Raúl Heras

El PP necesita el escaño de Cristina Cifuentes para que Angel Garrido pueda ser elegido nuevo presidente de la Comunidad, siempre, claro está que Ignacio Aguado y el resto de representantes de Ciudadanos mantengan su apoyo. Salvo sorpresas será así y el antiguo concejal de Pinto y de Madrid, rescatado del anonimato por Ana Botella y elevado a los puestos de honor del gobierno regional por la dimitada Cifuentes, llegará al sillón de mando para estar en él durante doce meses.
Ser presidente/a de la Comunidad de Madrid e incluso alcalde/sa de la capital es un objetivo político que entraña riesgo extremo. Se necesita una gran vocación, unas ganas enormes de detentar poder y sueños de empresas más grandes. Gobernar la Comunidad es un magnífico escaparate para los dirigentes que aspiran a llegar a La Moncloa, mejor que casi todos los demás cargos de la administración española.
Subido en el atril del patio de armas del gobierno madrileño, Angel Garrido, presidente en funciones y hombre de la máxima confianza de la ya ex Cristina Cifuentes no se atrevió a mencionar el nombre de la mujer que le había colocado en el puesto de mayor responsabilidad de toda su vida pública. Es posible que dentro de unos días se mantenga en la presidencia tras superar un debate de investidura obligado y en el que los votos de Ciudadanos le ayudarán, pero es más posible que sean otros compañeros de candidatura - la lista de los ocho favoritos se ha publicado tantas veces en estos dias que la voy a omitir por puro cansancio - los que vayan a gobernar la Comunidad de Madrid hasta dentro de trece meses. Y lo que seguro es que ninguno de ellos encabezará el cártel electoral del PP para esa futura batalla en las urnas.
Elsa Artadi, que estaba,vuelve a estar. Si no se enfanga la nueva/vieja senda hacia un gobierno de la Generalitat formado por independentista, la ex consejera y muje de confianza de Puigdemont será la encargada de presidir el Ejecutivo catalán. La otra alternativa: llegar al 22 de mayo y que Mariano Rajoy - en su condición de presidente por el 155 - convoque nuevas elecciones no termina de convencer ni a los seguidores del “refugiado” en Berlín, ni a Oriol Junqueras, el preso de Estremera.
Si se coloca al presidente del Gobierno y del PP en la diana última de todo lo que está ocurriendo a gran velocidad en la vida política española se descubren casi todas las claves. Tanto de lo ocurrido en Cataluña desde hace meses como de lo que está pasando en Madrid desde que estallara el caso del falso máster de Cristina Cifuentes
El líder de Podemos quiere construir una familia con Irene Montero y dos hijos en camino; y quiere construir un partido con dos tendencias principales y él en el centro. Ya tiene su ala izquierda, que son los anticapitalistas de Miguel Urban, Teresa Rodríguez y Lorena Ruíz-Huerta, fieles al pasado quen tienen en la antigua Liga Comunista de Jaime Pastor, a caballo entre el marxismo más clásico y el trostkysmo con reminiscencias de Bakunin. La izquierda de la izquierda, la que siempre pensó durante el franquismo y en el inicio de la Transición que el PCE se había vuelto de derechas y estaba traicionando a las masas populares.
Si no puedes ser presidente de Francia, intenta ser alcalde de Barcelona. Y si no puedes ganar las primarias del Partido Socialista francés, deja que el presidente del español Ciudadanos te abra camino hasta convertirte en candidato para gobernar la capital catalana. Sillón con sillón se paga, y los mismos que intentaron que el antiguo primer ministro con François Hollande le sustituyera en el Eliseo, son los que le han susurrado en los oídos a Albert Rivera para que le incorpore a sus listas de junio 2019, una sorpresa que no es tan grande si miramos los pasos dados por el barcelonista Valls durante los últmos meses.
