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Cuando Pedro Sánchez comenzó a tener problemas con el Poder Judicial, uno de los abogados, que no es afiliado al PSOE, al que de vez en cuando se le pedía su opinión desde La Moncloa aconsejó que lo mejor que podía hacer el gobierno era llegar a un acuerdo con los jueces para lograr a un pacto que hubiera renovado el Consejo General del Poder Judicial a tiempo –estuvo más de cinco años prorrogado con el mandato caducado- y así hubiera suavizado unas malas relaciones que han marcado las dos legislaturas y que, sin duda, han tenido efectos en los procesamientos de personas cercanas al presidente.
El descubrimiento de las tramas de corrupción en el corazón del PSOE ha puesto en evidencia un enfrentamiento entre dos bloques muy activos que luchaban por lograr el favor del presidente del gobierno: por un lado Santos Cerdán con José Luis Ábalos y otros dirigentes y empresarios que han salido a la palestra y que seguirán emergiendo; y por otro un José Luis Rodríguez Zapatero que se apoya más en el lobby empresarial clásico que gira en torno al ex ministro de Fomento, José Blanco, dedicado a esos menesteres tras abandonar el gobierno del propio ZP en 2011.
A los socios de Pedro Sánchez cada vez se les hace más difícil encontrar excusas para seguir apoyándole a pesar de los continuos escándalos de corrupción y de machismo que se le amontonan al líder socialista. Tanto, Podemos, como Sumar, HB o el propio PNV ya no saben qué hacer o decir. Ahora Yolanda pide una renovación radical del gobierno que nadie entiende pero que le sirve para alargar su apoyo al PSOE.
La lucha feminista logró poner los derechos de la mujer en un primer plano político que la izquierda parlamentaria, especialmente en el gobierno de Zapatero, con la legalización del matrimonio gay, despenalización del aborto y la penalización de la violencia machista, y con el de Sánchez-Pablo Iglesias, con el “solo el si es si”, alzó como su mejor bandera frente a la derecha conservadora, sin pensar de que el boomerang feminista podría convertirse en un arma mortal contra esa misma izquierda.
El presidente Pedro Sánchez no cuenta ya con ningún apoyo político real y ser halla cada vez más aislado en La Moncloa, pero todavía cree que él podrá con todos y se mantendrá hasta que algo o alguien decida provocar su marcha. Sus socios de investidura le han ido abandonando poniendo cada vez más pegas a sus iniciativas legislativas, pero al mismo tiempo nadie quiere echarle porque se juegan sus escaños en un adelanto electoral. Lo dijo Yolanda Díaz: “No hay plan B”.
A los políticos se les llena la boca de latinajos en cuanto ven la ocasión de meter el dedo en la herida del contrario, es el caso del “in vigilando” que se ha puesto de moda para acusar al dirigente político cuando no hay pruebas de conductas aberrantes o corrupción directa, pero nunca se exige en su propio partido haciendo bueno eso de ver la paaja en el ojo ajeno y no notar la viga en el propio.
En plena batalla por la condena al fiscal general, Alvaro García Ortíz, otro peón de Sánchez ofrecido mal PP para activar los apoyos a su gente, los políticos afilan sus armas y se lanzan a una pelea en la que los perdedores son todos los ciudadanos, incluidos los que votan al PP y al PSOE, porque mientras discuten de sus cosas no hablan del continuo aumento de los precios que va camino de una nueva superinflación, como la que sufrió España en 2022 cuando rozó, oficialmente, el 11%, cuando en realidad el coste de muchos productos básicos creció más del 50%.
Queda menos de un mes para la primera cita electoral que será en Extremadura, el 21 de diciembre, la antesala de una Navidad que se presenta movidita con todos los casos pendientes en el ámbito judicial y la resaca de la condena del fiscal general Alvaro García Ortiz. Allí se podrá comprobar si es verdad, como afirman los sanchistas, si los varapalos judiciales más que hundir al PSOE lo afianzan o si por el contrario, el proceso contra su hermano David va a hundir a los socialistas en un territorio donde siempre han ganado hasta las elecciones autonómicas de 2023.
Pedro Sánchez se resiste a marcharse a pesar de todo, ya lo demostró tras las elecciones de 2019 y las de 2023 cuando tuvo que hacer lo posible y lo imposible para lograr reunir los votos necesarios para seguir en La Moncloa: dormir con su enemigo, Pablo iglesias, y negociar con el exilado en Waterloo, Carles Puigdemont. Los analistas no saben a qué atenerse cuando analizan su resistencia a irse, unos opinan que es solo su voluntad personal la que le hace seguir y otros, en cambio, creen que es el miedo a quedarse solo ante los problemas judiciales.
Entre las víctimas propiciatorias que provoca la batalla política entre el PP y el PSOE, hoy le ha tocado al fiscal general Alvaro García Ortiz, un peón de Pedro Sánchez, como hace unos días cayó el peón de Feijóo, Carlos Mazón. Son fichas que van cayendo en aras de sus respectivos líderes, máxime cuando la guerra se prolonga más allá de la primera legislatura. Por algo alguien debió pensar que con ocho años de mandato ya estaba bien. Ningún presidente de gobierno español ha sorteado los escándalos o la corrupción a partir de su segunda victoria electoral.
Al comienzo de la transición del franquismo y la formación de las Comunidades Autónomas hubo un despertar nacionalista que no solo afectó a las regiones históricas (Galicia, Euskadi y Cataluña) sino que llegó a todos los rincones de España: el nacionalismo canario tuvo su auge con su líder Antonio Cubillo, que incluso logró el apoyo argelino, los andaluces resucitaron a Blas Infante para formar el Partido Andalucista con Alejandro Rojas Marcos y hasta Segovia intentó convertirse en una autonomía independiente como La Rioja, Navarra, Asturias o Murcia.
Si algo diferencia a los independentistas vascos de los catalanes es que a los de Vitoria les importa más arrancar “mercedes” del Reino de España que andar reclamando su separación de España. Es verdad que lo intentaron con Ibarretxe en 2008 pero sin armar tanto jaleo como Puigdemont y tras ello nombraron a otro lehendakari menos radical volvieron a lo suyo.
Gabriel Rufián hace tiempo que lleva ofreciéndose para dirigir a la nueva izquierda española y presentar un bloque unido en las próximas elecciones generales que, según todos los indicios que reciben los políticos, podrían celebrarse el próximo verano. Fracasado Pablo iglesias y quemado Pedro Sánchez, el portavoz de ERC parece querer dar ese paso adelante que le obligaría, seguramente, a abandonar Esquerra Republicana.
Pedro se ha pasado al TikTok en un intento de arrancar de las garras de Vox a los jóvenes de la generación Z (nacidos entre 1997 y 2012), que tienen edades entre los 28 y los 13 años, y cuyo voto puede ser decisivo en las elecciones de 2027. No lo va a tener fácil, primero porque es difícil para un cincuentón habituarse a estas nuevas modalidades juveniles y segundo porque los jóvenes, con TikTok o sin él, lo que quieren es trabajo, buenos salarios y una vivienda barata.
Los ciudadanos se quejan y con razón de que los políticos no atienden a las necesidades de los trabajadores, les preocupan más sus peleas y el “y tu más” que cuestiones como la inflación. que ha aumentado el coste de la vida en un 200 por ciento en menos de cinco años, la luz, los carburantes, pero también los huevos y otros muchos alimentos populares han provocado un bajón del nivel de vida de millones de españoles sin que nadie del gobierno ni de la oposición hagan nada para remediarlo.
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