Pekas y Pecas, el nombre al que deben su poder Aznar y Ayuso
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Pekas y Pecas, el nombre al que deben su poder Aznar y Ayuso

viernes 06 de marzo de 2026, 11:13h

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Sin la inicial acusación en el Tribunal Supremo de Burgos por una supuesta venta fraudulenta de la empresa textil Pekas, en 1986, el presidente de Castilla y León en aquel año, el socialista Demetrio Madrid, no habría dimitido, no se habrían celebrado nuevas elecciones autonómicas en 1987 y José María Aznar no habría llegado a la presidencia de esa Comunidad, la gran baza que le permitió ser elegido por Manuel Fraga para que le sucediera al frente de la entonces Alianza Popular, rechazando la elección de Isabel Tocino.

La “conjura de Perbes”, el pueblo en el que pasaba sus vacaciones el “patrón” de la derecha, tras el “golpe de mano” que acabó con Antonio Hernández Mancha, pensada y ejecutada por el pequeño grupo que formaban el propio Aznar junto a Rodrigo Rato, Juan José Lucas, Francisco Cascos y Federico Trillo, funcionó y en el posterior Congreso de Sevilla, el “elegido” superó dos elecciones perdidas ante Felipe González en 1986 y 1989, para vencer a la tercera y conseguir los votos de CiU para superar la berrera de los 176 diputados en la sesión de investidura.

Tres años más tarde, el mismo Tribunal Supremo que le había procesado, absolvió a Demetrio Madrid de todos los cargos, pero la velocidad política no era la de los juzgados y el Partido Popular se había hecho con el poder en una Comunidad, que mantiene hasta hoy, de forma clara hasta las elecciones de 2019, en las que ganó con diferencia el socialista Pablo Fernández y perdió el candidato popular, Fernández Mañueco. Una victoria que se convirtió en amarga para el PSOE, al apoyar Ciudadanos y Vox al que sigue de presidente hasta hoy. Durante 39 años la derecha lleva gobernando en Castilla y León y lo más probable es que siga otros otros cuatro años más, siempre que Santiago Abascal decida darle su apoyo a Mañueco en una nueva y difícil negociación entre las dos formaciones que representan a una derecha que se presenta como mayoritaria, al margen de las siglas que la representan.

Pekas desapareció como empresa, Demetrio Madrid tiene 90 años, Juan José Lucas se convirtió en ministro, Rodrigo Rato en vicepresidente, al igual que Alvarez Cascos, que se marchó del partido para ser presidente de Asturias, y Federico Trillo se sentó en la presidencia del Congreso para luego convertirse en ministro de Defensa. José María Aznar consiguió para el PP su primera mayoría absoluta en el año 2.000 y dejó como sucesor a Mariano Rajoy, que perdería y ganaría frente a Rodríguez Zapatero. Esa es otra historia.

En ese vaiven de citas con las urnas y cargos ministeriales, en 2015 aparece en la escena madrileña Esperanza Aguirre como candidata y en sus brazos , Pecas, el terrier empleado en las redes sociales como una estrategia más de la campaña electoral de la que se encargaba Isabel Díaz Ayuso. Si la crisis de Pekas le había servido de trampolín a José María Aznar; la presencia del inquieto Jack Russell de Aguirre le servió a Díaz Ayuso para situarse como persona de confianza de la que consiguió ser ministra, alcaldesa de Madrid y presidenta de la Comunidad, alternando en esos puestos con Alberto Ruíz-Gallardón, el gran rival de Aznar desde la sombra. Una simple letra y tres destinos muy diferentes. Dentro de la actual presidenta madrileña no habitaba un terrier fiel y peleón, había un doberman listo para todo tipo de combates. Ni Pablo Casado lo vió, ni Pedro Sánchez lo tuvo en cuenta y hasta Santiago Abascal teme enfrentarse a ella.

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