El presidente de la mayor gestora del mundo, con catorce billones de dólares en su cartera de inversiones, Larry Fink, se ha empeñados en demostrar al presidente del PP y a su equipo de confianza que le gusta estar en España, que tiene invertidos en nuestro país cien mil millones de dólares, que le debe mucho a Ana Botín y a Ignacio Sánchez Galán y que su presencia en 69 empresas y entidades financieras va a continuar. El Santander le proporciona diez mil millones de beneficio a su 6% del banco, e Iberdrola otros ocho mil a ese otro 6% que mantiene en la energética.
Black Rock, al igual que Vanguard y el resto de los grandes fondos mundiales, se basan para sus inversiones en la situación económica y la visión de futuro, por encima de las ideologías y la situación de los partidos.
Los datos de paro y de deuda pública y privada de España son mejores, comparativamente, que los de Gran Bretaña, Alemania, Francia o Italia, para no mencionar a todos los que integran la UE, cuyas gobiernos se enfrentan a serios problemas estructurales en el inmediato futuro. En sus medios de comunicación no aparecen todos los días escándalos de corrupción como sucede aquí, pero cuando aparecen son mucho mayores que los de nuestro país y con proyección hacia el Gobierno.
Si se analizan las medidas que están tomando los responsables políticos en Alemania (con un gran aumento en materia de Defensa y una reducción considerable de las políticas sociales y mayores controles en la emigración), junto a la montaña rusa en la que está atrapado el Gobierno francés, las medidas más que posibles que tanto el Premier Starmer, como el canciller Mertz, junto a la primera ministra Meloni y el presidente Macron se explican por el miedo a perder sus sillones tras las elecciones generales que se celebrarán dentro de un año.
Es muy posible que a Pedro Sánchez y al PSOE les ocurra lo mismo, a la vista de lo que está ocurriendo en las autonomías en las que se han celebrado comicios y en las proyecciones de los sondeos, pero ese es el pan nuestro de cada día y lo sorprendente sería que el presidente del Gobierno consiguiera reunir a la misma mezcla de partidos que le llevó al poder en 2018 y lo mantiene desde 2023. La derecha española, representada por el Partido Popular y Vox, cuenta en estos mmentos con una gran ventaja. La suma de votos y escaños no alcanza, ni de lejos, la mayoría absoluta de la que gozó Sánchez para su llegada a la Moncloa.
Cada subida de un punto para el PSOE reduce en mucho más la capacidad de las formaciones que tiene a su izquierda. Podrá contar con los apoyos, caros y pactados, de los nacionalismos vascos y catalanes, pero sin los 31 escaños que consiguió la mezcla de Sumar mantenerse en La Moncloa será imposible, por más distancia que se mantenga con los Estados Unidos de Donald Trump y buena imagen que mantenga Sánchez dentro de la Unión Europea y sobre todo en una gran parte de Hispanoamérica, de Africa y, por supuesto, en Asia. Los desequilibrios globales le favorecen pero las percepciones dentro de España son otras. Y es aquí donde se vota y se eligen los parlamentarios.