Los presidentes del BBVA, Carlos Torres, y del Sabadell, Josep Oliu.
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Los presidentes del BBVA, Carlos Torres, y del Sabadell, Josep Oliu.

Cuando a nadie interesa

martes 01 de diciembre de 2020, 02:35h

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De llevarse a cabo la fusión, canje o compra, como usted quiera, entre BBVA y Sabadell, habría dado lugar a la configuración de tres grandes grupos bancarios en España que concentrarían el 75% de la actividad de este sector.

A salvo de otras concentraciones menores, este proceso hubiese puesto fin a lo esencial de la consolidación pendiente del sistema financiero español, y prepararlo para la deseada consolidación transfronteriza europea que tanto proclama el BCE cada vez que tiene ocasión. La diferencia de capitalización entre las dos entidades, BBVA 26.000 millones frente a los 2.000 millones de Sabadell, facilitan el relato de quién es el pez grande, más aún si como ha sido rumor constante, la posición real del Sabadell era objeto de constantes dudas entre los inversores.

ARENA EN LOS EJES

La digestión nunca hecha de su compra de TSB Lloyds en 2015, es su mayor espina, de la que muchos en el mercado esperan que acabe por desprenderse. Los problemas de integración de sistemas, una constante que los inversores han asociado a las compras efectuadas por la entidad catalana, cobraron una dimensión demasiado grande, poniendo de manifiesto una de las debilidades más comentadas de la entidad. Desde esta perspectiva, su fusión con BBVA cobraba todo el sentido. Forzados por la filtración de las primeras conversaciones, las negociaciones, todavía en sus primeras etapas, tuvieron que hacerse públicas, añadiendo dificultades adicionales a un proceso que siempre es complejo, pero que en este caso se finiquita, aparentemente, cuando ni si quiera han finalizado los trabajos de Due Diligence. Ninguna negociación de este tipo debería de haber trascendido, salvo que una de las partes tenga interés en poner arena en los ejes. Es perfectamente creíble que, en las actuales circunstancias, ni uno ni otro tuviesen un interés real en la transacción, que formalmente ha sido rechazada por Sabadell en base a la ecuación de canje propuesta por BBVA. También es creíble que este avatar forme parte de un proceso de negociación particularmente difícil, por la multitud de aspectos que compromete, y nada impide que pueda volver a ser retomado en condiciones de negociación menos expuestas.

LOS PEORES EN RATIOS DE CAPITAL

Todo esto sirve para recordar que a las dificultades que afronta el sistema financiero europeo se suma, en el caso de los grandes bancos españoles, estar a la cola europea en cuanto a su nivel de capital, a lo que hay que añadir las consecuencias económicas de la pandemia, mucho más duras en la economía española, afectando transversalmente a toda su actividad. Sumemos a ello la expectativa de que los tipos de interés van a seguir como están durante mucho tiempo, y veremos que solo la consolidación bancaria puede alumbrar un horizonte relativamente cercano de estabilización del sector y con ello la de un tejido económico que, pese al avance paulatino de formas de financiación no bancaria, todavía depende en lo esencial de los bancos para su financiación.

Muy probablemente el BCE permita a la banca reanudar el reparto de dividendos para atraer capital, pero el grueso del ajuste bancario, hasta ahora soportado por sus accionistas -solo desde principio de año Sabadell ha perdido el 80% de su valor en bolsa- lo sufrirán su estructura y sus clientes. Con la suspensión de esta operación, el cuadro definitivo del sistema financiero español continua inconcluso y entra débil en uno de los años más difíciles para la economía española en décadas.

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