El número de muertos en Gaza , en Cisjordania, en Líbano y en Irak, con la destrucción del futuro para millones de personas deberían movilizar las conciencias de todos los dirigentes políticos, de todas las instituciones, con la ONU a la cabeza, pero no lo hacen. La moral, la solidaridad, la justicia se inclinan ante el poder del más fuerte. Vuelve a vencer la economía y vuelve a perder la dignidad.
Sin la última de las atrocidades las miles de víctimas de Palestina se estarían olvidando, al igual que lo hacen las de Ucrania y las que no aparecen en los medios de comunicación sobre los enfrentamientos civiles en varios países de África, y apenas se menciona al nuevo choque entre Pakistán y Afganistán.
Sànchez y el conjunto de la izquierda perderían en las urnas y sería la doble derecha quien gobernara dentro de un año. Es la crisis mundial la que ha despertado al electorado con su “no a la guerra”. Los problemas nacionales como las pensiones, el paro, la sanidad, los transportes, la educación o la vivienda no son suficientes. Eso al menos es lo que parece.