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Bajo la lluvia atrasada del 23 F de 1981 y detrás de los interminables desencuentros entre el Partido Popular y Vox para intentar acuerdos que mantengan los gobiernos de la derecha en tres Comunidades autónomas, los números, las matemáticas electorales de los últimos tres años (por no hacer más abultadas las comparaciones) demuestran con claridad que los sueños de Santiago Abascal de convertirse en presidente del futuro Gobierno que salga de unas elecciones generales es un imposible.
Bajo la lluvia atrasada del 23 F de 1981 y detrás de los interminables desencuentros entre el Partido Popular y Vox para intentar acuerdos que mantengan los gobiernos de la derecha en tres Comunidades autónomas, los números, las matemáticas electorales de los últimos tres años (por no hacer más abultadas las comparaciones) demuestran con claridad que los sueños de Santiago Abascal de convertirse en presidente del futuro Gobierno que salga de unas elecciones generales es un imposible.
La oferta de Alberto Núñez Feijóo a Santiago Abascal, tras una hora de conversación entre los dos y un documento programático elaborado desde el PP, ha recibido una ducha de agua fría por parte del presidente de Vox. Feijóo se ha responsabilizado personalmente de las negociaciones y ha alejado de las mismas a los dirigentes autonómicos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Quiere evitar nuevas elecciones, mantener al frente de los Ejecutivos regionales a María Guardiola, a Jorge Azcón y previsiblemente a Alfonso Fernández Mañueco tras las elecciones en Castilla y León.
El Gobierno se dispone a levantar los documentos secretos que existen sobre el intento del golpe de Estado. Habrá que leerlos y ver hasta donde llegan las memorias personales y las miles de páginas publicadas. Yo estuve allí y aquí está una pequeña parte de mis recuerdos.
Reunieron a mil personas - como mucho - para ofrecer a los que han sido sus disminuidos votantes que están dispuestos a mantener la lucha contra el nuevo fascismo que representa Vox y, por supuesto, la influencia que tiene en el futuro del Partido Popular, primero en las Comunidades Autónomas y luego en las futuras elecciones generales en las que se decidirá quien gobierna en España.
Debieron hacerlo antes cualquier de los numerosos dirigentes se la izquierda - marxista o menos - que pueblan el Hemiciclo del Congreso de los Diputados. No lo han hecho durante los últimos ocho años, ni el Pablo Iglesias que se marchó, ni el Patxi López que se quedó. Ni siquiera la inquieta y prolífica Yolanda ha ido más allá del cubano Pablo Milanés. Ha sido el Secretario General del Partido Popular el que elevado el nivel del debate político, algo que no era fácil dada la abundancia de calificativos y giros gramaticales con los que se obsequian sus señorías cada vez que tienen oportunidad. Miguel Tellado, por un instante luminoso, se ha convertido en un”monsieur Roquetin”, y con una sola palabra, “Náusea”, ha logrado que Jean Paul Sartre se convierta en el pintor de cámara del actual ministro de Interior.
La dieta de la clase política, que viaja poco o nada por toda la geografía nacional y habla menos que escucha con los ciudadanos que se esfuerzan por mantener los ingresos necesarios para mantener a sus familias, para mantener la esperanza de una pensión, para poder afrontar el paro cuando ya se han cumplido los cincuenta años, para ver que la sanidad pública les atiende con garantías, para ver que sus hijos logran comprarse su primera casa, y que sus nietos tendrán una esperanza al enfrentarse con la avalancha tecnológica que le espera; esa dieta que consumen con regularidad los dirigentes de los partidos cada semana a base de concentrados vitamínicos de sondeos, no logra saciar su enorme apetito por el poder.
En cien días, decía un triunfante Donald Trump para asegurar que ese era el tiempo que necesitaba para terminar con la Guerra en Ucrania, ese nuevo cáncer que le surgió a Europa en 2013 y se volvió metastásico en 2022. Luego, que es nuestro ahora, que convencería a Zelensky y Putin de firmar la paz. Ni su amigo personal Witkoff, ni su yerno, Jared Kushner, convertidos en negociadores sin títulos lo han conseguido por más reuniones que se mantengan en los lujosos Palacios de las arenas dorados de los desiertos árabes. Lo mismo ocurre en Gaza y no parece que el jefe de la Casa Blanca vaya a convencer a los clérigos iranies. Cuatro años y millones de palabras no parecen suficientes.
