¿Miles de muertos por medio?, si; ¿miles de víctimas y de destrucción que durará décadas?, si. Dentro de un mundo que se debate entre los restos del siglo XX, envejecidos a un ritmo muy superior al de décadas anteriores, y el nacido a la supertecnología del siglo XXI, las guerras son una parte más de la futura paz. Terrible para muchos y una bendición para otros pocos. Nunca ha habido tanta desigualdad entre seres humanos, enre países y entre ciudadanos de un mismo Estado. Los ricos se mueven entre miles de millones y los pobres entre decenas de esas mismas monedas. ¿Puede explotar el mundo que conocemos de forma total y apocalíptica?. Es una seria posibilidad, que asusta. No es lo más probable, ni lo más posibles. Las reglas de juego, las que aparecen al final de cada partida política, son las mismas desde hace siglos. Los fuertes ganan a los débiles y los primeros intentan que los segundos se mantenga en esa ecuación el mayor tiempo posible.
Trump atacó a Sánchez y a toda España, al mismo tiempo, en plena guerra contra Irán y sin que las excusas para hacerlo fueran, ni nuevas, ni convincentes. El famoso cinco por ciento del PIB que debería cada país de la OTAN en invertir en defensa lleva en el vocabulario del presidente norteamericano desde el inicio de su Legislatura y ya tiene las respuestas de cada uno de los socios. Ese cinco por ciento es una meta para dentro de diez años, al menos. Ningún país puede llegar a ese porcentaje en una situación en la que las economías se dirigen más hacia porcentajes muy altos de inflación y con un cambio estructural en sus sistemas productivos.
En lo relativo al uso de las bases de Rota y Morón, se circunscribe a los barcos que transportan combustible, no a los aviones y menos aún a los destructores. Es una amenaza vacia que lo único que está haciendo es fortalecer el mensaje de no intervencionismo del socialista y futuro candidato electoral Pedro Sánchez frente a una derecha que cree seguir al pide de la letra los deseos de Estados Unidos. Y se equivoca. El “no a la guerra” vuelva al ideario electoral del que carecía la izquierda española. Trump se lo ha dado, al margen d Elo que ha ocurrido en Extremadura, en Aragón y loo que ocurra en castilla la Mancha y Andalucía.
Sánchez ya se vuelve a presentar como el líder capaz de decirle no al emperador Trump y de inmediato ha recibido el apoyo del resto de líderes europeos. Habilidad extrema de un presidente que no cuenta con el apoyo político en los temas internos y que se los entregan del el exterior. Desde Moncloa deberían mandar un escueto mensaje a la Casa Blanca. “Thank you, mister Trump”.