Castilla y León se sumará a los problemas que, dentro de la derecha, tienen ya el PP y Vox. El primero necesita al segundo y el segundo le pone un precio muy alto por su apoyo al primero. Si no logran el acuerdo tendrían que repetirse las elecciones, algo que puede enredar aún más el mapa político español ya que podrían coincidir esos segundos intentos con las elecciones en Andalucía. Ese es el único problema de las dos derechas, que se pelean por imponer sus programas y obtener los mayores réditos posibles en el reparto de los puestos de gobierno.
De los ocho partidos y grupos que obtuvieron representación hace cuatro años, lo más seguro es que un de ellos, Ciudadanos, desaparezca, y que los muy provinciales, como son Por Avila (1), Soria Ya (3) y Unión del Pueblo Leonés (3) tengan resultados muy diferentes. UPL podría aumentar, al igual que lo ha hecho en Aragón la Chunta, mientras que los representantes provinciales de Soria se distancien de sus colegas de Avila. Un Parlamento con menos siglas pero con igual resultado global. A Fernández Mañueco le gustaría mantenerse en los 30 escaños como mínimo y que tanto UPL como Soria Ya llegaran a seis cada uno, lo que le daría un margen para negociar con Vox. Sobre el papel ese escenario es posible. Lo real es que sea la formación de Abascal la que imponga sus condiciones de gobierno, sobre todo si en lugar de los 13 escaños que consiguió, el 15 de marzo se acerca los veinte, como contnuación del fenómeno sociológico que vivieron en Extremadura y Aragón.
Los que no tienen ninguna posibilidad son los socialistas de Carlos Martínez. Mantener los 28 asientos en el Parlamento aparece como un sueño lejano, sobre todo teniendo en cuenta el desgaste que el accidente de Adamuz y el problema nacional de los trenes ha supuesto para el actual ministro de Transportes y ex alcalde de Valladolid, Oscar Puente, algo que desde el PP y Vox van a aprovechar durante todo el periodo de campaña electoral. Ni Sumar, ni Izquierda Unida existen y el Unidas Podemos del 2022 es ya un sueño pasado. La división se mantiene y hasta se agudiza sin que ni Maillo, ni Yolanda Díaz, ni Belarra estén dispuestos a negociar sus posiciones. Prefieren la muerte política de sus siglas antes de admitir el liderazgo de la actual vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez.
Será la tercera derrota autonómica del PSOE, si que ese hecho vaya a afectar la decisión de Sánchez de mantener la actual Legislatura hasta el final de la misma, en el largo verano de 2027. Su razonamiento es muy simple: no vamos a gobernar donde ya no gobernamos, no perdemos nada; y esa suma del PP y Vox, con sus choques internos nos favorecerá en la Primavera de 2027, cuando el resto de Autonomías y sobre todo los Ayuntamientos tengan sus propias elecciones. Sobre esos futuros mimbres basa el presidente del Gobierno su estrategia política. Mientras tanto los ataques más duros y con menos altura política y más carga personal se mantendrán en las Cámaras Legislativas y en la calle.