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Es imposible no ver la relación que existe entre la situación de Ucrania y la de Gaza. Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu se hablan en la distancia. A mayor destrucción y más muertes en Palestina, más destrucción y más muertes en Kiev y otras ciudades del Donest. Al presidente ruso le condenó la Corte Penal Internacional, al Primer Ministro de Israel le condenan en la ONU, pero ninguno de los dos se da por enterado. Tienen fijados sus objetivos y no los van a abandonar. Rusia quiere mantener el territorio conquistado e incorporado a su Federación, que le permite la conexión terrestre con Crimea y la salida cómoda al Mar Negro mientras Israel quiere que su Estado crezca con la incorporación de la franja de Gaza, una gran parte de Cisjordania con nuevas colonias e incluso mirar al sur del Líbano. Expansionismo vital y agresivo en los que Putin y Netanyahu justifican las dos guerras.
Todos esperando que llegara, viera y venciera. Es lo que hizo con su estilo eterno y antes de subirse al estrado, cuando en las escaleras mecánicas casi se cae su mujer Melania y cuando el teleprinter con su intervención no funcionaba. La Asamblea de la ONU vivió una jornada histórica: el presidente de Estados Unidos le dijo al organismo internacional creado para evitar las guerras, que no servía para nada y que él, en apenas ocho meses había logrado parar siete guerras a lo largo y ancho del mundo. “Leyó la cartilla” a todos los presentes y a todos los ausentes. Donald Trump en estado puro, sin filtros. Su apoyo a Israel es inquebrantable y la tesis que defiende Netanyahu sobre el futuro de Palestina - compartida en España por Felipe González y José María Aznar como ejemplo de otros millones de españoles- es la misma que va a mantener USA: nada de dos estados y menos aún de permitir que sea Hamas la organización que represente el futuro del pueblo palestino.
Los dos expresidentes del Gobierno vuelven a estar de acuerdo, si primero lo estaban con sus críticas a Pedro Sánchez y su deseo de que abandonara La Moncloa y el liderazgo del PSOE, ahora lo están en su apoyo sin fisuras al Estado de Israel que tiene de primer ministro de Benjamín Netanyahu. Lo explican mal y de forma cínica como corresponde a dos dirigentes políticos que han demostrado su capacidad para mentir cuando hace falta y para cambiar de amistades cuando han colocado sus intereses personales po delante del de todos los demás.
En el último ataque ruso con drones y misiles contra varias ciudades de Ucrania, una decena de drones habrían cruzado la frontera con Polonia siendo interceptados por el sistema de defensa de este país. El jefe del Gobierno polaco, Donald Tusk ha reclamado que la OTAN ponga en marcha el protocolo que ampara los países miembros ante cualquier agresión exterior, mientras que la actual responsable de la Unión Europea para las relaciones exteriores, Kaja Kallas, no ha dudado en acusar a Rusia de efectuar ese ataque sabiendo de las consecuencias que tendría en virtud del artículo IV de la Organización, descartando la posibilidad de un error al cruzar los drones la frontera polaca.
El presidente francés, Emmanuelle Macron, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para intentar mantenerse en el Eliseo hasta a sus propias elecciones, que serían entre abril y mayo de 2027. El primer ministro de Reino Unido; Starmer, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para tapar las medidas más duras en inmigración y derechos sociales. El jefe del Gobierno alemán, Mertz, no encuentra otra salida a la crisisi económica que atenaza a su país que anunciar recortes en los derechos sociales y destinar quinientos ml millones de euros a la industria militar con la excusa de ayudar a Zelensky. A Noruega, con un importante alza de las fuerzas de la ultraderecha, le pasa lo mismo, pese al gasoducto que llega desde el Mar del Norte a Polonia, el gran país emergente en el centro de Europa, tan poco dispuesto a ser amigo de Alemania como de Rusia. Ucrania y Zelensky son la gran excusa de la retrasada Europa para intentar que sus ciudadanos acepten el fin del soñado estado del bienestar.
Para entender las razones que tiene Vladimir Putin para no destruir Kiev y acabar con la guerra es necesario leer la gran novela del conde Nicolaievich Tolstoi escrita a partir de 1865 por entregas en la revista “El Mensajero ruso” y editada como libro cuatro años más tarde. En “Guerra y Paz” están todas las claves que explican el deseo del presidente ruso de ganar la guerra de Ucrania sin tener que destruir su capital. En Kiev nació el “alma” de un Imperio que abarcaba gran parte de la actual Polonia, toda Bieolorusia, parte de Turquía y proporcionaba a los Zares una posición de privilegio en el Mar Negro y su salida al Mediterráneo.
