Raúl Heras

El presidente de la Asamblea de Madrid, Juan Trinidad, está haciendo trampas y de la forma más burda que se puede. Quiere impedir que el candidato del PSOE, Angel Gabilondo, se presente a la investidura. Y para ello invoca un artículo que no contiene ningún mención a la necesidad de contar previamente con todos los votos.
Por encima de la ideología están los países y sus intereses. Pedro Sánchez defendió la ideología socialdemócrata para la presidencia de la Comisión Europea y ha terminado defendiendo el tercer lugar del podio para España.
España se ha convertido en la aguja necesaria para recoser esta Europa que amenaza con romperse en pedazos. Sólo tenemos que abordar nuestra posición desde un acuerdo de estado entre los líderes políticos.
El líder del PSOE confía en salir elegido presidente a mediados de julio. De no conseguirlo “convencerá” al Rey para que firme el decreto de disolución de la Legislatura más corta de nuestra democracia. Mejor ir a las urnas en septiembre que en noviembre. La sombra de los exámenes estudiantiles es alargada.
Los sueños políticos de Albert Rivera son sueños de verano. Están situados en esos últimos días que lo alargan antes de que comiencen de verdad los cursos políticos, económicos y educativos. Para ese reloj necesita dos manecillas con los nombres de Pablo Iglesias y Santiago Abascal.
Si vas de segundo, o lo que es lo mismo, de gregario de lujo, nunca serás el primero. Vale la afirmación para los deportes, para las finanzas y las empresas y para la política. Por eso, Albert Rivera tiene muy difícil sentarse un día en la silla de presidente del Gobierno.
Es la gran pregunta que queda por contestar: ¿Puede impedir Sánchez tener mayoría absoluta en su investidura?. De forma rápida: no puede. El presidente en funciones quiere ganar por goleada en el Congreso, y dos meses de silencio entre teatrales representaciones llevan a pensar que lo logrará. Busca 195 votos en el Congreso a la primera.
Los ciudadanos votan e indican a los dirigentes políticos lo que quieren pero luego, esos mismos dirigentes, negocian en secreto y cambian la voluntad de las urnas con enorme facilidad. En Madrid y en Barcelona. En Navarra y en Andalucia. Mandan los sillones y no los programas. A lo mejor está en Shakespeare la solución.
PSOE y PP serían los grandes beneficiarios, con el regreso de miles de votos, si hubiera que repetir las elecciones generales
Terminado el día 15 el primer plato del gran banquete del poder, el de los Ayuntamientos, vamos a enfrentarnos al segundo, el de las Autonomías, antes el 11 de julio, dejando el tercero, el de la Nación, como postre supremo a consumir bien entrado el verano.
Si una de las reivindicaciones estrellas de Podemos de cara a la nueva Legislatura es acabar con los falsos autónomos, es totalmente lógico que Pablo Iglesias quiera estar en el próximo gobierno de Pedro Sánchez.
Sin órdagos, ni chantajes, ni intercambio de gobiernos con otras autonomías y ayuntamientos. Las tres derechas tienen la obligación política y sociológica de gobernar en Madrid, en la autonomía y en la capital.
Sánchez tiene la obligación de gobernar tras ganar las elecciones. Casado y Rivera tienen la obligación de ejercer la oposición tras perder esas mismas elecciones y sumar entre los dos los mismos escaños que su oponente. El retrato matemático de España se lo exige.
Nuestra política, esta del día a día, la de los pactos de hoy que negaba ayer, es un gran homenaje al hombre que cambió la televisión en este país. Ha sonado la campana del tiempo y las tres derechas, al igual que tacañonas, saben que las negociaciones para elegir alcaldes y presidentes autonómicos han llegado a su fin
Los dos presidentes le dijeron al Rey lo mismo llegando desde La Moncloa y en su condición de “estar en funciones”: no tenemos los apoyos necesarios para formar gobierno.
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