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Los clones imposibles de la política española ( 3 )

Abascal, el fugitivo entre Salvini y Marine Le Pen
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Abascal, el fugitivo entre Salvini y Marine Le Pen

miércoles 02 de octubre de 2019, 20:02h

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Huyó de la gran casa común de la derecha española que habían edificado Manuel Fraga y José María Aznar tras sentirse arrinconado por el centrismo descafeinado de Mariano Rajoy. En su huída se encontró con un nadador experto en fugas de banderas y británico apellido, y un matrimonio con largos apellidos de doctrina aristocrática y aroma de puros habanos.

Santiago Abascal, uno de los hijos “adoptivos” en la política madrileña de Esperanza Aguirre, buscó un modelo en el que envolver la bandera nacinal y miró primero a la Francia más conservadora, la que tenía en el apellido Le Pen su razón de existir; y tras el intentar y no llegar al Eliseo de Marine, se encontró de frente con la Italia que cambiaba a Silvio Berlusconi por Matteo Salvini para entrar y salir del gobierno por la puerta de servicio.

Si el italiano había pasado en veinte años del comunismo ( en 1997 se presentó a las elecciones dentro de Comunistas Padanos ) a la muy conservadora Liga Norte que encanezara Umberto Bossi; la francesa no tuvo dudas nunca: estaba en el “Frente Nacional” a la sombra de su padre y allí ha seguido tras cambiarle el nombre y pasar a llamarle “Agrupación Nacional”. Dos caras de la misma moneda y un deseo de alejar al partido de las acusaciones de fascismo que le lanzaban tanto dentro como fuera de Francia.

Nuestro fugitivo español se fijó más en Marine que en Matteo pese a que éste si ha estado sentado en el Consejo de Ministros del gobierno italiano. A la primera le une la identidad de ideas y de objetivos; con el segundo le asaltan las dudas de su cambiante origen e incluso de la voluntad de “separar” el norte rico de Italia del empobrecido sur. Tal vez la mirada de algunos vascos sobre Andalucia no anda muy lejos de los deseos de los dirigentes de la Padania.

Con mucho tiempo libre gracias a la protección “pagada” que le brinda Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid, Santiago y cierra España se nutre ideológicamente de sus vecinos europeos en enero de 2017 durante la cumbre que la ultraderecha europea celebra en la ciudad alemana de Coblenza, una joya del medievo que rinde homenaje con una gran estatua en el centro de la ciudad a Guillermo I, el emperador que colocó al mariscal Otto von Bismark como canciller para que le administrara el convulso país de finales del siglo XIX.

Si hasta esa fecha sus intentos de conseguir escaños, ya fueran nacionales, autonómicos o locales no habían prosperado, los consejos que recibe de Marine Le Pen, del aleman Franke Petry y, sobre todo, del holandés Geert Wilders le sirven para cruzar su propio Rubicón político: blinda su poder interno en Vox expulsando o dejando que se marchen los disidentes y en 0ctubre de 2018, en el coso taurino de Vistalegre, es recibido en olor de multitud. A su derecha Javier Ortega Smith, a su izquierda Ivan Espinosa de los Monteros, y una mujer que les gana a todos en agresividad y desparpajo, Rocio Monasterio.

Dos meses más tarde recibe un “regalo” inesperado de la presidenta de Andalucía: la convocatoria de elecciones autonómicas. Susana Diaz cree que va a ganar con comodidad y que así reforzará su poder en el interior del PSOE frente a Pedro Sánchez. Gana en los votos pero pierde en la suma de escaños. Y es ahí donde Abascal y su tridente de confianza consiguen una plaza para jugar en la Gran Liga de la política nacional. Sus doce escaños le permiten a Juanma Moreno convertirse en el primer presidente no socialista de Andalucía.

De los 12 escaños autonómicos a los 22 nacionales y los diez valencianos.El esperaba más y sus modelos europeos, también. Le Pen, Salvini y el resto de los duros conservadores que pueblan el abigarrado Parlamento de Estrasburgo creían que la debilidad interna del PP tras el adiós de Mariano Rajoy y los coqueteos con Vox que había tenido José María Aznar le podían convertir en la auténtica oposición al socialismo y a la izquierda. No contaban con el despertar de Pablo Casado y con la ambición de Albert Rivera, tan deseoso de llegar al primer puesto de la derecha como el propio Abascal.

Tendrá que tener la paciencia de la dirigente francesa y la audacia del cimbreante italiano. Y reconocer que será muy difícil conseguir el primer puesto, pero que sí puede aspirar a entrar en algún gobierno si sus votos y escaños son necesarios para conseguir el poder. El 10 de noviembre es la fecha del siguiente examen. Si mantiene sus 22 escaños en el Congreso, sumados a lo ya conseguido tras las elecciones autonómicass y municipales del 26 de mayo, podrá consolidar a Vox como un partido de referencia nacional. El peligro más próximo está en su propio origen: ser deglutido por el Partido Popular dentro de esa ameba ideológica que pretender ser España Suma.

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