Rafael Gömez Parra

El único miedo que tiene es a la sublevación espontánea masiva de los funcionarios., la mayor parte votantes del PP, que sigue creciendo
Se trata de un simplificación de la encrucijada en la que se encuentran los políticos de esa derecha capitalista que va desde los que añoran al franquismo hasta la socialdemocracia, pero vale para dar una idea del problema generado por el ultraliberalismo económico impuesto en el mundo tras la caída del muro de Berlín y el final de las utopías socialista. La idea de que no había futuro para los países sin libertad total de comercio ha llevado al triunfo de los financieros especuladores que lejos de acabar en la cárcel tras la catástrofe económica lo que quieren es recuperar con creces sus préstamos. Ya lo hicieron en el siglo pasado con los países latinoamericanos en lo que fue solo una prueba de lo que le esperaba a Europa. El objetivo es sencillo: que las naciones estén tan endeudadas que ni siquiera puedan pagar los intereses de los préstamos recibidos u que los políticos estén a su servicio.
Todo se ha consumado. Como Jesucristo en la cruz del Gólgota, el juez Baltasar Garzón puede respirar ya tranquilo, sus enemigos, que son muchos y diseminados por toda la orografía física y la geografía política. Se lo han cargado.
El PP de Rajoy se hunde en las encuestas, pero el PSOE no remonta cabeza, la falta de capacidad de los socialistas para encontrar una solución a los problemas de Europa y de España está provocando fuertes encontronazos entre sus máximos dirigentes, hasta el punto de que no se descarta que en un futuro no lejano se puedan producir expulsiones y hasta escisiones en su seno. Cualquier problema podría producir la chispa que haría saltar por los aires al partido de la socialdemocracia española.
La Unión Europea ha decidido jugarse su última baza en defensa de un euro depauperado acudiendo en apoyo de la banca española con un préstamo de 100.000 millones que España –y no la banca como dicen Rajoy y De Guindos- tendrá que devolver con el tipo de interés que le impongan. El presidente del PP sigue así la misma tesis que movió a Zapatero y que está en la base de la unión europea de que si no funciona el corazón de la economía capitalista: la banca, todo se viene abajo. Se consuma así al traspaso de otros cien mil euros de la deuda privada de las entidades financieras a la deuda pública.
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