Scott Bessent., secretario del Tesoro norteamericano.
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Scott Bessent., secretario del Tesoro norteamericano.

Una apuesta deliberada

martes 10 de febrero de 2026, 04:25h

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El binomio entre el nominado a presidente de la Reserva Federal y el secretario del Tesoro va a representar en EEUU una forma distinta de entender el poder económico. Desaparecen los complejos a la hora de utilizar todos los resortes disponibles para alimentar y sostener el crecimiento. Y esto no es casual. Responde a una apuesta deliberada.

¿ES LO QUE ESPERA TRUMP?

El secretario del Tesoro encarna la estrategia desde el lado fiscal. La retórica inicial de disciplina ha dejado paso a una política expansiva: rebajas fiscales en marcha, desregulación bancaria para liberar capacidad de crédito y una gestión de la deuda pública centrada en el corto plazo. El objetivo es mantener viva la demanda interna y contener los tipos de interés a largo plazo. No se busca simplemente crecer más, sino hacerlo sin restricciones visibles.

En ese marco, la figura del nominado a presidente de la FED podría interpretarse como un freno. Con reputación de “halcón” y el antecedente de su rechazo a la expansión del balance de la Reserva Federal, invita a pensar en un ortodoxo monetario. Aquí puede radicar el error. ¿Acaso es lo que espera Trump? Acostumbrados a descalificarlo como ignorante, cabe que haya elegido extraordinariamente bien, y no para dar satisfacción a los que temían un asalto al banco central, sino algo más sibilino, conseguir que su deseo de estimular el crecimiento se revista de legitimidad institucional. Si alguien con credenciales baja los tipos, será porque este recorte se puede justificar apoyándose en mejoras de productividad futuras o en un entorno global incierto.

El riesgo no está tanto en un repunte inmediato de la inflación, sino en algo más sutil: el progresivo desgaste de credibilidad de la FED mientras se va erosionando el anclaje institucional. Ese deterioro no se manifiesta de golpe, pero suele acabar reflejándose en la parte larga de la curva, en primas de riesgo más elevadas o en un dólar menos estable. Los mercados pueden tardar en reaccionar, pero no son indiferentes.

UN MUNDO MÁS ASIMETRICO

Europa ofrece hoy una imagen contrapuesta. Empiezan a aparecer señales de recuperación más sólidas: mejora de la demanda interna, reactivación del crédito bancario y una política fiscal más activa, con Alemania como principal motor potencial. Ahora, la fortaleza del euro preocupa menos y es que los datos apuntan a una economía que gana tracción. El BCE se permite el lujo de no tener que alimentar expectativas de nuevos estímulos.

Sin embargo, y a diferencia de EE.UU., Europa depende de la confianza. Sigue condicionada por una limitación estructural que Estados Unidos no tiene. Su fortaleza depende de la confianza: en las reglas, en la previsibilidad jurídica y en la neutralidad de sus instituciones. Mientras EE. UU. se permite experimentar y asumir riesgos porque desde su posición actual controla los principales resortes del sistema financiero global, la zona euro avanza cuando se mantiene fiel a su promesa de estabilidad. Cada desviación, por pequeña que parezca, tiene aquí un coste mayor.

En esto reside el contraste de fondo. El binomio entre la FED y el Tesoro no anuncia una crisis, pero sí refuerza un mundo más asimétrico. Uno en el que los norteamericanos utilizan su poder para empujar los límites, y en el que Europa progresa solo cuando evita cruzarlos. No es un choque inmediato, sino una diferencia de enfoque que, con el tiempo, acaba marcando el terreno de juego.

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