La fecha de esa comparecencia, apenas 24 horas antes de que Núñez Feijóo declare como testigo por video conferencia ante la jueza Nuria Pérez Tobarra, es otro de los movimientos que tiene estudiados el PP para diluir aquellos temas que pueden dañar su imagen y la de su presidente, sobre todo en un tema como el de los efectos de la DANA en los municipios de Valencia, con el ex presidente Carlos Mazón en el centro mismo del problema que afecta a los populares y más cuando éste mantiene privilegios que dañan la memoria de las víctimas, si que su sucesor sepa como alejarse de quien fuera su jefe.
El presidente del Senado, Pedro Rollán, es una eficaz correa de transmisión de los deseos y la estrategia política que sigue la dirección del PP gracias a esa mayoría absoluta de la que dispone su partido y de los cambios reglamentarios que se han aprobado en la Cámara Alta durante el último año. Llamar a declarar a Ábalos, que salvo sorpresas no aportará nada que no se sepa de sus actuaciones como ministro de Fomento y como Secretario de organización del PSOE, confirma que nada ha cambiado (para mal) del comportamiento de los partidos en el año que acaba de empezar. Las alabanzas al discurso del Rey Felipe VI por su discurso de Navidad, apelando a la concordia y al respeto entre las instituciones del Estado, se han archivado muy deprisa en la memoria de los dirigentes políticos. Nada ha cambiado y nada va a cambiar hasta que no se celebren elecciones generales (las autonómicas son apenas un aperitivo) y o bien Pedro Sánchez tenga que abandonar el palacio de La Moncloa o Alberto Núñez Feijóo la presidencia del Partido Popular.
No es su papel constitucional pero el uso político y partidista del Senado no hace sino demostrar ante los ciudadanos que ese papel de Cámara territorial y de segunda lectura de lo aprobado en el Congreso no funciona y que tan sólo sirve para mantener en otros ámbitos las mismas batallas cainitas. Si se llama a declarar al que fuera número dos real del PSOE y ministro de la cartera de Fomento, bajo ese “que diga lo que sabe de Pedro Sánchez” es digno de pasar al libro de los récords mientras no se hace ningún “llamamiento” y menos para interrogar al ex presidente de la Generalitat, que se permititó el “lujo” de mentir varias veces ante la Comisión del Congreso, tal y como él mismo confirmaba con la entrega de sus mensajes con Núñez Feijóo. El uso y abuso de las instituciones tiene en ese tema un buen ejemplo, como lo tiene en el escaso “trabajo” que Pedro Sánchez le da al Congreso al no contar con Presupuestos generales y utilizar los decretos-leyes para mantener el funcionamiento del Gobierno.