24 horas para vencer o morir en las urnas
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24 horas para vencer o morir en las urnas

domingo 21 de abril de 2019, 03:46h

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Enredo político con mayúscula y de nuevo con los jueces en el centro del mismo. Los argumentos que fueron válidos para la JEC en 2015, no sirven en 2019. Con Vox fuera de los debates televisivos suspiran aliviados en el PP, en Ciudadanos y hasta en Podemos. Y tuercen el gesto en el PSOE. Dos debates en 24 horas para vencer o morir en las urnas.

Ninguno de los cuatro líderes que van a enfrentarse en la tele pública el lunes y en la tele privada el martes lo tiene fácil. Saben que el gran beneficiado por su ausencia es Santiago Abascal, que les podrá atacar desde el exterior, a través de las redes sociales, como víctima del sistema que ellos defienden. Ninguno ha salido a defender la democracia que implica la libertad informativa y de opinión. Han asumido los cambiantes y poco democráticos criterios de la Juan Electoral y del Tribunal Supremo y han proyectado la imagen que más les perjudica: la de un sistema que da señales inequívocas de anquilosamiento y decrepitud, de vejez prematura.

Si Pablo Casado y Albert Rivera no se distancian entre sí y proyectan la imagen de un único bloque en su ataque a Pedro Sánchez le estarán dando la razón al presidente de que PP y Ciudadanos son lo mismo, un Jano de derechas con sus dos caras. Si, por el contrario, establecen distancias entre ellos - necesarias si quieren mantener perfiles diferentes - estarán sembrando las dudas entre un electorado de derechas que lo que quiere principalmente es seguridad en el futuro. Con Vox en el escenario lo tenían más fácil.

Puede que salga beneficiado el presidente popular, con dos imágenes muy similares a nivel de telegenia y con un partido más asentado y con mayores recursos en toda España. Para qué cambiar, pensarán los electores, si lo que nos ofrecen es lo mismo. ¿Qué puede hacer el dirigente de la formación naranja?. Sacar a pasear la corrupción y el pasado de su rival, algo que, de nuevo, le facilitaría las cosas al líder del PSOE. Uno y otro, Pablo y Albert, creen que han llevado a Sánchez a su terreno, que le han obligado a hacer lo que no quería y que en esa “trampa” pueden quitarle los votos que necesitan para llegar a los 176 escaños. Siempre, claro está, con la ayuda de Abascal y los suyos.

Las encuestas, hasta ahora, dejan a Vox como el tercer invitado a la fiesta de la derecha, al socio necesario pero incómodo, al familiar que se intenta ocultar en las fiestas, pero ¿ qué ocurrirá si en los días siguientes se observa que ese “familiar incómodo” sigue creciendo y los incómodos son ellos?. ¿Qué pasará si en la noche del domingo 28 de abril las urnas colocan a Vox por delante de PP o de C´s o incluso de los dos?. El nivel de indecisos o que dicen serlo es tan elevado que el “sorpasso” de Abascal es posible. Y puede que la decisión de los jueces prohibiendo su presencia en el debate se convierta en el mejor de los favores posibles.

En el lado opuesto va a estar Pablo Iglesias con los mismos o parecidos problemas que los representantes de la derecha respecto al actual presidente socialista. Atacar a Casado y a Rivera es la parte fácil. Está en el guión, viene de fábrica. Son el pasado, el ataque a cualquier futuro social, los culpables del paro, de la precariedad de las pensiones, el infierno mismo. Hasta ahí navegará en el mismo barco que Pedro Sánchez, remando en la misma dirección incluso con más fuerza.

