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El último mensaje de Donald Trump contra Pedro Sánchez no puede ser más claro y más falso. Ambas cosas son posibles. Claro, pues menciona a España dentro del Contexto OTAN y la “necesidad” de que todos los países miembros inviertan el cinco por ciento de su PIB, de su riqueza mal contada, en armamento militar y todo lo que rodea su fabricación, desarrollo y compraventa. Ningún país de la Alianza cumple cn ese requisito y la media actual está por debajo del 3%, con España en los puestos de cola. El año en el que ese porcentaje debe aparecer en todos los Presupuestos nacionales es 2035 y eso se cumplirá esté quien esté en la Moncloa y sea cual sea el estado de las finanzas públicas de nuestro país.
Si hemos de ver cambios, vamos a tener que esperar al próximo informe trienal del Banco de Pagos Internacionales sobre el mercado de divisas. En el que acaba de publicarse no hay ni asomo de sombra sobre la hegemonía del dólar.
Analiza el Banco Central Europeo en su Blog lo ocurrido con los precios de los alimentos en Europa desde la pandemia. Su conclusión: la alimentación ha subido en promedio un 30% desde finales de 2019. Algunos básicos como el café, el cacao o la mantequilla son un 50% más caros. Asocia estas importantes subidas con el alza de los precios de la energía provocado por el conflicto en Ucrania, así como con factores específicos que relaciona con el cambio climático.
Necesidad obliga, y la redefinición de lo que significa “estabilidad de precios” se pone en marcha. Cuando los datos no cuadran con los objetivos, no siempre se ajustan los datos. A veces, se cambia el objetivo.
Bienvenido al nuevo curso. Entre los cambios más relevantes que nos deja agosto, destaca la práctica confirmación de que la Reserva Federal recortará moderadamente los tipos los días 16 y 17 de septiembre. Los actuales están en el rango 4.25%-4.50% y, hasta el evento de Jackson Hole, los pronósticos daban muy baja probabilidad a recortes de tipos en 2025. Ahora, el recorte de septiembre se considera ya recogido en las cotizaciones con las que arrancamos el mes y también una elevada probabilidad de recorte en diciembre.
China enfrenta una segunda desaceleración tras haber sostenido su crecimiento post-COVID a través de una fuerte inversión industrial. Esta estrategia ha elevado el peso del sector hasta representar el 25% del PIB, un nivel inédito en economías de este tamaño. Buena parte de ese peso se centró en sectores que actualmente enfrentan una débil demanda -acero, cemento o vidrio- generando un evidente exceso de capacidad. A ello se suma un entorno de precios industriales que arrastran cerca de tres años en negativo, y por tanto una deflación persistente.
La independencia de un banco central no se erosiona de golpe. Se socava. Ruido, sospechas, ataques personales o presupuestarios que buscan debilitar su autoridad frente a la opinión pública. De eso va lo que estamos viendo en torno a la Reserva Federal y su presidente.
El presidente estadounidense ya tiene su proyecto fiscal aprobado. Pero su gran habilidad fue la de convencer a los votantes, sobre todo trabajadores, que eran ellos el núcleo de su política. Un gobierno habla a través del presupuesto, y no es el aprobado el que habrían de esperar la masa de votantes que lo llevaron a la Casa Blanca. Cabe que todavía no lo sepan y que al presidente le quede crédito, pero en el núcleo de su política, no están.
El dólar ha protagonizado en los últimos dos meses esta columna semanal. Hemos intentado ser claros en cómo interpretamos su evolución y cómo esperamos que continue. Está reiniciando su curso a la baja, tras algunas sesiones de “estancamiento”, y lo hace con excusas que pueden llegar a ser tan peregrinas o verosímiles como el lector desee. No es distinto de lo que ocurre cuando el asunto es la guerra o una cumbre de líderes mundiales. Dediquemos esta columna a otras cosas.
La correlación positiva entre los tipos de interés de la deuda a largo plazo de EE. UU. y el tipo de cambio del dólar se ha roto. Lo han hecho otras correlaciones, pero esta es la que ha merecido más atención, y es el argumento más visible que puede exponerse para documentar hasta qué punto el final del excepcionalismo norteamericano va más allá de un ajuste económico y pasa al terreno de la erosión de la hegemonía.
Parece que el perturbador está en una mala racha, y francamente, me alegro mucho. Los jueces le ponen freno. El mercado de deuda también. Su otra hora amigo, -de personalidad no menos perturbadora, aunque en su caso al menos puede asociarse al síndrome de Asperger- dice que el proyecto de presupuesto es una “abominación repugnante”. Pretendería superar al “grande y hermosa” de perfecta factura trumpiana. Y lo hizo. Todo esto desde dentro.
La política económica en general, no es asunto de gran popularidad. Quizá una de sus ramas, la política monetaria, resulte menos espesa, porque simplifica el punto de atención sobre un precio, el tipo de interés; sobre un actor, el banco central; y sobre un objetivo, la demanda. Eso sí, el adjetivo calificativo especificativo, “monetaria”, exige de otro, explicativo, para trasladar al lector la intención del sustantivo, y así hablamos de política monetaria “expansiva” o “contractiva”, que se interpreta en su acepción más común a través de los tipos de interés.
La correlación históricamente positiva entre el dólar y los tipos de interés en EE.UU. es uno más de los muchos pilares del análisis clásico que se está deteriorando. Responde a la alteración de factores estructurales que afectan al comportamiento tradicional de los flujos de capital y a las expectativas de política monetaria. También al cambio de marco fiscal y geopolítico.
Las 5 páginas del acuerdo comercial entre británicos y norteamericanos, y la recomendación de Trump animando a comprar acciones porque pronto se concretarán más acuerdos y el Congreso aprobará en breve un paquete de recorte de impuestos, tiene el efecto de un analgésico sobre un dolor crónico, alivio sintomático, pero en poco reparador.
La OPA hostil del BBVA sobre el Sabadell, tras un año de recorrido lleno de declaraciones y campañas publicitarias, va a fracasar por decisión política de dos partidos que defienden sus territorios autonómicos. El presidente del PNV, Aitor Esteban, no quiere que “su banco” pierde áun más la identidad que le arrebató el gobierno de José María Aznar, tras colocar en la presidencia de la entidad bancaria a Francisco González. Las heridas que causó el financiero gallego en la estructura accionarial y en la dirección del banco no se le ha perdonado; al igual que no le perdonan a Carlos Torres y a su consejero delegado, el turco Onur Genç, sus intentos de crecer para superar a sus otros dos grandes competidores, el Santander de Ana Botín y el Caixabank de Tomás Muniesa y Gonzalo Gortazar.
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