Truco y susto, o trato
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Truco y susto, o trato

Por José Manuel Pazos
martes 15 de junio de 2021, 06:54h

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Que los bancos centrales más poderosos mantengan su discurso de que los repuntes en los precios son un fenómeno transitorio, es lo que permite a los mercados mantener la calma.

Sin embargo, el llamado “índice de precios del desayuno” que registra las variaciones ponderadas de precio de las ocho materias primas que lo componen, ya sube un 54% desde sus mínimos de 2020. En su búsqueda de hacia dónde dirigir sus apuestas, los analistas lo valoran todo, y discriminan acciones que pueden verse perjudicadas por subidas como esta para reducirlas en sus portafolios.

NO ES UN PROBLEMA DE DINERO

Es una consecuencia aparentemente menor, pero sirve de ejemplo de un mundo en transición acelerada tras una pandemia que está lejos de poder considerarse superada. Según estima el FMI, vacunar al 70% de la población mundial costaría 50.000 millones de dólares, pero aportaría, (coste de vidas al margen) 9 billones al PIB mundial hasta 2025.

No parece una mala inversión, sobre todo cuando solo los tres grandes bancos centrales del mundo imprimen 300.000 millones de dinero nuevo al mes, pero, aunque el presidente norteamericano escribía en The Washington Post que la prioridad de su primer viaje a Europa para asistir a las reuniones del G7 y de la OTAN, era “acabar con esta pandemia”, COVAX, el organismo creado y tutelado fundamentalmente por la OMS para dotar de vacunas a los países menos desarrollados, precisa todavía de miles de millones de dosis para cumplir tal objetivo.

No parece un problema de dinero, ni siquiera de producción, pues según las estimaciones, serán 11.000 millones de dosis las producidas en 2021, y a este ritmo, las farmacéuticas esperan un superávit mundial de vacunas en 2022. Aparenta que los grandes países, o bien acaparan varias veces lo que necesitan, o que se dan fallos obvios en la organización de su distribución. O ambas a la vez.

SOLO ESTA EMPEZANDO

Si resolver un problema aparentemente sencillo parece tan complicado, que decir respecto a la gestión de una transición ordenada a una economía verde o a la imposición de una tasa mínima a las empresas.

Los discursos parecen alejados de la realidad, y mientras los precios del desayuno aumentan sin control aparente, y las disrupciones en las cadenas de suministro no parecen dar síntomas de mejora, los banqueros centrales piden que se mantenga la fe en que esto es transitorio, cuando resulta que apenas llegan al 10% las inversiones necesarias estimadas para alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050. No digamos en 2030, como algunos países pretenden.

Si esto no acaba más que de empezar y ya tenemos estos problemas de descontrol de precios y suministros, ¿podemos confiar en que todo irá bien como prometen?

El dólar apenas se mueve, no sabemos si por susto o por trato, y las medidas que se articulan en China, el país que menos cuentas ha de rendir internacionalmente, son paños calientes, como cuando limitan el acceso a particulares a fondos de inversión que invierten en materias primas, o liberan parte de sus reservas de metales.

El mundo está en transición, pero solo en su fase inicial, y el dinero, creado masivamente y con el ahorro perseguido, se mueve buscando donde colocarse en un mundo global lleno de trucos (fiscales, arancelarios, monetarios…).

El nuevo mundo que queremos no está sino naciendo, y aunque los discursos de los líderes están llenos de buenas intenciones y los bancos centrales prometen que todo irá bien, visto lo visto, es muy difícil que no nos espere más de un susto.
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