Inés Arrimadas en La Moncloa con Pedro Sánchez.
Inés Arrimadas en La Moncloa con Pedro Sánchez.

Los cuatro ases de Arrimadas en la mesa del poker

jueves 10 de septiembre de 2020, 20:15h

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La presidenta de Ciudadanos tiene y lo sabe menos “dinero político” (votos y parlamentarios) que los compañeros que están sentados en la mesa del poker . Sus diez escaños en el Congreso valen para aprobar unos Presupuestos, que es mucho, pero en la mano tiene cuatro ases que le permiten algún que otro farol con Pedro Sánchez y con Pablo Casado.

Son sus cuatro vicepresidentes autonómicos los que le confieren una capacidad de envite muy superior a la de la representación en el Congreso. Si lograra la obediencia de partido - algo que está por demostrar - los gobiernos de Andalucía, Castilla y León, Comunidad de Madrid y Murcia podrían cambiar de composición e incluso colocar a los hoy vicepresidentes en el sillón de mando.

En las cuatro Comunidades gobierna el Partido Popular pese a ser el segundo partido más votado. En las cuatro vencieron los socialistas pero sin la mayoría suficiente, ni en solitario, ni con la compañía de Podemos para conseguir el gobierno. Los candidatos del PP supieron negociar, a través de Pablo Casado y Teodoro García Egea, con el entonces presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, para repartirse el poder autonómico en esas regiones: presidencias a cambio de vicepresidencia, consejerías y un número indeterminado de direcciones y subdirecciones generales.

El primero de los acuerdos entre PP y C ´s fue el más fácil. Juan Marín, que había sido vicepresidente con la socialista Susana Díaz, rompió la alianza, obligó a convocar elecciones el dos de diciembre de 2018 y con un simple cambio de mirada logró mantener el mismo cargo que tenía con la dirigente socialista con el nuevo presidente, Juan Manuel Moreno, del Partido Popular. Más poder para él y los suyos en un cambio que tendría consecuencias indirectas en el socialismo español en su conjunto: la máxima rival interna de Pedro Sánchez perdía el poder y perdía casi toda su influencia en el resto de dirigentes del PSOE.
Con esa experiencia como base, las negociaciones que siguieron a las elecciones autonómicas y regionales del 26 de mayo de 2019 fueron más fáciles. En la Comunidad de Madrid se trataba de alejar a la izquierda de Podemos y del PSOE del poder que creían al alcance de la mano, tanto en la autonomía como en el Ayuntamiento de la Capital. Casado y Rivera pactaron y de forma inesperada Isabel Díaz Ayuso se convirtió en presidenta con Ignacio Aguado de vicepresidente; y José Luís Martínez Almeida en alcalde con Begoña Villacís de vicealcaldesa. Tanto en el caso madrileño como en el andaluza hubo un tercer invitado al convite del poder, Santiago Abascal, el líder de Vox, que sumó los votos y escaños suficientes para lograr las mayorías absolutas que hacían falta frente a la izquierda.

Más difíciles fueron las negociaciones en Murcia y en Castilla y León. Tanto Fernando López Miras como Alfonso Fernández Mañueco tuvieron que “sudar la camiseta” para lograr los apoyos de los candidatos de Ciudadanos, que se convertirían en vicepresidentes de forma automática: Isabel Franco en Murcia, y Francisco Igea en Castilla y León. Acompañados de un buen número de consejeros y de altos cargos que llevaron a un aumento de las consejerías y de los organigramas de las mismas. Había mucha gente a colocar. Una actuación y ejemplo que seguirían en diciembre de 2019 Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para conformar el actual gobierno de la Nación: vicepresidencia, Ministerios y muchas, muchas direcciones generales.

Así están las mesas del poder en este inicio del nuevo curso educativo y administrativo. Las ofertas del PSOE no pueden ser más generosas: están dispuestos a que sean los antiguos candidatos de Ciudadanos, convertidos en vicepresidentes, los que ocupen la presidencia de, al menos, tres autonomías: la castellana, la madrileña y la murciana. En Andalucía todo se complica por la importancia del socialismo andaluz y lo que significaría entregar la presidencia a quien en Sevilla consideran un “traidor” por partida doble, Juan Marín.

Arrimadas tiene esas cartas en sus manos y al igual que lo sabe Sánchez lo saben el resto de jugadores, desde Iglesias a Casado pasando por Abascal, que aparece siempre como el convidado incómodo a cualquier mesa. Se le necesita pero no se le quiere, con o sin moción de censura por medio.

Cada uno de sus cuatro ases tiene motivos propios para acompañar las posibles jugadas de la presidenta de su partido. Es muy difícil que alguno de ellos alcance la presidencia de su autonomía, siempre estará por delante un candidato y representante del Partido Popular. Juan Marín lo ha vivido en su propia experiencia: dos veces vicepresidente, con dos presidentes distintos y de distintos partidos. Siempre el número dos y teniendo muy difícil un cambio de siglas en su futuro político.

Los otros tres son casos distintos. Francisco Igea quiso competir desde Valladolid por la presidencia de Ciudadanos, pero se retiró ante el empuje de Inés Arrimadas. Luego dudó en sus apoyos y terminó dando los votos y escaños de su partido en Castilla y León al PP. ¿Aceptaría una presidencia a cambio de expulsar del poder a Fernández Mañueco?. Es una posibilidad, ambición tiene de sobra. La misma que acompaña a Ignacio Aguado, ya acostumbrado a negar cada vez que le preguntan su posible aceptación de una oferta del lado socialista, y al mismo tiempo mostrar su desacuerdo con las medidas que toma Díaz Ayuso y alguno de sus consejeros, sobre todo en el tema de sanidad. Puede que sea el más proclive a dar el salto y dejar a los populares sin su feudo autonómico desde hace veinte años.

La periodista Isabel Franco, si juega bien las cartas y ayuda a Arrimadas a jugar las suyas debería tener recompensa. López Miras es el más joven de los cuatro presidentes que tiene el PP a nivel autonómico y será difícil que cesa su puesto en las futuras elecciones. Quedaría por intentar otros caminos, más tortuosos y tan peligrosas como la respuesta que puede dar el PP a cualquier intento de “traición” política en los acuerdos post electorales que desembocaron en los gobiernos que rigen en esos territorios.

Antes un posible cambio de alianzas y la presentación de mociones de censura, podrían plantearse elecciones anticipadas si lo contemplan los respectivos Estatutos. Los partidos se mueven por comportamientos similares. Todo lo que había hecho el PP tras las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2019, lo repitió el PSOE a finales de ese mismo año, con la diferencia de que los populares no habían ganado en las urnas y Pedro Sánchez sí, con la menos proporción de votos y escaños que ha tenido un candidato para sentarse en La Moncloa, pero victoria por treinta parlamentarios de diferencia. Aumentar el número de Ministerios, nombrar al socio vicepresidente junto a otros tres, y dejar que se repartan cargos y más cargos es la consecuencia natural de la necesidad que surge de la falta de una mayoría absoluta producto de las urnas.

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