Linda Hudson, presidenta del Bank of America.
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Linda Hudson, presidenta del Bank of America.

Incómodo, pero es lo que hay

Por José Manuel Pazos
martes 21 de septiembre de 2021, 08:47h

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Después del histórico desplome de casi 11 puntos que el mes pasado registró el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad de Michigan, la recuperación de 0,7 puntos este mes casi sabe a gloria, justo en el mes en el que han desaparecido de la cartera de los consumidores estadounidenses la totalidad de las ayudas provenientes de los programas gubernamentales de asistencia al desempleo y al pago de alquileres por el Covid. Sin embargo, no aleja al índice de sus mínimos pandémicos, y por el contrario arroja a su nivel más bajo desde 1980 la confianza para la compra de bienes duraderos, y a sus mínimos nunca registrados el de compra de vivienda. La evolución de los precios y sus expectativas, están dañando esa confianza y los consumidores manifiestan que sus expectativas a largo plazo son las peores en una década.

BUENA PREGUNTA
Ya hablamos del llamativo comportamiento de este índice y lo muy relacionado que aparenta estar con la evolución de los precios, pero ni la Reserva Federal, que se reúne esta semana junto a una pléyade de bancos centrales, ni la administración, que prepara más estímulos fiscales por valor de otros 5 billones de dólares, parecen acusar recibo del mensaje. Los mercados tampoco, o al menos eso parece, y, sin embargo, de 232 gestores de fondos norteamericanos que controlan más de 800.000 millones de dólares en activos y que son encuestados regularmente por Bank of America, solo el 13% espera ahora una economía global más fuerte. Hace un mes la proporción de optimistas era más del doble. Para seguir buscando por barrios, si nos pasamos al de las expectativas de resultados empresariales, los que esperaban que mejorasen hace un mes eran el 41%; ahora son el 12%.

¿Y por qué no se deja ver esto en los índices de los mercados? Buena pregunta, ya que los propios gestores manifiestan estar sobre ponderados en acciones. Es el momento de recordar el concepto de la estrategia TINA (There Is No Alternative) y con la cercanía de final de año, la situación que podemos calificar suavemente como irregular en China, y la muy modesta intención de reducir el ritmo de compras que manifiestan los bancos centrales, que mejor que quedarse en bolsa, porque comprar renta fija con grado de inversión ya lleva tiempo siendo un juego como aquel de pasar el globo a ver a quien le explota, y algo similar ya ocurre que con los bonos HY, que en castellano reciben el irreverente nombre de bonos basura, cuya rentabilidad actual, todo el mundo más o menos informado sabe que no paga, ni de lejos, el riesgo.

ELECTRICIDAD Y OTROS
Mientras, sigue subiendo la luz, que puede aparentar algo relativamente menor si consideramos que este tipo de suministro apenas representa un 3% del consumo familiar en España; pero ni el gas, que según el Banco de España es responsable del 50% del alza, ni los derechos de emisión de CO2, que computan otro 20%, muestran síntomas de tregua. La inflación puede tener hasta un punto porcentual como consecuencia de la factura eléctrica, siempre y cuando las empresas no lo repercutan en sus precios al cliente final, porque entonces el impacto se doblaría.

¿Los contenedores? Eso da para otra crónica, pero no espere nada diferente, al menos hasta el año nuevo chino. No es extraño que los fondos de gestión automática basados en tendencias macro sufran salidas récord, porque no dan una, ni que informes no publicados del BCE apunten a un alza de tipos en menos de dos años. Incómodo, pero es lo que hay.
José Manuel Pazos
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