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Raúl Heras

Ya sabemos lo que quiere hacer la izquierda de este país para los próximos años. El acuerdo firmado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es el mayor acuerdo de gobernanza que hayan consensuado las izquierdas españolas desde el inicio de la democracia hace 40 años. El PSOE y el resto de formaciones a su izquierda no lo habían logrado nunca.
Todo cambia en el ámbito de la derecha. Es difícil que Ciudadanos le gane al Partido Popular, es mucha la diferencia que existe entre ambos ( 33 a 9 ), pero si la formación de Albert Rivera le vuelve a “meter otro bocado” a los escaños con que cuentan los populares, no sólo estará en cuestión el líder andaluz al que apoyaron Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, también lo estará la nueva dirección nacional de Pablo Casado.
La realidad es que a mayor violencia en las calles, menos avances en el proceso de cambio estatutario en Cataluña. Y más alejado aún cualquier sueño de independencia
Cerradas todas las puertas en Francia para alcanzar un trono político, Manuel Valls giró la cabeza, cruzó todo el país de los galos tras decir adiós a París y se presentó en Barcelona en busca de una tercera oportunidad. Ya había sido alcalde de Evry, una ciudad de 50.000 habitantes que sirvió para descongestionar la capital francesa. Ya había sido ministro del Interior con el presidente Hollande, que le elevó a primer ministro tras la penúltima de sus crisis. Quiso ser candidato a la presidencia pero perdió las primarias ante Benoit Hamon. Llevaba 40 años en el Partido Socialista, había apostado por Segolene Royal y perdieron los dos frente a Sarkozy. Y se cansó de perder.
Si el olor de la sangre estimula a las fieras, ya sean éstas leones o tiburones, el olor de las dimisiones estimula en grado superlativo a los políticos. Estamos asistiendo todos los españoles a un gran espectáculo transmitido en directo, a medio camino entre el circo de variedades, con trapecistas y payasos, y una cacería de esas que luego se convierten en vanidosa presunción por parte de los asistentes. De lo que dudo es si la susodicha es de grandes depredadores en la estepa africana, o de simples guarros en una de las grandes fincas que se extienden por los montes de Toledo. Leones o jabalíes. Elefantes o venados, por no rebajar el concurso político-cinegético -al que estamos asistiendo antes de que nos pidan nuestros votos - al nivel de caza menor como son las perdices o las liebres.
Que un pueblo se convierta en nación no es fácil y requiere tiempo. La mayor parte de las veces mucho tiempo. Y que esa nación consiga desarrollar sus peculiaridades históricas y sociales hasta conseguir ser un estado con identidad propia, capaz de ser vista como tal desde dentro y desde fuera de un territorio, a veces, es casi un imposible. Lo estamos viendo con los kurdos en Turquía y Siria, con los palestinos en Israel y Jordania, con los saharauis en Marruecos. También en nuestra civilizada Europa con las particiones de la antigua Yugoslavia o el referéndum de Escocía, y en nuestra más que inquieta y mal cosida España.
El expresidente del gobierno y del Partido Popular era y es un hueso político muy duro de roer. Pasado su exilio forzoso durante el reinado de Mariano Rajoy en su partido, quería demostrar que sigue en forma, que no le asustan las batallas y que, por encima de todo, tenía ganas de pelea. Con unos más que con otros.
2019 se nos cae encima y en este país nuestro parece que los responsables de preparar su llegada no se dan cuenta de todo lo que está en juego, que es mucho y afectará de forma muy importante a nuestros intereses. Estamos por debajo de nuestras capacidades en Europa, con Luís de Guindos como islote en el BCE.
Si seguimos viendo las vergüenzas académicas de los dirigentes políticos un día sí y otro también, con dimisiones y acusaciones judiciales mientras los problemas del resto de los ciudadanos pasan a un segundo plano, habrá que recurrir a las elecciones para que el gobierno de turno se dedique a resolverlos.
Todos sabian que era una mentira politica pero la admitieron por una razòn principal: querian echar a Mariano Rajoy de La Moncloa y al Partido popular del poder. Lo deseaba la izquierda nacional y la derecha autonòmica. Cumplido el primero de los tràmites, la mentira se hizo carne y se despojò de la promesa repetida varias veces en el òrgano de la soberanía nacional: de convocar elecciones lo antes posible pasamos a “ realizarlas en el mejor momento posible” y de ahí a llegar al final de la Legislatura.
Elecciones municipales y autonómicas, Presupuestos, transferencias económicas, causas judiciales, inmigración y cambios en el mundo financiero van a presionar sobre el presidente del Gobierno. Con la monarquía en uno de sus momentos más débiles y necesitada de un nuevo pacto con la izquierda
Sede central en la calle Génova con el sol de Madrid a 48 grados centígrados: sale Mariano Rajoy de su antiguo despacho y entra José María Aznar en el mismo antiguo despacho. Un día después lo hace Antonio Hernández Mancha, el presidente al que echaron del sillón por demasiado aperturista y por los celos que despertaba en Manuel Fraga la presencia de Adolfo Suárez en las inmediaciones de aquella Alianza Popular. Los tres representan el anuncio de los nuevos tiempos en el Partido Popular. Pablo Casado es el anfitrión que les debe mucho a los tres, al primero por dotarle de un discurso político desde Faes, alejado de los postulados oficiales del gobierno del segundo; a éste por haberle dotado de una imagen interna y externa desde su cargo de vicesecretario de Comunicación; y al también abogado del Estado y extremeño el haber sido el primero en ganar unas primarias en el centro derecha, algo que nunca le perdonaron los que habías apostado por Herrero de Miñón. Sin ellos y sin el apoyo final de María Dolores Cospedal - siempre hay que buscar a la mujer en toda ficción que se precie - no habría logrado encumbrarse a la presidencia del partido.
La mayor parte de los entierros en politica dejan al cadaver del perdedor insepulto. Si tienen la ambición y la paciencia suficientes vuelven y a veces consiguen vengarse. Lo vimos con Pedro Sánchez y el PSOE y los acabamos de ver, en una variante muy deportiva, con el Congreso del Partido Popular. La victoria en la primera “etapa” de la lucha por la presidencia no significaba que Soraya Sáenz de Santamría tuviera ganada la carrera, más bien todo lo contrario. Se adivinaba que al segundo, Pablo Casado, le iban a llover los apoyos y así ha sido.
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