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Raúl Heras

PSOE y PP serían los grandes beneficiarios, con el regreso de miles de votos, si hubiera que repetir las elecciones generales
Terminado el día 15 el primer plato del gran banquete del poder, el de los Ayuntamientos, vamos a enfrentarnos al segundo, el de las Autonomías, antes el 11 de julio, dejando el tercero, el de la Nación, como postre supremo a consumir bien entrado el verano.
Si una de las reivindicaciones estrellas de Podemos de cara a la nueva Legislatura es acabar con los falsos autónomos, es totalmente lógico que Pablo Iglesias quiera estar en el próximo gobierno de Pedro Sánchez.
Sin órdagos, ni chantajes, ni intercambio de gobiernos con otras autonomías y ayuntamientos. Las tres derechas tienen la obligación política y sociológica de gobernar en Madrid, en la autonomía y en la capital.
Sánchez tiene la obligación de gobernar tras ganar las elecciones. Casado y Rivera tienen la obligación de ejercer la oposición tras perder esas mismas elecciones y sumar entre los dos los mismos escaños que su oponente. El retrato matemático de España se lo exige.
Nuestra política, esta del día a día, la de los pactos de hoy que negaba ayer, es un gran homenaje al hombre que cambió la televisión en este país. Ha sonado la campana del tiempo y las tres derechas, al igual que tacañonas, saben que las negociaciones para elegir alcaldes y presidentes autonómicos han llegado a su fin
Los dos presidentes le dijeron al Rey lo mismo llegando desde La Moncloa y en su condición de “estar en funciones”: no tenemos los apoyos necesarios para formar gobierno.
El Rey y la presidenta del Congreso tienen la palabra. De ellos depende que se termine con el gobierno provisional y Pedro Sánchez se convierta en presidente formal o que el camino hacia nuevas urnas aparezca entre los intereses partidistas y personales de los líderes políticos.
Son propias, imprescindibles, ocultas y decisivas para negociar los pactos que dan el poder tras las elecciones. Los nueve dirigentes políticos las tienen y justifican y explican sus movimientos.
Con una sucesión de `pieles marxistas´ elaboraron las diversas corrientes que habitan en Podemos para su estrategia de asalto al poder. Y cuando lo han tenido cerca han sufrido la misma catarsis que sus partidos hermanos
Trece escaños separan una fuerte derrota de una buena victoria. Trece escaños y 510.000 votos. Trece escaños y nueve décimas menos en el porcentaje total de votantes. Trece escaños y siete años y siete meses por medio. Esos son los datos que separan al PSOE de Pedro Sánchez del PSOE de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Las dudas de Sánchez son fáciles de entender. O intenta gobernar hacia la izquierda o lo hace hacia la derecha. Con Podemos o con Ciudadanos. Con Iglesias en horas muy bajas o con Rivera necesitado de romper con el PP.
Ya lo era, pero desde el 7 de noviembre de 1936 se convirtió en oficial y universal: la ciudad de Madrid era y sigue siendo el rompeolas de las Españas. La capital del Reino y capital de dos Repúblicas y una Dictadura marca el éxito o el fracaso de la clase política. Mientras, el recuerdo del 10 de junio de 2003 es una pesadilla.
Sí el líder de Ciudadanos quiere tener futuro como presidente en el palacio de La Moncloa tiene que a Casado y huir de los pactos PP-Vox o la pinza sobre el partido narajan estará servida
Tras el torrente electoral de los últimos meses, toca ahora negociar la investidura de Pedro Sánchez y ajustar los cambios de Gobierno. La mano derecha del líder socialista, José Luis Abalos, será quien se encargue de pilotar unas negociaciones, que a tenor de los resultados de este 26-M de Podemos, se antojan más complicadas
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