La presidenta en funciones de Extremadura y ganadora de las elecciones autonómicas del 21 de diciembre ha buscado el apoyo de la presidenta madrieleña para mantener su pulso ante Oscar Fernández, el candidato de Vox, con el que le separa una diferencia de 17 escaños en la Asamblea extremeña. Desde la sede central del Partido Popular, tanto Núñez Feijóo como Miguel Tellado intentan que la posición más inflexible de Guardiola no entorpezca los pactos que necesita Azcón en Aragón y los que, con toda seguridad, necesitarán los populares en Castilla y León y puede que en Andalucía.
Vamos a ver la misma ecuación política en Castilla y León que la que ya hemos visto en Extremadura y en Aragón. El 15 de marzo ganará la derecha las elecciones autonómicas y las perderá la izquierda. La diferencia que existe desde febrero de 2022 es muy grande, al igual que es muy grande la distancia que separa a Alfonso Fernández Mañueco, candidato del PP y actual presidente, de Carlos Pollán, lider de Vox y casi seguro candidato. Tras lo sucedido en Extremadura y en Aragón es muy posible que el PP baje en votos y en escaños y que Vox suba, con lo que la diferencia de 18 escaños que existe se recortará y Feijóo y Abascal tendrán que volver a intentar una negociación con sus barones territoriales para que salga un nuevo gobierno.
Convocó las elecciones en su tierra para desprenderse de la presión de Vox y, con permiso de Núñez Feijóo, volver a golpear al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez. Consiguió a medias lo segundo y fracasó en lo primero. Jorge Azcón tiene ahora dos escaños menos de los que tenía desde 2023 y dependerá del Vox de Nolasco si quiere mantenerse en el despacho de la Alfajerería. La derrota de la exministra y candidata socialista, Pilar Alegría, era un secreto a voces. Se ha quedado en el mismo suelo de votos y escaños que consiguió su compañero Lamban. Con eso se da por satisfecha. Las elecciones eran una prueba del desgaste del PSOE pero también de la capacidad del PP de gobernar en solitario y alejarse del Vox de Abascal.
El presidente de Vox y sus dirigentes territoriales tienen que decidir si ayudan al Partido Popular de Feijóo a formar gobiernos autonómicos, tras las elecciones en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, un compromiso que limitaría sus esperanzas electorales para los comicios generales del verano de 2027, o dejar que María Guardiola, Jorgez Azcón, Alfonso Fernández Mañueco y Juanma Moreno intenten gobernar en solitario o verse obligados a una nueva cita electoral. No se trata de conseguir Consejerías en los Ejecutivos autonómicos, para Santiago Abascal la decisión que tome condicionará su capacidad de ganar al Partido Popular.
El PSOE de Aragón no quiere ganar las elecciones autonómicas, sabe que no puede, que será el Partido Popular de Jorge Azcón el que se mantenga en el poder con la “negociada” ayuda de Vox en la persona de Alejandro Nolasco. Su zafarrancho de combate en estos últimos dias de campaña, con la presencia del presidente del Gobierno como máximo apoyo a su candidata y ex ministra, Pilar Alegría intenta que el socialismo se mantenga como segunda fuerza política y al frente de la oposición. Una posición defensiva ante el crecimiento de la derecha de forma global y de la caída de la izquierda, sobre todo la que representan las fracturadas Izquierda Unida, Podemos y Movimiento Sumar.
La venta de la consultora Acento al grupo francés Havas es un buen negocio para sus fundadores, los ex ministros José Blanco (PSOE) y Alfonso Alonso (PP) y un paso más y muy importante del imperio de comuncación que creó uno de los hombres más ricos de Francia, Vicent Bolloré,, y que hoy dirigen sus hijos desde hace tres años. Hablar de Bolloré es hablar de poder y de dinero. Amigo personal e Sarkozy, al que ayudó en su ascenso al Eliseo, y de la ultraderechista Eric Zammour en las elecciones legislativas del país galo, es dueño del 30% del grupo Mediaset y del 11% del Grupo Prisa, una influencia decisiva para los próximos meses con la catarata de elecciones política, de carácter autonómico y municipal, para terminar con las Legislativas que, de aguantar la Legislatura, se celebrarán en el otoño de 2027.
El accidente de los dos trenes de alta velocidad en Adamuz, con 45 muertos y decenas de heridos, a lo que se suma un muerto más en Cataluña y los cierres parciales del servicio ferroviario de Rodalies, ya se han convertido en la más voraz y peligrosa de las boas constrictor de la política española, que puede acabar con el Gobierno cuyos efectos son superiores a los de las posibles corrupciones de Cerdán, Abalos y Koldo; y por encima del desgaste que estaba sufriendo en Partido Popular por los doscientos muertos de la Dana que arrasó Valencia.
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