Está en el guión de Podemos. Al igual que está en el de Iglesias desde su vuelta el alejarse del gobierno y del PSOE lo más posible y a toda velocidad. Si, como aparece en los sondeos, la formación morada ha perdido la mitad de los votos y la mitad de los escaños que consiguió entre 2015 y 2016, que han “vuelto” al Partido Socialista, la única forma de recuperarlos o al menos evitar que prosiga la sangría es atacar de forma moderada a Sánchez. ¿La fórmula para hacerlo?: trasladar a los votantes la imagen de futuros y posibles pactos de gobierno entre Sánchez y Rivera para llevar a España por la senda de la derecha moderada; presentar a Podemos como la mejor de las llaves para que se cumpla un programa de corte socialdemócrata, para que se gobierne desde la izquierda.

Equilibrio casi imposible el que pretende el dirigente de Podemos, sobre todo por la endeblez de su propia posición al frente de una organización que no deja de abrirse brechas de agua en su propio casco. Quiero ser tu socio, necesito ser tu socio para que no cambies de ruta, pero tengo que impedir que me “mates” con el voto util, con esa apelación a sumar bajo las mismas siglas como el mejor de los caminos para evitar que sumen las derechas. También con Vox en el escenario lo tenía Iglesias más fácil.

Empeñarse en presentar los dos debates como una primera derrota de Pedro Sánchez frente a los otros tres dirigentes políticos es un error, un grave error. Podrán insistir en que le han obligado a enfrentarse a ellos cuando no quería. Podrán acusarle de querer huir del combate televisivo, incluso puede que hasta se atrevan a mencionar a Vox - con nombre o sin nombre - como argumento. Y se equivocarán. El presidente en funciones lo tiene bastante, bastante fácil.

Los dos debates programados son un único partido jugado en un plazo de 24 horas. Habrá ganadores y perdedores según los medios de comunicación. Se utilizarán las redes sociales para señalar a los buenos y a los malos, pero es dudoso que quienes asistan, vean y escuchen el primero de ellos vuelvan a sentarse ante el televisor para asistir a la misma película, con los mismos actores y tan sólo con un pequeño cambio en el escenario.

Sánchez va a mantener el discurso que lleva haciendo durante toda la campaña. Y es difícil que le “cuelen” algún dato o argumento que no haya escuchado en boca de sus adversarios a lo largo y ancho del último mes. Se los tendrá aprendidos al igual que sus respuestas. Si, además, se presentan en un tres por uno, atacado doblemente por la derecha y por una parte de la izquierda, le van a dejar en un cómodo centro, que es lo que lleva buscando y propiciando desde que llegó al palacio de La Moncloa.

Hay una gran impostura en este debate sobre los debates. Carece del más elemental de los sentidos políticos el celebrar dos encuentros, en dos días seguidos, en dos canales de televisión, con los mismos protagonistas y los mismos temas de discusión. Se han convertido en parte de la farsa mediática que están representando cada partido y cada líder ante los ciudadanos. No creo que vayan a cambiar los que ya tienen decidido su voto por lo que vean en Televisión Española y en Antena 3 el lunes y el martes. Y los que de verdad duden terminarán por decantarse por lo mismo que lo hubieran hecho de no producirse los debates. Van a ser como esos combates de la lucha libre americana en la que las llaves y los golpes están ensayados para evitar riesgos mayores a los combatientes.

Hace 415 años más o menos que el prolífico William Shakespeare escribió una comedia de final incierto y protagonistas deambulando entre París, Florencia y El Rosellón ( esa parte de lo que los independentistas llaman Cataluña norte ) siempre jugando entre el amor y el poder, que es una de las peores formas de amar. “A buen fin no hay mal principio” vendría a decirse en español o bien está lo que bien acaba, que es la consagración del cinismo ya que en los finales siempre existen vencedores y vencidos. Veremos el día 29 quién se levanta recitando al “cisne” de Stratford - upon -Avon, la pequeña y cuidada ciudad que recuerdo antes de que la masificación turística lo inundara todo. Allí, tres jóvenes que acababan de terminar sus estudios de Periodismo, jugamos y ganamos unas birras a los dardos al equipo local en una diana con los colores del Imperio británico que había en el “Garrick”, con tanto olor a viejo como historia.

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