La tortuga española necesita cambios y dimisiones
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La tortuga española necesita cambios y dimisiones

lunes 02 de julio de 2018, 18:19h

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La marca España por los suelos ante el Rey que había ido a ver ganar o a perder con honor en la batalla. Se perdió por falta de juego, por falta de estrategia, por falta de alternativas, por falta de casi todo


El 13 de junio comenzó el desastre. No llevaba un mes al frente de la Federación y Luís Rubiales sufrió un ataque de soberbia, celos y rabia que le llevó a cesar al entrenador de la Selección, Julen Lopetegui, que acaba de hacer público que tras el Mundial se convertiría en el nuevo entrenador del Real Madrid. Ni el por entonces responsable de la Selección, ni el aún presidente, ni el todopoderoso presidente del Real Madrid pensaron en España y mucho menos en los 23 jugadores que tenían el reto de conquistar un Mundial.

Florentino Pérez y Julen Lopetegui podían haber esperado al final del Campeonato para hacer público su acuerdo. No lo hicieron y pecaron de egoísmo, pero era un “pecado venial”, de baja intensidad. La reacción de Rubiales, desproporcionada y vanidosa auguraba la tragedia. Se cumplió el pronostico y pudo haberse cumplido antes. Pasamos de la fase de grupos con muchos apuros y la misma falta de juego que nos ha llevado a un nuevo fracaso.

La marca España por los suelos ante el Rey que había ido a ver ganar o a perder con honor en la batalla. Se perdió por falta de juego, por falta de estrategia, por falta de alternativas, por falta de casi todo. España era una tortuga que se estrellaba contra dos muros. Rusia salió desde el minuto uno a no jugar, a esperar el milagro de una contra o a llegar a los penalties y que la suerte decidiera. España salió a no perder, temerosa, rácana de juego, ensimismada en cientos de pases horizontales que no llevaban a ningún sitio. Sin argumentos, sin saber qué hacer antes dos líneas de cinco defensores más altos y más fuertes. Perdido Costa, perdido Asensio, perdido Silva. Queriendo y haciendo casi todo isco. Nerviosos Ramos y Piqué. Ausente y asustado De Gea. Un desastre. Y un entrenador de circunstancias que ni sabía, ni se atrevía a romper la monótona y cansina forma de jugar de los españoles. El famoso tiki-taka ha muerto y hay que enterrarlo lo más rápido posible.

España ha fracasado y hay culpables, por supuesto que los hay. Deben asumir su responsabilidad y si no lo hacen obligarles a que lo hagan. El primero de ellos es Luís Rubiales. Ganó unas elecciones que significaban el fin de 30 años de “villarismo” y ha perdido a las primeras de cambio todo el crédito que tenían sus promesas. Debe marcharse por dignidad, por decoro y por cumplir con lo que dijo: una nueva etapa. Es verdad que hay que iniciar un nuevo tiempo en el futbol nacional, pero sin él al frente.

Demos por dimitido a Fernando Hierro. Cargado de tantas buenas intenciones como falto de sabiduría frente a los problemas que se plantean en el campo. El máximo representante de una forma de entender y practicar el futbol como es Andrés Iniesta se marcha. Y se marcha con el jugador manchego esa forma de mantener el balón y no tirar a puerta. La máxima del futbol es el gol. España no sabe meter goles, los jugadores que están en la selección no saben o no les dejan meter goles. Basta con ver la tabla de goleadores de nuestra Liga para comprobar que los que la encabezan son argentinos, uruguayos, portugueses y franceses. Y que el primer español que aparece y que debería ser la referencia en la selección se pass en el banquillo el 90 por ciento de su tiempo. Así nos va.

La derrota y el adiós a Moscú deben tener consecuencias. Rubiales se tiene que ir. No quiere y buscará excusas y cabezas en las que descargar su pésima gestión. Se le tiene que echar, por las buenas o por las malas. Aquellos votos frente a Larrea no sirvieron para nada. Si no quiere pasar por mentiroso y mal gestor lo que debería haber hecho es presentar su renuncia en la misma tarde del domingo.

Está luego todo lo que hay que hacer, que es empezar desde cero. la forma de jugar está vieja y no sirve. Basta con ver lo que hace Francia, lo que hace Dinamarca, lo que ha hecho Croacia y lo que hace hasta Brasil. Juego más directo, con menos pases y más decisivos. Un futbol con mucha más potencia y menos adornos. Ya no tenemos la mejor defensa del mundo - nunca la tuvimos - pero sonaba bien. Ni el mejor centro del campo, ni mucho menos la mejor delantera. Tenemos el resultado de una competición liguera y de una filosofía del clubs en la que el dinero y los fichajes priman sobre cualquier otra consideración. Desde el punto de vista comercial puede que sea imposible de cambiar, pero desde el punto de vista nacional es un desastre.

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