Marlaska se hace más pequeño
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Marlaska se hace más pequeño

martes 19 de mayo de 2026, 08:41h

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En los numerosos artículos que tengo publicados en mi blog y en otros medios , le he dedicado varias decenas a Fernando Grande Marlaska al que conocí y traté en su etapa de juez .

Durante ese largo periodo tuve la oportunidad de preguntarle sobre asuntos de su labor judicial en varios almuerzos a los que le invitamos en el grupo Crónica, y me pareció un personaje importante, valiente y comprometido con su condición profesional en unos años en los que se jugaba la vida al perseguir judicialmente a los criminales de ETA.

Pasado los años no imagino que aceptara mantener conmigo, o con otros periodistas críticos, una conversación off the record, pero me encantaría poder escribir la historia de un hombre que, contra todo pronóstico, decidió poner en riesgo su buena imagen que se ganò ante la sociedad cuando era uno de los jueces más admirados por la opinión pública en España. Pero hay algo en esta historia que no acabo de entender.

Marlaska no es el primer juez que ha sido Ministro del Interior y tenía todas las papeletas a su favor para convertirse en el mejor de la historia más reciente de España, porque su experiencia le situaba en el contexto ideal al mando de la policía, la Guardia Civil y los Servicios de inteligencia contra el crimen organizado.

Más de una vez me he preguntado cuál ha sido la razón que le ha llevado a convertirse en lo que hoy es : una estafa inimaginada y un ciudadano que no garantiza ninguna confianza. Sus subordinados desconfían de él, el hombre de su máxima confianza en el ministerio está denunciado por un supuesto delito de acoso sexual y abuso de poder, y los Guardías Civiles que luchan contra la droga no están suficientemente valorados y disponen de medios inferiores a los narcotraficantes que les atacan . Las esposas y los familiares de los Guardias Civiles asesinados los entierran sin que Grande Marlaska esté presente en su funeral.

No creo que el Ministro se haya transformado, por generación espontánea en un desalmado sin conciencia, y tampoco me parecería justo que se le echara la culpa de su indigno comportamiento a la maldad intrínseca de quien lo nombró. Todos tenemos una cara oculta y, si fuera posible conocer a priori al delincuente que algunos llevan dentro, podríamos elegir mejor a nuestros gobernantes.

Hace años escribí un artículo titulado “Pequeño Marlasca” en el que decía que el ministro del Interior “ha pasado de ser un referente moral como juez a un juguete roto desde que se contaminó del sectarismo que se inhala en la Moncloa” … y no me equivoqué.

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