Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal norteamericana.
Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal norteamericana.

Una pregunta incómoda

Por José Manuel Pazos
martes 27 de julio de 2021, 07:28h

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Hace unos días, en su última comparecencia parlamentaria, en un espectáculo de rendición de cuentas que merece la pena ver alguna vez, el presidente de la Reserva Federal pasó un mal rato. Un congresista por Indiana de solo 37 años le hizo una pregunta sencilla, que cualquier joven medianamente informado podría haber hecho: Sr presidente, ¿me puede explicar cómo este programa de compra de bonos que está ejecutando la Reserva Federal está ayudando a crear empleos y a mejorar la vida de las personas? Acababa de sacarlo de su zona de confort. A partir de ese momento la comparecencia transcurrió en tono incómodo.

DESTRUYENDO LA DEMANDA

La Universidad de Michigan elabora un índice muy conocido que se conoce como Índice de Sentimiento del Consumidor y que, elaborado mensualmente en base a encuestas, es lo más parecido a un PMI para los consumidores. El último se publicaba esa misma semana y la respuesta al congresista podía perfectamente encontrarse en el Índice. Sin un aumento de los salarios comparable, los consumidores señalaban que el incremento del coste de la vida estaba socavando su gasto actual y futuro. Técnicamente, destruyendo la demanda. La encuesta, ofrecía su índice más bajo desde febrero, la valoración de la situación actual era la más baja desde agosto pasado y las expectativas caían al mínimo de cinco meses. El índice de compra de bienes duraderos alcanzaba su nivel más bajo desde abril de 2020, el momento de máxima intensidad de la pandemia, y su actitud respecto a la adquisición de vehículos y viviendas no había sido tan baja desde 1982.

Resulta, que la aplicación conjunta de políticas monetarias y fiscales tan expansivas, parece que llega al punto donde el beneficio marginal de meter más y más dinero en una economía que se ve obstaculizada por restricciones de todo tipo en su oferta, parece estar disminuyendo. ¿Representa este choque entre la microeconomía y la macroeconomía la proximidad de un punto de inflexión en la política de la Reserva Federal? A los mercados no les gusta, pero es lo que hay, y aquellos sectores más sensibles a cualquier amenaza de retirada de liquidez se resienten, y de ahí el descenso acusado de los mercados el lunes. ¿Se quedará esto en un simple ajuste, del que por cierto ya se han recuperado, o es un aviso de lo que está por venir?

NO TAN LEJOS DEL FINAL

De momento, la Reserva Federal continua sin mostrar síntomas de cambio, y desde la Casa Blanca se hace lo posible para poner en marcha todo tipo de medidas de expansión fiscal, probablemente con la vista puesta en las elecciones legislativas de mitad de mandato del próximo año, donde pondría en riesgo su pírrica mayoría actual, comprometiendo así los dos últimos años de su presidencia. La tradición dice, que si durante la presidencia de un demócrata, la economía sufre presiones inflacionistas, su sucesor es siempre un republicano. O la tensión en los precios empieza a frenarse en un horizonte próximo, o las dificultades para seguir ejecutando políticas expansivas será cada vez mayor, tanto porque el tiempo de la Casa Blanca apremia, como porque los mercados pueden percibir que el tiempo de seguir imprimiendo más y más dinero, no está tan lejos de tener un final. Algunos bancos centrales ya deben de sentir el aliento, aunque la nueva ola de contagios ha moderado sus intenciones de freno iniciales (Australia, Canadá, Noruega…) y otros, los emergentes, se ven obligados a pagar más (Brasil, México…). ¿Y el BCE? Ese lleva su propio ritmo, lento, muy lento. ¿Qué recuerda de la reunión del jueves pasado? Pues eso.

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