El resto de acusados seguirá en las mismas condiciones judiciales que tenían tras trece años de sumario, que comenzó con el juez Pablo Ruz tomando declaración a Victoria Álvarez, la ex novia del primogénito de la familia Pujol, que aseguró que viajaba a Andorra con bolsa cargadas de dinero y que explicarían la fortuna acumulada en el pequeño país de los Pirineos. Basta con ver las imágenes del que fuera, sin ninguna duda, uno de los protagonistas de nuestra democracia en sus primeros años, para preguntarse si no había otros caminos para llegar a la misma conclusión sobre su estado mental y sus capacidades para afrontar un juicio que será largo.
La enfermedad del olvido se asienta en la edad y el deterioro cerebral que sufrimos los seres humanos al envejecer. Nuestra memoria, la de todos, utiliza para su funcionamiento una red neuronales de cien billones de conexiones que se establecen entre los 86.000 millones de neuronas que tenemos en el cerebro, capaces de establecer desde el hipocampo, el neocortex cerebral, la amígdala y el cerebelo ese complejo mecanismo de los recuerdos, tanto los más próximos como los más lejanos.
Ese deterioro de la memoria ocurre por el solo paso del tiempo pero también por alguna enfermedad, que suele estar unida al Alzheimer y que desemboca en la mayoría de los casos, con mayor o menor rapidez, en la destrucción celular, la demencia y las dificultades para llevar una vida independiente y sin necesidad de ayudas por parte de familiares o sanitarios.
El cerebro deja de funcionar con normalidad y esos millones de uniones entre las neuronas que cumplen la misión de almacenar y procesar los recuerdos se rompen en algún tramo del proceso. A veces por causas genéticas, otras por “desgaste de los materiales” que se alejan en el hipocampo principalmente, pero en las relacionados con la vida pública están apareciendo con una frecuencia preocupante cuando los protagonistas se enfrentan a las situaciones límite de sentarse ante un tribunal.
Lo acabar de confirmar varios exdirigentes de anteriores gobiernos del Partido Popular, la última la que fuera vicepresidenta con Mariano Rajoy y máxima responsable desde el palacio de La Moncloa del CNI y de los servicios secretos, Soraya Sáenz de Santamaría, quien siguiendo lo detectado en su antiguo jefe y en su competidora dentro del Gobierno y el PP, Dolores Cospedal, también ha mostrado señales inquietantes de su pérdida de memoria, como si esta dolencia fuese producto de algún virus, bacteria o enfermedad que ataca a la clase política en determinadas condiciones o situaciones de tensión psíquica.
De confirmase el síndrome político del olvido, el actual presidente del Gobierno y Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez, así como sus principales colaboradores de antes de llegar al poder y durante sus años de máximo esplendor, deberían someterse a los varios tipos de prueba que existen para evitar que les afecte de forma implacable. La evaluación de la memoria por Resonancia magnética o Tomografia es bastante común en los hospitales, al igual que lo son el Electroencefalograma con sus claves conectados a un casquete que rodea la cabeza. Tal vez, para evitar los sustos innecesarios y tiempo, pueden hacerse un Test de Memoria y saber si están en alguna fase temprana del Alzheimer o sus pérdidas evidentes de lo que han vivido y protagonizado no hace muchos años obedece a otras causas. Test que van desde los tres minutos que se tarda en un Mini-Cog al MoCa que requiere un mínimo de quince minutos. Nada que no puedan programas dentro de sus apretados tiempos de gestión de la vida pública.