Desde hace demasiado tiempo, ya dos años, los que han transcurrido tras las elecciones generales del 23 de julio de 2023, Pedro Sánchez ha mantenido una política exterior que apenas responde a los verdaderos intereses de España, se enfoca mucho más a sus ambiciones personales y partidistas de mantenerse en el poder a cualquier precio.
Se niegan a reconocer en público la evidencia. Todos los líderes políticos, todos con independencia de su credo político , desde Washington a China, pasando por la inquieta América del Sur, el Africa de las guerras tribales y la Europa que intenta mantener una posición en el mundo que ya no tiene, ni parece que lo vaya a tener, saben que ni el presidente ruso, ni el primer ministro Netanyahu van a parar en sus dos caminos en Ucrania y en Gaza y Cisjordania e incluso en el sur del Líbano.
En 1945 los 51 países que firmaron la creación de la ONU dejaron que cinco de ellos tuvieran capacidad de veto ante cualquier resolución que se tomara en el Consejo de Seguridad, el principal órgano de ese asambleario instrumento para el mantenimiento de la paz y la seguridad a nivel mundial en el que ahora están 193 países, y que lleva ochenta años empeñados en demostrar que sirve para que todos hablen, quince propongan y cinco decidan. La ONU no tiene una estructura democrática, ni funciona como una auténtica Democracia en la que cada voto contase. Su estructura es elitista y basta con que uno de los cinco:
| | Donald Trump sostiene una muestra de petróleo en un foro empresarial en Qasr Al Watan durante la última parada de su visita al Golfo, en Abu Dabi |
La incertidumbre es una de las peores situaciones para cualquier persona, para cualquier organización, para cualquier país; y si esa incertidumbre es causada por una gran potencia como Estados Unidos, es el mundo el que sufre con unas consecuencias nada sencillas de predecir
La reforma fiscal aprobada por el Congreso de Estados Unidos es la mayor victoria política de Donald Trump. Semanas de batallas internas dentro del Partido Republicano, semanas de protestas desde el lado demócrata, un solitario voto de diferencia en el Senado y los 4,5 billones de dólares de recortes en el gasto público certifican que la economía norteamericana necesitaba una operación quirúrgica de urgencia en sus finanzas ante la desorbitada deuda que arrastra desde hace décadas. El ahorro hará que un billón de gasto en Sanidad dejará a los más pobres de USA con menos ayudas y que las ayudas a la cooperación internacional prácticamente desaparezcan.
Sánchez, erre que erre, se manifiesta en contra del 5 por ciento y asegura con el 2,1 del PIB va a cumplir en tiempo y forma con los objetivos de capacidades a los que se ha comprometido. El Gobierno de España se ha quedado aislado en las principales organizaciones internacionales como son la OTAN y la Unión Europea.
Era inevitable la entrada de Estados Unidos en la guerra que inició Israel contra Irán. No es la primera vez que el fuerte hace ver al débil que si no se rinde sin condiciones le golpeará cada vez con más fuerte. Ha pasado con enorme frecuencia en Oriente Medio, desde Irak a Siria y desde Libano a Egipto. Pasó en Europa en la guerra de los Balcanes con la OTAN bombardeando Serbia. Y pasó con el escenario asiático de la II Guerra Mundial con las dos bombas atómicas lanzados por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki cuando ya había ganado la guerra contra Japón. Tras la victoria tenía que demostrar que poseía el arma de destrucción más potente y terrible de la historia. Comenzó una carrera nuclear que no ha parado hasta hoy.
La idea de destruir el Irán de los Ayatollahs ha sido una constante en todos los presidentes norteamericanos, demócratas y republicanos, desde que Jomeini humillara al Imperio yanqui echando al Sha de Persia, ocupando la embajada USA y manteniendo a raya durante ocho años a Sadam Hussein (1981a quien el demócrata Jimmy Carter primero y luego el republicano Ronald Reagan utilizaron para intentar acabar con Irán.
Tras la II Guerra Mundial, los países occidentales crearon un paí llamado Israel que les ha servido durante casi un tercio de siglo para controlar la principal zona mundial de producción de petróleo, el llamado Oriente Medio de mayoría árabe, El problema es que esa nación se ha convertido en un monstruo al que ni siquiera Estados Unidos es capaz de controlar y mucho menos el Reino unido o la Unión Europea. Tras destruir Iraq, Gaza, Líbano y Siria ahora trata de hacer lo mismo con Irán.
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