Vais a palmar
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Vais a palmar

viernes 26 de junio de 2020, 20:11h

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Sé que no está bien visto hablar de los muertos así que hablaré de los vivos que al final también la van a palmar, pero esta vez no me voy a referir sólo a los que incumplen las reglas de distancia social, uso de mascarillas e higiene de manos – que ya de paso algunos también podrían ducharse – sino de los que están todo el día acojonados y encerrados en su refugio maldiciendo a la chavalería que anda en botellones.
Hay momentos en los que hay que pararse a pensar por qué suceden cosas que hoy nos resultan incomprensibles, y lo único que tenemos que hacer es echar la vista atrás y recordar lo que hacíamos cuando teníamos un porrón de años menos y Jarcha cantaba aquello de…

” Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana
Y no es posible que así pueda haber
Gobierno que gobierne nada”.

Esos viejos de antes han sido sustituidos por los mayores de hoy que viven entre un ay y una blasfemia, porque es la única forma que tienen de expresar su protesta miedosa, y lo hacen desde la asepsia que rodea al ordenador que utilizan como una AK44 contra los alegres suicidas.

Lo normal sería que practicasen algo de justicia distributiva e incluyeran entre sus anatemas a los cuarentacincuentones que también se saltan las normas de distanciamiento y se ríen como si como hubieran recuperado la osadía perdida, pero es mentira. No son tan valientes ni arriesgados porque no se atreven a consumar la faena debido a que su subconsciente asocia el sexo al último suspiro y se conforman con emborracharse.

Mientras tanto los morituri, obsesionados por miedo a engrosar la lista imprecisa de fallecidos con o sin nombre, no cesan en su campaña contra los que intentan cobrarse antes de que sea tarde la cuota de placer o la sensación de libertad que creen que la vida las debe, como tal vez los viejos de hoy hicieron o hicimos cuando éramos jóvenes ante otras situaciones de riesgo.

A estas alturas no creo que la gente esté desinformada pero no ha visto el rostro de la muerte. Han escuchado o leído cuáles son los riesgos pero las televisiones nos les han mostrado un ataúd ni han escuchado los tétricos lamentos de los que se morían en las Unidades de Cuidados Intensivos.

Una ola de miedo, irresponsabilidad y amnesia se mueve entre nosotros como si fuese un tsunami en cuyas aguas cada uno nada como puede, aunque carece de certeza sobre cuál va a ser su final. Ni estas líneas que estoy escribiendo ni las protestas airadas de los que sienten más miedo sirven para modificar algunas conductas

Por más que nos empeñemos el mundo no va a cambiar porque nos haya visitado un nuevo fantasma con su guadaña en forma de un virus , que como no distingue entre tontos y listos, buenos y malvados acabará haciendo, a su manera, una cierta justicia distributiva.
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