El poder en el PSOE ya ha cambiado de manos

martes 21 de octubre de 2014, 21:41h

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El poder en el PSOE ya ha cambiado de manos

El Congreso de los socialistas andaluces confirma que el poder dentro del PSOE ya ha cambiado de manos. No lo tienen el madrileño Perez Rubalcaba y su guardia pretoriana, no lo tiene la catalana y distante Carma Chacón, no lo tienen los vascos Eduardo Madina o Patxi López, todos ellos perdedores en las últimas elecciones; lo tiene la sevillana Susana Díaz. Desde este fin de semana y cumpliendo todos los pronósticos domina y manda, con mano de hierro dentro de guante de seda, en la principal Agrupación del PSOE patrio y gobierna en la principal de las Comunidades autónomas de España. Si ella quisiera, Rubalcaba tendría que dimitir en cuestión de días, pero no quiere.

A la presidenta de la Junta de Andalucía y Secretaria General de los socialistas no le interesa desatar ahora el debate de la sucesión o no del ex vicepresidente del Gobierno con Rodríguez Zapatero, ni por sus propios tiempos políticos, ni por la estabilidad interna de su partido y el papel que juega en ese factor básico para aspirar a gobernar. Tiene por delante un calendario andaluz en el que su propia victoria debe ser la palanca definitiva para empresas de calado nacional. Y ese calendario tiene que amoldarse al de las futuras elecciones generales.

Mantener a Rubalcaba en su actual puesto es una buena premisa. Se mantiene como candidato y gane o pierda ( más probable lo segundo que lo primero) deja abierta la sucesión para nuevos rostros no contaminados por la política nacional. Si en lugar del secretario general del PSOE las Primarias colocarán a otro rostro en el cartel socialista las posibilidades de victoria serían también pocas, con lo que el mismo análisis y las mismas consecuencias que con Rubalcaba sería la base de partida.

Su tiempo, el de Diaz, no son las elecciones de 2015, son las siguientes. Tendría entonces 45 años, experiencia de gobierno acreditada, triunfo personal en su tierra, y un evidente liderazgo dentro del PSOE que resultaría evidente. Por supuesto que la estrategia de espera tiene sus problemas, pues el tiempo político corre muy deprisa y están apareciendo otros actores en escena, como son Rivera y sus Ciudadanos o el Movimiento Civico, además de Rosa Díaz y UPyD, pero si se mantiene el bipartidismo imperfecto en el que estamos, su futuro estaría bien asegurado. Salvo que los escándalos internos de su partido con los ERES acaben también con su figura.

Toda su experiencia política está dentro del PSOE. Ha hecho su carrera muy pegada al aparato del partido, conoce su funcionamiento, sus resortes de poder, el cómo y el cuando de las batallas internas y hasta dónde llegan las ambiciones de unos y otros. Ha tenido la cintura suficiente como para poner o aceptar o ambas cosas a Micaela Navarro de presidenta del PSOE andaluz, un guiño a la integración de las distintas corrientes que se mueven desde Cádiz a Almería y con la que puede recuperar una buena parte del poder provincial y territorial perdido. Y no le tiembla la mano a la hora de cortar cabezas, eso si con mucha delicadeza y sin que se vea la sangre.

Su gran asignatura pendiente no está en el poder y control interno del PSOE a nivel nacional. Eso llegará de forma natural si logra que el gobierno de Andalucía funcione, si logra pasar página al escándalo de los Eres y la financiación ilegal, si logra que el PP pierda una buena parte de lo ganado en las últimas elecciones autonómicas, si mantiene su relación con IU sin que la coalición le robe sus votos. Algunos ya quieren compararla con Felipe González y la refundación que el ex presidente hizo del PSOE salido de la República y la Guerra Civil. Veremos si es así o si todo lo vivido en estos dos últimos meses es tan sólo un sarpullido de juventud otoñal.

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