Janet Yellen, secretaria del Tesoro norteamericano.
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Janet Yellen, secretaria del Tesoro norteamericano.

Cabe todo

Por José Manuel Pazos
martes 09 de noviembre de 2021, 03:31h

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Va a ser difícil para la mayoría de las empresas, presupuestar 2022. Quizá el año más difícil en muchos. Casi cualquier partida de la cuenta de explotación está sujeta a un grado de incertidumbre inédito, y la suma de todas las incertidumbres, genera eso que los mercados llaman una tormenta perfecta.

Cabe que, en base a esto, pasemos a considerar el ejercicio de presupuestación lo que es, más una guía que un baremo, pero no estamos en los últimos años acostumbrados a que cualquier partida pueda tener un grado tan importante de incertidumbre, desde la primera línea, y así hacia abajo: Materiales, salarios, energía, tipos de cambio, alquileres, tipos de interés, costes sociales, impuestos, tasas... Lo menos malo es que parece que las economías van a seguir creciendo y que, al menos, tenemos la esperanza de que sea un fenómeno pasajero, en el que las incertidumbres se vayan diluyendo con el paso de los meses.

DISIENTEN Y DESAFIAN

Los tres grandes bancos centrales han emitido en los últimos días, cada uno con sus propios matices, un mensaje que se pretende tranquilizador al respecto, pero los mercados, acostumbrados durante años a alinearse detrás de los discursos oficiales, disienten, aunque moderadamente, y desafían el pensamiento oficial. Esta desconfianza no puede esconderse, porque se cotiza, y obliga a estos bancos a poner redoblado énfasis a la hora de compartir sus convicciones de temporalidad. En el caso del Banco de Inglaterra, el desafío ha sido incluso mayor, porque se descontaba la primera subida y el resultado estuvo bastante lejos.

Hay sin embargo otro grupo de bancos centrales, dentro de lo que consideramos G10, que han decidido actuar. Es el caso de Noruega, subiendo por vez primera los tipos y sugiriendo una nueva subida muy cercana; el de Canadá, que ha suspendido por completo la compra de títulos, o el de Australia, que ha anunciado el final de su política de control de rendimientos de la curva de tipos.

En una tercera línea, la lista es más larga. Son muchos los países emergentes de América, Asia y Europa los que han elevado sus tipos. Es natural que se cuestione el porqué de esta divergencia, cuando en su origen, al margen de los grados, todos comparten sus causas: virus, disrupciones de suministro, precios de materias primas y energía.

PRECIO Y VALOR

El precio de una divisa no es lo mismo que su valor. Lo saben bien los norteamericanos que encargan la vigilancia del precio del dólar (los tipos de interés) a la Reserva Federal y su valor (el tipo de cambio) al Tesoro. En el corto plazo, los mercados vinculan precio y valor, y a causa de ese vínculo, el dólar se está apreciando frente al euro.

Todo apunta a que efectivamente los norteamericanos se anticipen a los europeos, y si esa ha de ser la razón más evidente, tal y como se deduce del comportamiento de los mercados, entonces lo seguirá haciendo.

Claro que eso no anula que hay muchas otras razones para esperar lo contrario; basta repasar lo que se argumentaba hace bien poco: el tamaño de los déficits en EE.UU., el mayor impacto de la pandemia respecto a Europa por la menor vacunación, la valoración de los activos, la correlación negativa entre materias primas y dólar, o la propia sobrevaloración del dólar respecto al euro. Así de frágiles son las convicciones, pero ahora, cuando cada uno hace lo que cree, poco reproche podrá hacerse a nadie por cómo actúa. Cabe todo, y, al fin y al cabo, es temporal. Es lo que nos dicen.

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