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La nube tóxica que impide hablar de la España real
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La nube tóxica que impide hablar de la España real

viernes 18 de octubre de 2019, 19:47h

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En tres semanas iremos a elecciones y los partidos tendrían que estar hablando de pensiones, paro, sanidad, emigración....pero el problema catalán lo inunda todo

Estaba en el horizonte y era muy negra. Pensar que tras la sentencia del Supremo la vida política no se iba a contaminar por entero de las particulas que iba a emitir la nube tóxica catalana era un disparate. Iremos a las urnas dentro de tres semanas con las máscaras anticontaminación puestas.

Tendrían que estar hablándonos de las pensiones y de su, al parecer, incierto futuro por el aumento imparable de españoles que viven más allá de los ochenta años, pero no.

Tendrían que estar hablándanos de ese paro endémico que se resiste a bajar de los dos dígitos pese a contabilizar como trabajadores a aquellos que apenas consiguen trabajan unas horas a la semana, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la sanidad pública y de cómo abordar y pagar la cada vez mayor factura de la misma por el envejecimiento de la población y por la competencia de los seguros privados, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la cada vez más acuciante necesidad de mejorar la educación en todos sus niveles, desde la primaria a la universitaria pasando por la formación profesional, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de las consecuencias para España, su economía y sus empresas del Brexit británico y los aranceles norteamericanos, y de las medidas que se tienen previstas para minorar sus efectos, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la seguridad ciudadana y en especial de la seguridad de las mujeres antes unas cifras que no paran de crecer año tras año mientras baja la edad de los que la practican en alguna de sus formas, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la emigración, de la legal y de la ilegal, de la que lleva con contratos de trabajo - una minoría - y de la que llega en las pateras que salen del norte de Africa, pero no.

Tendrían que estar hablándonos del cambio climático y de sus consecuencias para todos los habitantes del planeta y en especial para los que vivimos en este país llamado España, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la solidaridad territorial, de la solidaridad generacional, de la necesidad de planificar mejor las ciudades para combatir el encarecimiento de la vivienda hasta límites que impiden su acceso a los más jóvenes, pero no.

Tendrían que estar hablándonos de la concilación familiar, de la igualdad salarial entre hombres y mujeres, de la contaminación en nuestras ciudades, de los controles alimentarios, de todo asquello que constituye el día a día de los 47 millones de habitantes de España. Y no lo hacen.

Cataluña, el problema catalán, que es un problema y es endémico lo inunda todo. Elección tras elección los dirigentes políticos no saben cómo salir de esa espiral en la que los problemas reales de los españoles, vivan en Murcia o en Gerona, en Badajoz i en Barcelona, desaparecen bajo la enorme manta que han fabricado con paciencia y falta de escrúpulos unos políticos independentistas para justificar sus deseos frente a la mestiza y renovadora ciudadanía catalana.

Es cierto que han contado con la miopía y el interés electoral y de gobernanza de todos, todos, los gobiernos del estado, desde Adolfo Suárez a Pedro Sánchez, con especial incidencia en aquellos que necesitaron del apoyo parlamentario de las minorías nacionalistas para lograr su investidura y la aprobación de los Presupuestos Generales.

El nuevo Estado que salió de las entrañas del franquismo ( Franco murió en la cama tras 36 años de gobierno omnipotente ) no ha sabido resolver el problema de los tres territorios que han tenido y tienen una lengua propia, una cultura propia y hasta una identidad histórica diferenciada, que no quiere decir independiente pues nunca lo han sido.

El día 10 de noveimbre vamos a votar en toda España con la nube tóxica de Cataluña sobre nuestras cabezas. Los candidatos van a insistir una y otra vez en el problema catalán y van a dejar a un lado el resto de los temas, los que deberían servirnos a los votantes para decidir que nombres y que siglas metemos dentro de las urnas.

Es triste esa realidad, ahora ampliada con la visible y dura violencia callejera. Si el gobierno en funciones de Pedro Sánchez aplica medidas de excepción, sea cual sea el artículo que las justifique estará dando votos y escaños a la derecha. Y si no lo hace, tambien. Está cogido en una trampa que el mismo se ha fabricado desde el 28 de abril, por más que los materiales poara la misma los fabricaran los gobiernos de Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.

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