Ucrania: Putin ofrece tablas y Biden busca el jaque mate
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Ucrania: Putin ofrece tablas y Biden busca el jaque mate

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En la bélica partida de ajedrez que están librando en el tablero de Ucrania Rusia y Estados Unidos se está llegando al final. Vladimir Putin está ofreciendo tablas a su adversario. Joe Biden busca el jaque mate. Al igual que sucede con el juego, las combinaciones posibles antes de comenzar la partida son infinitas, pero al ir moviendo las piezas esas combinaciones se reducen hasta dejarlas en muy pocas. Estamos en ese momento. El inquilino del Kremlin ya ha renunciado a la victoria. El inquilino de la Casa Blanca cree que puede ganar.

El presidente ruso ya sabe que no puede ganar una guerra convencional en Ucrania, manteniendo las provincias que ya en 2014 quisieron negociar su entrada en la Federación rusa tras la invasión de Crimea, tendría que haber sido muy rápida y ya lleva ocho meses sin que sus tropas y las de las milicias prorusas del Donest puedan conquistar y mantener más territorios. Proseguir los combates sin un horizonte de finalización le resulta imposible, al igual que era imposible desde el inicio el control total de Ucrania.
Los Referendum de adhesión a la Federación rusa en las cuatro provincias y el recordatorio del posible uso del arma nuclear son la forma que tiene Putin de ofrecer a Biden - que es quien manda de verdad tanto en el gobierno de Kiev como en la OTAN - terminar la partida en tablas, sin vencedores, ni vencidos. La antigua Ucrania, que es imposible que vuelva a ser la que era al terminar 2021, partida en dos. El presidente norteamericano y el presidente ucraniano le han dicho que no, que hay que llevar la partida hasta el final, y que éste no termina con la retirada de las Roxas rusas del Donest y la desaparición de las Repúblicas rebeldes y que ya han pasado a formar parte de Rusia. Terminará, de verdad, cuando Ucrania recupere Crimea.
El gran problema al que se enfrentan ambas “soluciones” es que el resultado se trasladaría de forma inmediata a otros tableros y no sólo en la Europa Occidental, ni sólo en el eje asiático; tendría influencia directa tanto en Africa como en toda la América por debajo del Rio Grande; incluso dentro de Estados Unidos en la cada vez más cainita y desgarradora lucha entre republicanos y demócratas.
Si el presidente Biden y todo el complejo económico, industrial y militar que tiene detrás aceptaran las tablas, la repercusión sobre la preeminencia de Estados Unidos a nivel mundial no estaría en juego, seguría siendo la superpotencia que es hoy. En el caso del presidente ruso y del complejo militar y político que le apoya la situación es muy distinta: su derrota sería el comienzo de la propia descomposición interna de la Federación, de forma muy parecida a lo que ocurrió tras la caída del Muro de Berlín, la desaparición del Pacto de Varsovia y las posteriores guerras de los Balcanes.
La desaparición de Rusia como “actor global” sería una de las peores noticias que puede recibir la China de Xi Jinping. Se quedaría frente a frente con Estados Unidos y retrocedería tanto a nivel estratégico en otras zonas del mundo, que necesita por sus materias primas, como a nivel industrial, tecnológico, político y social; y terminaría por enfrentarse a enormes problemas internos de coexión en su inmenso territorio.
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