Joe Biden, presidente de Estados Unidos de América.
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Joe Biden, presidente de Estados Unidos de América.

Con eso duermen

Por José Manuel Pazos
lunes 15 de marzo de 2021, 20:37h

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Después de unos días de tranquilidad, el primer discurso a la nación del presidente norteamericano fijando el 4 de julio como fecha de recuperación de la normalidad y poco después de aprobar el plan de estímulo y el envío de un cheque de 1.400 Usd a cada ciudadano, la tensión volvió a los mercados de bonos y arrastró con ello a otros activos.

Va a costar mucho mantener a raya la preocupación. Es una de esas raras -ya no tantoocasiones en las que cuanto mejor para la economía, peor reaccionan los mercados.

ELIGEN LO QUE ASEGURAN
La lógica dictaría que en una economía que recupera tracción, y la norteamericana puede hacerlo con fuerza inusitada en 2021 con crecimientos en el segundo semestre entre el 7 y el 9% anualizados, se necesitan menos estímulos de todo tipo, pero la apuesta de los gobiernos y los bancos centrales es tan firme y se muestran dispuestos a correr tan pocos riesgos con el crecimiento, que lejos de ir introduciendo en sus discursos cautela en los estímulos, lo refuerzan. Véase el caso del BCE, que el jueves anunciaba que acelerará la impresión de dinero. Y aún aquí, podría estar más justificado, porque las expectativas de recuperación son bastante más modestas.

Es evidente, y apenas puede serlo más: entre recesión e inflación, prefieren arriesgar en lo segundo. Lo dejó claro en su discurso de toma de posesión la secretaria del Tesoro al afirmar sin ambages que, “en circunstancias como las actuales hay que actuar a lo grande”. Y los hechos lo están respaldando.

El precio que pagar, es el temor a la inflación, y cada vez menos inversores se encuentran cómodos comprando títulos emitidos por los Tesoros de los principales países, por muy libres de riesgo que se les suponga, con rendimientos que en todos los casos ofrecen rentabilidades reales negativas.

Basta recordar situaciones similares en el pasado para comprobar que el comprador de un bono de los años 40, con un cupón nominal del 2% anual, diez años después, al recibir el principal, había perdido a través de la inflación cerca del 50% de su valor en términos reales. Un desastre. La deuda pública superaba en EE.UU. el 120% del PIB, igual que ahora, y la Reserva Federal aplicó una política de “yield control”, como ahora. Los antecedentes no son como para comprar e irse a dormir tranquilo.

¿INICIANDO EL TERCER CICLO?
Entonces, ¿cómo justifican las compras? Primero en que no les queda más remedio. Son inversores institucionales (con nuestro dinero) y tienen que invertir a largo. Segundo, porque se envuelven en el discurso de los bancos centrales según el cual, la inflación no será un problema mientras no llegue acompañada de un incremento salarial que ahora se hace altamente improbable en un horizonte de… al menos dos años. Es más.

Es tan alta la cantidad de empresas zombis que se sostienen al borde de la bancarrota solo por las extremadamente laxas condiciones financieras, que la hipótesis de un alza de salarios acompañando a la tensión de precios, se hace poco creíble. Y con eso duermen, pero con un ojo abierto. Es muy probable que los bancos centrales controlen las tensiones, que van a ser frecuentes.

Los episodios de tensión implican bonos abajo, bolsas abajo, materias primas arriba y dólar arriba. Por medio, el oro como referencia. Con la ruptura del patrón oro, este subió en 10 años un 2.100%. Entre 1999 y 2011 un 670%. Desde 2015 un 65%. No es extraño quien refiera que este 65% solo es el principio de su tercer gran ciclo alcista.

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