Delcy Rodríguez, a su hermano, Jorge, que preside el Parlamento, y a las dos personas que mandan en las Fuerzas Armadas de Venezuela,
Diosdado Cabello y
Vladimir Padrino, les han bastado 48 horas para olvidarse de Nicolás Maduro y aceptar todas y cada una de las exigencias que en nombre de Trump les ha recordado Marco Rubio, el Secretario de Estado del presidente norteamericano y el hombre que, junto al vicepresidente, van a mandar, con un equipo elegido por ellos. La “amiga” política y personal de Sánchez y de Rodríguez Zapatero, la vicepresidenta a la que no dejaron entrar cargada de maletas n España y tuvo que reunirse, casi en secreto, con el hoy encarcelado José Luís Abalos en Barajas, se ha convertido en la obediente interlocutora de Washington.
¿Por cuánto tiempo?, es la pregunta. Por el tiempo que necesiten Trump, su equipo y las grandes compañías petrolíferas norteamericanas para repartirse la mayor reserva de crudo del mundo, con el consiguiente impacto en los mercados y en la economía del resto del mundo, desde China a España, con Repsol como una de nuestras empresas obligada a moverse con rapidez y negociar con los nuevos dueños de esa materia prima, como lo tendrán que hacer el resto de compañías y bancos españoles, desde el BBVA a Mapfre o Air Europa y con Telefónica a la cabeza de todas ellas.
Para Donald Trump por delante de la defensa de los valores democráticos en Venezuela y la detención de Nicolás Maduro estaba y está el control de los recursos naturales, en este caso el petroleo, al igual que ocurre en otros países del Cono Sur americano. Es tan sencillo de entender como el mensaje electoral que llevó al magnate inmobiliario a La Casa Blanca, “America First”, América, la suya, primero; el resto muy después. USA necesita a Delcy para evitar que una conflicto interno y una resistencia por parte del poder bolivariano, que lleva gobernando Venezuela desde Hugo Chávez, obligue a intervenir militarmente a los quince mil soldados que acompañan al despliegue naval que está frente a las costas con su mayor portaviones nuclear al frente.
No se trata de Democracia, se trata de negocios y de evitar que Estados Unidos se declare en bancarrota por el trillón de dólares de su deuda pública y que pierda su clara hegemonía mundial. También, una forma de defender Trump su situación interna en Norteamérica, con una caída de su popularidad entre la población, con el Partido Demócrata a la espera de poder revertir en las próximas elecciones legislativas el poder republicano (el presidente va a explicar a su partido la actuación en Venezuela, pero fuera del Congreso y sin presencia demócrata) y con los archivos de Epstein como espada sobre su cabeza. Un voto más en el Congreso y se podrán hacer públicos los que aún no se han hecho y que pueden afectarle de forma más directa.