La amnistía convierte España en “La Malquerida” y se castiga a la Monarquía.
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La amnistía convierte España en “La Malquerida” y se castiga a la Monarquía.

lunes 30 de octubre de 2023, 22:49h

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El sábado, Pedro Sánchez conseguía el apoyo total del Comité Federal del PSOE para “ en nombre de España” aprobar una amnistía para todos los condenados por los hechos ocurridos el uno de octubre de 2017 en Cataluña. El domingo en Málaga, Alberto Núñez Feijóo reunía a varios miles de personas en nombre de España, en contra de esa misma amnistía. Lo mismo que hacía en Madrid Santiago Abascal, también en nombre de España. En apenas tres meses nuestro país se ha convertido en “ La Malquerida “ que escribió Jacinto Benavente nueve años antes de que le dieran el Premio Nobel.

Tenemos 17 Españas, cada una empeñada en diferenciarse de las otras, con 17 historias diferentes sobre un pasado que deja de ser común para adecuarse a las versiones que más interesan a los distintos grupos políticos. En aquel gobierno de Adolfo Suárez con Manuel Clavero como ministro para las Regiones cuando se estaba redactando y votando la Constitución, no se dieron cuenta del enorme boquete que estaban creando por querer unir dos realidades incompatibles.

Por no romper de forma radical con el franquismo que existía, sobre todo dentro de las Fuerzas Armadas, y al mismo tiempo recuperar el esquema territorial que deseaba implantar la II República, se metieron de lleno en el llamado “Estado de las Autonomías”, una especie de federalismo de hecho que no de derecho del que, cuarenta y cinco años más tarde, han surgido todos los problemas estructurales de hoy.

Aquello fue un error, bienintencionado pero un error. No se pudo corregir y se han ahondado las diferencias entre las 17 Autonomías hasta limites grotescos. Los dos caminos que estableció la Constitución para “respetar “ los llamados “derechos históricos” de Cataluña, Euskadi y Galicia - a los que se unieron los de Andalucía por la insistencia de Rafael Escuredo - puede que valieran para el primer tercio del siglo XX pero no para el siglo XXI.

Nadie quiere tener menos derechos que su vecino, ni está dispuesto a recibir más cargas fiscales y menos inversiones. Esta España de hoy necesita una refundación en profundidad y lo mejor es que todos los que tienen algún poder público, por pequeño que parezca y por grande que quieran imponer, trabajen en la misma dirección.

Llenar de banderas españolas para atacarse unos a otros, justo 48 horas antes de que se abra una nueva etapa de futuro en la Monarquía, con una jura de la Constitución por parte de la Princesa Leonor, llamada a ser la primera Reina constitucional de nuestra historia tras el cambio radical que hizo su padre del propio sentido de la Casa Borbón al casarse con una “plebeya”, que ha conseguido entre luces y sombras renovar la imagen un tanto arcaica de la institución, al igual que han hecho el resto de las monarquías europeas. Para entender el papel que puede y debe jugar Leonor de Borbón y Ortiz en el entramado y la estructura de España hay que mirar lo que llevan haciendo desde 2014 sus padres, cuando.

El Rey Juan Carlos decidió abdicar para alejar sus escándalos personales de la Institiución que representaba y que, se acepte mejor o peor por los distintos partidos y las distintas ideologías, hizo posible que en apenas año y medio tras la muerte De Francisco Franco se pudiese votar a todos los colores, desde el más rojo al más azul, en las elecciones de 1977.

Un país que se acepta a sí mismo, con lo bueno y lo malo, no debería dejar fuera de un acto como el que se va a celebrar en las Cortes Generales, al Rey que inició esta nueva España. Se lo podían y debían criticar todos sus defectos, pero a la hora de hablar de la Jefatura del Estado encarnada en la Monarquía, la presencia de los primeros Reyes, Juan Carlos y Sofia, no se deberían reducir a un acto privado y familiar.

Es un castigo que se hace a las personas, a las familias y a todo el país. Se puede ser monárquico o republicano y defender un modelo de Estado que recoja esos principios pero mientras se mantenga la actual Carta Magna es ilógico que se penalice a una de sus partes fundamentales.

Nuestra España de hoy comenzó su andadura con una gran amnistía como única forma de avanzar en su futuro. Al margen de si Pedro Sánchez la propone ahora para los dirigentes del Procés para asegurar su mayoría absoluta en el Congreso y mantenerse en el poder, lo importantes es que desde la oposición externa de PP y Vox y desde la interna de Sumar, PNV y Bildu (y del resto de fuerzas partidistas) se asuma que es un buen momento para que la generosidad política y no las venganzas personales y de grupo, recuerden que que una obra teatral de hace ciento diez años , “La Malquerida” no puede ser y convertirse en la foto fija de este siglo.

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