará en darle a Vox la presidencia del Parlamento extremeño y los conocidos recortes en Memoria Histórica e inmigración.
La jugada que deseaba hacer María Guardiola convocando elecciones anticipadas para lograr desembarazarse de Vox, como hizo Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, no le ha salido como Feijóo deseaba y aunque se queda a cuatro escaños de la mayoría absoluta sus negociaciones con el líder extremeño del partido de Abascal, Óscar Fernández Calle, van a ser mucho más difíciles que antes.
Perder más de cien mil votos y diez escaños es motivo más que suficiente para que el candidato del PSOE al Gobierno de Extremadura dimita de forma inmediata, algo que Miguel Angel Gallardo no parece muy dispuesto a hacer. Su derrota estaba escrita al igual que estaba escrito que era un mal líder para ir a las urnas. Lo sabía él, lo sabía Pedro Sánchez y lo sabía todo el espectro político. El secreto de su permanencia estaba en el juzgado de Badajoz que lleva el caso del hermano del presidente. Ser aforado y mantenerse durante año y medio más era primordial, una condición innegociable para el inquilino de La Moncloa.
Cuando Pedro Sánchez comenzó a tener problemas con el Poder Judicial, uno de los abogados, que no es afiliado al PSOE, al que de vez en cuando se le pedía su opinión desde La Moncloa aconsejó que lo mejor que podía hacer el gobierno era llegar a un acuerdo con los jueces para lograr a un pacto que hubiera renovado el Consejo General del Poder Judicial a tiempo –estuvo más de cinco años prorrogado con el mandato caducado- y así hubiera suavizado unas malas relaciones que han marcado las dos legislaturas y que, sin duda, han tenido efectos en los procesamientos de personas cercanas al presidente.
El descubrimiento de las tramas de corrupción en el corazón del PSOE ha puesto en evidencia un enfrentamiento entre dos bloques muy activos que luchaban por lograr el favor del presidente del gobierno: por un lado Santos Cerdán con José Luis Ábalos y otros dirigentes y empresarios que han salido a la palestra y que seguirán emergiendo; y por otro un José Luis Rodríguez Zapatero que se apoya más en el lobby empresarial clásico que gira en torno al ex ministro de Fomento, José Blanco, dedicado a esos menesteres tras abandonar el gobierno del propio ZP en 2011.
l año más duro para la política española va a ser 2026. Más ataques , más descalificaciones, más adjetivos uno detrás de otro, los mismos slogans, y una larga cadena de sumarios que se mandarán a juicio y otros que esperar a que les fijen las fechas para celebrarlos. Los dos grandes partidos caminarán en paralelo por las sedes judiciales, con ventaja inicial para el PP dada la dispar potencia de fuego que existe en ambas formaciones a través de los medios de comunicacíón
A los socios de Pedro Sánchez cada vez se les hace más difícil encontrar excusas para seguir apoyándole a pesar de los continuos escándalos de corrupción y de machismo que se le amontonan al líder socialista. Tanto, Podemos, como Sumar, HB o el propio PNV ya no saben qué hacer o decir. Ahora Yolanda pide una renovación radical del gobierno que nadie entiende pero que le sirve para alargar su apoyo al PSOE.
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, estaba detrás del telón y con una entrevista en La Vanguardia ha decidido colocar a la Iglesia española en pleno centro del escenario. No pasaba desde el año 1977 con el cardenal Enrique Tarancón de protagonista. Entonces se trataba de iniciar la transivión democrática con unas primeras; ahora se trata de dar un nuevo empujón a Pedro Sánchez y al PSOE para que abandonen el poder y se autodestruyan. No hay medias tintas, ni falta de conocimiento político. Argüello es culto y conoce a la perfección el efecto que producen las palabras cuando salen de la boca de un dirigente De la Iglesia, en un país que es mayoritariamente católico pese a que no sea muy practicante.
La lucha feminista logró poner los derechos de la mujer en un primer plano político que la izquierda parlamentaria, especialmente en el gobierno de Zapatero, con la legalización del matrimonio gay, despenalización del aborto y la penalización de la violencia machista, y con el de Sánchez-Pablo Iglesias, con el “solo el si es si”, alzó como su mejor bandera frente a la derecha conservadora, sin pensar de que el boomerang feminista podría convertirse en un arma mortal contra esa misma izquierda.
