Feijóo imita la Bicefalia de Rajoy con Gamarra y Elias Bendodo
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Feijóo imita la Bicefalia de Rajoy con Gamarra y Elias Bendodo

domingo 03 de abril de 2022, 19:00h

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Si se quiere entender la bicefalia que ha puesto Alberto Núñez Feijóo para administrar el Partido Popular hay que mirar a Mariano Rajoy. Dos gallegos con la misma y obligada estrategia. El ex presidente utilizó a Dolores Cospedal para que estuviese en la organización del partido y a Soraya Sáenz de Santamaría para que encabezara la acción política desde el Congreso. Núñez Feijóo ha copiado el esquema: Elias Bendodo para llevar las riendas del PP y Cuca Gamarra para enfrentarse a Pedro Sánchez en el Congreso.

Mantener a Gamarra como portavoz parlamentario y elevarla a la Secretaría General era más que una elección, una obligación. Al margen de los movimientos de la ex-alcaldesa de Logroño, siempre cayendo de pie en todos los cambios de liderazgos, era la que mejor podía dirigir el Grupo Parlamentario ante la obligada ausencia de Feijóo. Ya tenía el puesto y el todavía presidente de la Xunta le ha dado los galones. Autoritas y Potestas que dirían los clásicos.
Para poner orden en la deteriorada estructura que han dejado Pablo Casado y Teófilo García Egea ha seguido los consejos “sefardies” de Juan Manuel Moreno , el jefe, amigo y confidente de Bendodo, un hombre capaz de negociar con el Ciudadanos de Juan Marín y el Vox de Santiago Abascal para entregarle el gran sillón de la Junta de Andalucía al hombre que había perdido en las urnas. Una habilidad sólo al alcance de muy pocos y que hará olvidar con rapidez los oscos y duros comportamientos del político murciano.
Al igual que ocurrió hace 32 años en el mismo lugar, el ya oficialmente presidente del PP ha recibido por parte de José María Aznar el mismo gesto que éste recibió de Manuel Fraga. No habrá “ni tutelas, ni tutias” con esa ruptura simbólica via conexión a Internet de la carta que rompió en pedazos el fundador del partido. Feijóo ha aceptado la preeminencia territorial de Andalucía y de su presidente sobre el resto de los barones, pero integrará a todos en una especie de “remake” de la Confederación Española de Derechas Autónomas que inventara José María Gil Robles durante la II República.
Una de las estrellas del XX Congreso ha sido Isabel Díaz Ayuso. La presidenta madrileña se ha olvidado de su petición de escarmiento a los que llama “traidores” y se ha apresurado a pedir la unidad perdida entre aznaristas y rajoistas para centrarse en derrotar al PSOE de Sánchez y sus apoyos parlamentarios para regresar al poder de La Moncloa. La moderación es su nueva seña de identidad a la espera de su propia elección como presidenta del PP en su Comunidad.
Gamarra y Bendodo tienen un pasado común. Perdieron al principio de sus carreras políticas y han terminando en la cúspide de la organización. La nueva Secretaría General quiso suceder a Pedro Sánz en La Rioja pero perdió por cien votos ante José Ignacio Ceniceros. Y el flamante y todopoderoso Coordinador General no logró que el alcalde de Málaga le cediera la vara de mando. Todo eso es pasado, los dos se han convertido en las manos derecha e izquierda de Núñez Feijóo, ya veremos si las imágenes de Cospedal y Santamaría y su triste final no les quiten el sueño.
El resto, desde los vicepresidentes al resto del Comité Ejecutivo, cumplirá con la posición de las piezas que compiten en el nuevo ajedrez político al que se ha sentado a jugar Feijóo, desde Esteban González Pons a Fátima Bañez. Una forma de simbolizar tanto la unión territorial desde mayores dosis de independencia como las sensibilidades políticas. Feijóo es consciente de que sus mayorías absolutas en Galicia son muy difíciles de conseguir a nivel nacional. Tiene que mostrar una inequívoca imagen de centro y, al mismo tiempo, cerrar la huída de votos hacia la derecha más conservadora de Vox.
Desde la esperanza popular en la Sevilla de 1990 a la victoria frente a Felipe González en 1996, al ex presidente Aznar le ayudó la situación de pérdida constante de votos del Partido Socialista, en gran parte por los escándalos de corrupción de aquellos años. No creo que Alberto Nuñez Feijóo vaya a tener ese tiempo, con dos elecciones generales, al menos, por medio. Si Pedro Sánchez aguanta hasta el final de la Legislatura, en el PP confían en que con el cambio, las seguras elecciones autonómicas y locales de mayo del 2023 le den el oxígeno suficiente para intentar ganar en su primer intento. Esperar a 2027 puede que acabe con la paciencia de muchos y que vuelvan a ser unos pocos los que empiecen a mover el sillón del jefe.
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