El mercado reacciona... pero ya no cree del todo. ¿No es esto una manifestación de que estamos ante un cambio progresivo en la percepción del activo dólar? No tanto en un nivel concreto, sino en la calidad de la confianza que lo sustenta.
UNA ANOMALÍA QUE ACUMULA
¿Nos está explicando algo ese comportamiento? Lo que vemos no encaja con los patrones clásicos. La tensión geopolítica, con Oriente Medio afectando al estrecho de Ormuz y condicionando el presente y el futuro del precio de la energía, convive con un flujo diario de titulares de difícil digestión. En teoría, este debería ser el entorno natural del dólar: aversión al riesgo, incertidumbre geopolítica, energía al alza. Sin embargo, lo que observamos son avances que no consolidan, movimientos erráticos y una incapacidad creciente para capitalizar episodios de riesgo. La fortaleza llega, pero no convence. Y eso, en un activo que ha funcionado durante décadas como ancla del sistema, no es un detalle menor.
Viene al caso la reflexión de Barry Eichengreen, uno de los mayores expertos mundiales en historia de las monedas, que ha dedicado su carrera a estudiar cómo surgen, se consolidan y, eventualmente, se erosionan las monedas dominantes. Su conclusión es que las monedas no pierden su hegemonía de forma abrupta, sino a través de un proceso lento de deterioro de lo que sostiene su confianza.
Lo ejemplariza con el denario romano: a medida que el sistema político se deterioró -concentración de poder, debilitamiento de los contrapesos institucionales- y las finanzas públicas se tensionaron, la calidad de la moneda se degradó. El resultado no fue un colapso inmediato, sino una pérdida progresiva de su papel internacional.
Advierte de dinámicas que empiezan a ser inquietantemente familiares: aumento sostenido de la deuda pública, tensiones sobre la independencia de las instituciones, utilización creciente de la política económica con fines estratégicos y, en última instancia, una progresiva politización de decisiones que antes se percibían como técnicas. ¿Sigue siendo el sistema que respalda al dólar tan sólido como el mercado ha dado por hecho durante décadas?
LA DIFERENCIA QUE IMPORTA
El problema del dólar no es -todavía-- un problema de nivel, sino de credibilidad marginal. Los inversores no lo están abandonando, ni existe una alternativa clara en el corto plazo. Pero empiezan a cuestionar si merece la misma prima de confianza que en el pasado. Y cuando esa duda aparece, el comportamiento cambia: los movimientos se vuelven menos direccionales, más frágiles y dependientes del flujo de noticias. El dólar sigue siendo central, pero deja de ser incuestionable.
Hay, con todo, un matiz que introduce una diferencia fundamental respecto a los precedentes históricos: Estados Unidos sigue siendo una democracia con capacidad de corrección interna. A diferencia de Roma en su fase imperial, el sistema conserva mecanismos -institucionales, electorales, sociales- que permiten, al menos en teoría, revertir desequilibrios y reconstruir la confianza. La cuestión no es solo si hay deterioro. Es si hay tiempo y voluntad para corregirlo.