Para entender la política que practica Ciudadanos hay que recurrir a las matemáticas y rescatar y aplicar un término que utilizó José Luís Rodríguez Zapatero para explicar las posiciones que adoptaba el PSOE como partido de cara a garantizar la viabilidad de las medidas de su gobierno
Setenta y ocho años, siete meses y quince días más tarde de que la editorial Collins Crime Club pusiera a la venta la novela policiaca más vendida de la historia, la redactora jefe de Eldiario.es, Raquel Ejerique, publicaba el primer capítulo de su particular versión de los “Diez Negritos” de Agatha Christie. Al igual que lo ocurrido en la “Isla del Negro”, en este Madrid rodeada por tormentas políticas de las que es imposible escapar, los diez protagonistas del escándalo están condenados. Y al igual que ocurre en la ficción con el juez Lawrence John Wargrave, el rector de la URJC, con sus dudosas explicaciones y posterior denuncia a la fiscalía, puede que sea la última víctima.
Si alguien esperaba, espera o cree que Mariano Rajoy va a pedir a Cristina Cifuentes que dimita es que no conoce al presidente del Gobierno. Eso no se va a producir. Nunca lo hará pues sería convertirse en verdugo de la presidenta de la Comunidad. Va cumplir con las palabras que adelantó la secretaria general del PP en Sevilla: “tenemos que defender a los nuestros”. Es lo que está haciendo el líder al afirmar que Cifuentes ha dado todas las explicaciones. Lo que no ha dicho y espera que se cumpla son otras tres frases, pertenecientes al presidente gallego, al ministro de Justicia y al coordinador de su partido: nadia está por encima de las siglas, y si la presidenta no ha dicho la verdad tendrá que asumir sus responsabilidades.
Es más que posible que en sus tres reuniones con su colega norteamericano nuestra ministra de Defensa haya escuchado más de una vez la teoría que explicó en público el ex presidente noramericano Dwight Eisenhower un 7 de abril de 1954. De general a general, James “Perro loco” Mattis le habría detallado a María Doles Cospedal lo que significa en política la teoría del dominó. Hace sesenta y cuatro años la aplicaron con dedicación, esmero y mediano éxito los políticos estadounidenses al margen del color político que les había llevado a la Casa Blanca. Se trataba de parar la expansión del comunismo, ficha a ficha, país a país. Eran los tiempos de la Guerra Fría y el Pacto de Varsovía anudaba todo lo que era la Unión Soviética y el resto de países que estaban más allá de la Alemania dividida.
Cada minuto que pasa la soledad de Cristina Cifuentes es más evidente. El virus del master en la Universidad Rey Juan Carlos se extiende por el PP y las explicaciones inmediatas de Pablo Casado por el suyo, con el evidente trato de favor que recibió por parte del catedrático Alvarez Conde, que aparece como el origen propagador de la apidemia que ya ha saltado de la Comunidad de Madrid a la sede nacional del Partido Popular.
Lo que en al año 2011 era una ambición universitaria: tener un master que permitiera dejar la política y ser algo más que una funcionaria, se ha convertido siete años más tarde en una seca y áspera soga al cuello de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Tardaría casi un año en ser delegada del Gobierno en la Comunidad y ni estaba, ni se la esperaba.
Aparece el profesor justiciero y asegura que tras las denuncias sobre el máster de Cristina Cifuentes no hay ni fuego amigo, ni fuego enemigo, que en las filtraciones no han tenido nada que ver los adversarios externos del PP, ni los enemigos internos de la presidenta de la Comunidad madrileña, que ha dido él y sólo él el que ha investigado, planeado y ejecutado su venganza contra el gobierno autonómico, contra el rector de la Rey Juan Carlos y hasta contra sus excompañeros de cátedra y profesión. Y se ha quedado tan contento.
Quinientos años más tarde de que fuera alumbrado para la escena “el burlador de Sevila” ha vuelto a la ciudad del Guadalquivir. No sabemos si Tirso de Molina se lo imaginó con barba pero si con verbo capaz de seducir y llevar a la perdición a más de una doncella. En todo caso si que era más joven que este don Juan en el que se ha transformado el presidente del Gobierno. Mariano Rajoy seduce de otra manera, menos garbosa pero con un indudable éxito. Convocó a los suyos para festejar los éxitos de su Gabinete y ha sido capaz de salir a uña de caballo sin rasguños en su cuerpo. Bien es verdad que deja heridos y heridas a sus espaldas, alguno y alguna de difícil curación.
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