El presidente Pedro Sánchez no cuenta ya con ningún apoyo político real y ser halla cada vez más aislado en La Moncloa, pero todavía cree que él podrá con todos y se mantendrá hasta que algo o alguien decida provocar su marcha. Sus socios de investidura le han ido abandonando poniendo cada vez más pegas a sus iniciativas legislativas, pero al mismo tiempo nadie quiere echarle porque se juegan sus escaños en un adelanto electoral. Lo dijo Yolanda Díaz: “No hay plan B”.
Si se cumplen las previsiones de todos los sondeos electorales, incluido el del CIS, y las sensaciones internas que existen en el PSOE por parte de la mayoría de sus dirigentes, dentro de diez días los socialistas van a sufrir en Extremadura la primera de sus grandes derrotas electorales, al quedar la candidatura que encabeza el procesado Miguel Angel Gallardo por detrás de la popular María Guardiola y del portavoz de Vox, Óscar Fernández. Puede que la candidata de Unidas por Extremadura, la coalición en la que están Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde, Irene de Miguel se salve del derrumbe general de la izquierda pero quedará de forma testimonial ante una derecha que tendrá que unirse para formar gobierno.
A los políticos se les llena la boca de latinajos en cuanto ven la ocasión de meter el dedo en la herida del contrario, es el caso del “in vigilando” que se ha puesto de moda para acusar al dirigente político cuando no hay pruebas de conductas aberrantes o corrupción directa, pero nunca se exige en su propio partido haciendo bueno eso de ver la paaja en el ojo ajeno y no notar la viga en el propio.
Hace 47 años los llamados “padres de la Constitución” redactaron nuestra Carta Magna con un ojo mirando a los cuarteles y otro a la II República. Todos los partidos que habían conseguido representación parlamentaria en las elecciones de 1977 se pusieron de acuerdo para sentar las bases de un texto que debía unir a los españoles en una meta común y evitar más golpes de estado y más dictaduras, ya fuese blandas, como la de los generales Primo de Rivera y Berenguer, o duras como la de Francisco Franco. Partieron de un principio básico e intocable, sore el que se construyó el resto: España sería una Monarquía parlamentaria o no sería, con el Rey como jefe de las Fuerzas Armadas, un “pequeño detalle” que parece que más de un político de hoy ha olvidado.
Con veinte años, el Carles Puigdemont que consiguió convertirse en presidente de la Generalitat el 11 de enero de 2016 militaba en el partido que tenía como jefe a Jordi Pujol, y trabajaba como periodista en el diario “El Punt”. Quería lo mismo que desea ahora y defendía la independencia de Cataluña de la misma forma que lo hizo años más tarde su antecesor al frente del gobierno catalán, Artur Más, con los cuatro puntos que le darían a Cataluña la condición de Estado y fuera de la estructura territorial de España. El no ha cambiado, lo han hecho los otros, los socialistas que encabezan Pedro Sánchez y Salvador Illa, y los populares que tienen a Alberto Núñez Feijóo y a Alejandro Fernández como referencia de la “españolidad” que defendieron de forma tan equivocada Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidente que puso despacho en Barcelona para intentar la misión imposible de convencer al independentismo de renunciar a sus exigencias.
Con seguridad, la gran mayoría de los manifestantes, que pedían hasta la cárcel para el presidente del Gobierno y la convocatoria de elecciones generales, a un tiro de piedra de la sede del PSOE y en la meseta del Paseo del Pintor Rosales desde la que se domina ese viejo aprendiz de rio que es el Manzanares, no sabían dónde está la pequeña ciudad de Debod, en Egipto y mucho menos quienes eran los dioses a los que estaba dedicado: Isis, que representaba la magia, y Amón, que logró convertirse en el rey de los dioses. Cualquier comparación que se pretenda hacer con Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, sería una mera coincidencia, pese a reconocer que la presidenta de la Comunidad de Madrid posee una considerable dosis de magia política y que el presidente del PP aspira a sentarse en el trono de La Moncloa.
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