Raúl Heras

Los dos han quedado en verse este verano dentro de la ronda que el nuevo inquilino de La Moncloa va a hacer con todos los presidentes autonómicos. Puede que para entonces el político gallego sea también el presidente del PP. Dicen en Madrid que quiere mantener las dos presidencias por lo menos hasta las elecciones de junio 2019. Mientras, más lísto que sus compañeros, se ha sumado a la iniciativa de acoger a los refugiados del “Aquarius”. Olfato político tienen los dos.
Si las quinielas periodísticas aciertan sólo Núñez Feijoó puede concurrir en solitario gracias al apoyo que recibiría por parte de la mayor parte del PP. No lo lograrían ni Sáenz de Santamaría, ni Cospedal, ni mucho menos De la Serna o Bauzá, por colocar nombres donde aún no existen dorsales
El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, es tan educado que hasta cuando “muerde” a los rivales lo hace dentro de los cauces reglamentarios y siempre cuando se lo ordenan los que le mandan. Pueden acusarle de equivocación muchas veces, pero nunca de deslealtad o de defraudar a los suyos. Prometió ya en el debate sobre la moción de censura que si su partido pasaba a la oposición no iba a darle ni un minuto de tregua al futuro gobierno de Pedro Sánchez y lo está cumpliendo.
Nada de presencia femenina para cubrir huecos o cumplir con la Ley de Igualdad. Nada de cuotas, elección pura y dura por méritos propios en sus respectivas carreras profesionales y su actividad en la función pública
En menos de trescientas horas España ha cambiado de forma radical. Tal vez nadie pensaba que un Titanic como el Partido Popular, pese a navegar con los motores averiados, pudiera hundirse de forma tan rápida, pero lo ha hecho. Y la persona que lo ha enviado al fondo político de la oposición es el mismo hombre que tras insistir cien veces en que “no es no”, y recorrerse la España socialista de punta a punta para volver a ganar, vió que todo su futuro se jugaba a una sóla carta, la de la moción de censura. Y acertó.
Si Rajoy logra superar la moción de Sánchez, vendrán otras mociones si hacemos caso a lo que anuncia Pablo Iglesias, y otras presiones para convocar elecciones anticipadas si escuchamos la larga y monótona letania de Albert Rivera
En cien horas, las que faltan para la votación de la iniciativa, Sánchez tiene que conseguir al menos 20 votos, que son los que inicialmente le faltan tras sumar los suyos, los del grupo de Podemos en su conjunto y el del representante de Nueva Canarias. Sus “mensajeros” aseguran que no va a negociar nada con nadie y menos con los independentistas, unan forma de dirigirse a Ciudadanos y sobre todo a su máximo responsable, Albert Rivera.
Sin el apoyo de los 32 parlamentarios de Ciudadanos, el secretario general del PSOE y su Ejecutiva saben que la moción se va a transformar en un ataque al PP y a su presidente por parte de todos y poco más. Para que triunfe necesita el apoyo de los 71 votos que Podemos, sus confluencias e Izquierda Unida tienen en el Congreso, más los 18 de los nacionalistas catalanes del PDe Cat y Esquerra, más los cinco del PNV, que sumarían así la mayoría absoluta de 178. Y aquí los problemas para convencer a tanto partido y tantos intereses se multiplican: las dos minorías catalanas van a exigir la aceptación del gobierno que pretende Torra, el reconocimiento de sus derechos y, dejando a un lado la situación de los presos y fugados, un calendario que les lleve a un nuevo y pactado Referendum de independencia, algo que desde el PSOE que se presenta como garante de la unidad territorial de España es imposible.
El objetivo de todos los partidos que no son el PP es el mismo: quieren que Mariano Rajoy se vaya, que deje la presidencia del Gobierno. A partir se ese deseo compartido se abren los distintos caminos para lograrlo y los muy variados intereses de las distintas fuerzas políticas, desde las que quieren unas elecciones lo más pronto posible, con Ciudadanos a la cabeza; y aquellas que pretenden “resucitar” de su letargo con una moción de censura, como es el caso emblemático del PSOE.
Angel, Pedro y Cristina, los que el destino ha unido en unas circunstancias muy particupales, bien podrían ser protagonistas de un remake, en su caso político, de aquel clásico cinematográfico al que dieron vida Newman y Redford, que tenía una mujer en el epicentro y trágico final
Sin Gobierno de la Generalitat no se quita el 155, y para que lo haya tiene que estar firmado y publicado en el BOE. Ninguna de las dos cosas las va a hacer Mariano Rajoy con la complicidad de Pedro Sánchez y Albert Rivera. Si la decisión del elegido presidente provisional de Cataluña de colocar entre los trece de su gabinete a dos encarcelados y dos huidos es polémica, más aún lo es la decisión de Rajoy de no dar vía libre a la formación del Ejecutivo catalán y evitar así la retirada del denostado pero aprovechado artículo constitucional.
Andaba un día de 1966 el cantante catalán y gitano Pedro Pubill Calaf escuchando discos cuando descubrió en una grabación de un artista cubano conocido en la isla como el “Guapachoso” un tema que se convirtió en éxito durante cuarenta años. Lo había compuesto un año antes el colombiano González Arenas y con la voz y la guitarra de Peret pasaría de son a rumba hasta llegar en 2008 a Serrat y Joaquín Sabina.
Cumplió el presidente “provisional” elegido con el calendario previsto y se marchó a Berlín para rendir obediencia debida al presidente “exiliado”. Me lo habían contado con detalle quince días antes, tan sólo cambió el nombre del elegido en el Parlament. Puigdemont y Torra se han mantenido fieles a los suyos: nada de pactar normalidad con el estado, quieren que se retire el 155 y que se les devuelva la capacidad financiera sin ataduras. En los próximos días se nombrará al nuevo gobierno y con muchas de las viejas caras volveremos a la casilla de salida del uno de octubre del año pasado.
La gran habilidad de los marionetistas es lograr que el guiñol entretenga a los espectadores lo justo para que pierdan la sensación de que la voz que oyen y los movimientos que ven son los que quiere la persona que está detrás del pequeño teatro o fondo en negro, que es más moderno. En la Cataluña que viene en apenas unos dias el hombre que va a mover a las dos marionetas se llama Carles Puigdemont y quiere hacerlo desde la distancia que existe entre Barcelona y Berlín.
Cercados por los jueces y los tribunales los líderes políticos del independentismo catalán quieren formar gobierno “legítimo y constitucional” antes de San Isidro. No puede ser Puigdemont tras la resolución del Tribunal Constitucional, no quiere serlo Artadi, a la que el ex presidente reserva para otros menesteres, y se ha caído de la última lista el “independiente” Ferran Marcarell, que quiso ser alcalde de Barcelona con el PSC quitándole el sitio a Jordi Hereu y que, al no conseguirlo, aceptó la propuesta de Artur Más para volver a la consejería de Cultura, la misma responsabilidad que había tenido con Pascual Maragall. Artadi es más liberal y Mascarell más socialdemócrata y los dos se declaran catalanistas de pro. Veremos si el candidato final que acuda a su investidura en el Parlament es una mezcla de los dos teniendo en cuenta que tiene que satisfacer a los republicanos de Esquerra.
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