Raúl Heras

Desde el principio de la guerra interna del Partido Popular, sus dos expresidentes han trabajado en la sombra. José María Aznar apoyando a Pablo Casado, Mariano Rajoy haciendo lo propio con Soraya Sáenz de Santamaría. Huérfana de esos apoyos, María Dolores de Cospedal
Nuestro actual presidente es un adicto a la tecnología, habla ingles y sabe que “blockchain” es la base del nuevo monetarismo, del universo oscuro de las cripotomonedas. Recibió una, digamos “clase magistral” por parte de dos de los gurús de nuestra inteligencia patria, ambos unidos por fuertes lazos laborales
La traición y la mentira son dos de los elementos básicos de la política, sobre todo cuando se trata de combatir entre compañeros. Si las hemos visto a lo largo y ancho de nuestra historia patria cómo no las íbamos a encontrar en este penúltimo acto de la larga y dramática guerra de sucesiones del Partido Popular.
La primera de las batallas en el interior del Partido Popular ya tiene una ganadora: Soraya Sáenz de Santamaría ( 21.503 votos ), con mil quinientos votos de diferencia sobre el segundo, Pablo Casado ( 19.907 votos). Una diferencia tan exigua ( un 2,5% de un total de 58.305 votos ) que el resultado final, tras la segunda de las batallas, la que tendrá lugar en el Congreso extraordinario de los días 20 y 21 de este mismo mes, puede hacer que el presidente del partido y candidato a las futuras elecciones generales sea Pablo Casado.
Mientras en Barcelona han apostado por la dureza de la fuerza bruta en sus declaraciones, en Madrid Pedro Sánchez está utilizando el juego de piernas para evitar los golpes
La ruleta del futuro del centro derecha español terminará de girar cuando el candidato que salga de este proceso urgente en el que le han metido con la moción de censura y su triunfo se enfrente a las urnas
Con el presidente Sánchez conversando en inglés con sus colegas europeos en Bruselas y con la presencia de María Jesús Montero, su sucesora como ministra de Hacienda, en el Hemiciclo a Cristobal Montoro le llovieron las felicitaciones de sus compañeros de partido y de gobierno, desde Rafael Catalá a Ignacio Zoido pasando por la incombustible Celia Villalobos - a la que hay que admirar por su tenacidad incluso cuando se equivoca y mucho - y José Luís Ayllón, que eran los más próximos al hombre que ha controlado nuestra finanzas durante seis largos años.
Si el entusiasmo de Podemos en el hemiciclo del Congreso tras ganar Pedro Sánchez la moción de censura pudo parecer tan exagerado que hasta los propios socialistas se miraban entre sí con evidente desconcierto, lo que ha ocurrido después invita a pensar que entre los dos líderes de la izquierda existe algo más que amistad interesada, existe un acuerdo político.
Es una carrera de baja intensidad o lo que es lo mismo, una carrera con poco público y menos interés. La batalla interna del Partido Popular por elegir un presidente y candidato a la Moncloa es aburrida, previsible, sin alma. Los tres candidatos con aspiraciones se hartan de repetir sus slogans ante los militantes que consiguen reunir en sus desplazamientos - que cada vez son menos - sin que se sepa ni bien ni mal qué quieren hacer con el partido si ganan, y menos aún con la España que perdieron el 1 de junio de las manos de Mariano Rajoy. En apenas un mes parece que ha pasado una Legislatura.
En dos meses de gobierno Pedro Sánchez se habrá entrevistado, reunido y negociado con el presidente del Consejo de Europa, con el presidente de Francia, con la primera ministra de Alemania, con el presidente de la Comisión Europea, con el primer ministro portugués y con el pleno de los países que integran la OTAN. Su apuesta por Europa es clara, rotunda y con la vista puesta en un hipotético eje Madrid-Paris-Berlín que es su gran sueño. El mismo que tuvo y consiguió Felipe González hace 35 años.
Las críticas que se le pueden hacer a Mariano Rajoy son muchas y durante mucho tiempo prevalecerán sobre cualquiera de sus virtudes y aciertos. Es el pago por ejercer el poder de forma omnímoda y sin dar explicaciones. El hiperliderazgo tiene en las despedidas ese lado amargo. Su sucesor, sea quien sea, tiene que estar preparado para encarar unos años - más que meses - de oposición. Tiempo para cambiar el Partido Popular, por dentro y por fuera, para dotarlo de nuevos programas, nuevos liderazgos a todos los niveles, para decidir qué modelo de Estado quiere defender, qué modelo de convivencia, qué modelo de Europa.
Las críticas que se le pueden hacer a Mariano Rajoy son muchas y durante mucho tiempo prevalecerán sobre cualquiera de sus virtudes y aciertos. Es el pago por ejercer el poder de forma omnímoda y sin dar explicaciones. El hiperliderazgo tiene en las despedidas ese lado amargo. Su sucesor, sea quien sea, tiene que estar preparado para encarar unos años - más que meses - de oposición. Tiempo para cambiar el Partido Popular, por dentro y por fuera, para dotarlo de nuevos programas, nuevos liderazgos a todos los niveles, para decidir qué modelo de Estado quiere defender, qué modelo de convivencia, qué modelo de Europa.
A la secretaria general y a la exvicepresidenta les ha salido un competidor que parecía descartado tras las polémicas por sus estudoos universitarios. Tal vez por ello tanto Cospedal como Santamaría han intentado que Pablo Casado se incorpore a su candidatura como el futuro sectretario general
La noticia se extendió por todo el ámbito de la empresa a enorme velocidad. Su presidente, el hombre que la había gobernado con mano firme y sin discusión durante catorce años se marchaba, volvía a ser el mecánico municipalista que había sido, dejaba los oropeles del poder, el coche blindado, las múltiples secretarias, la gran vivienda que le ponía la empresa. Lo dejaba todo casi sin despedirse, por la puerta de servicio.
Si los estudiosos - que son muchos los habidos y los que vendrán - de la obra de Shakespeare aseguran que la historia de Macbeth está basada en un rey escocés de carne y hueso que habitó aquella tierras hace mil años, con la ambición de su mujer como impulso final al regicidio para llegar al trono, y el augurio de las brujas para su mal futuro, podría servirle la lectura de la obra del “Bardo Inmortal” al presidente de la tierra española que más se parece a la fría, lluviosa y dura extensión que existe más arriba de lago Ness y tiene su capital en Inverness, lugar donde, por cierto, tejen unos jerseys de lana de oveja realmente pensados para ese clima.
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