A por los doscientos

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A por los doscientos

Con una diferencia de casi ochenta años los objetivos de Mariano Rajoy y los de José María Gil Robles como líderes de la derecha española son los mismos. El político salmantino los hizo públicos en vísperas de las elecciones de 1933 enmarcados en la frase " a por los doscientos", que resumía los objetivos de la CEDA y demás fuerzas de su entorno para poder gobernar con comodidad amparados en una cómoda mayoría en las Cortes de 450 diputados. Gil Robles, Lerroux y compañía lograron 212 y desde esa posición mantuvieron el poder durante tres años.

Hoy, el político gallego aspira a lo mismo en los próximos comicios del 20-N ( las elecciones de 1933 fueron el 19 de noviembre ) y todo indica que está en condiciones de conseguirlo, superando el techo electoral de nuestra reciente democracia que está en poder de Felipe González desde 1982 con 202 escaños. Y con una mayoría absoluta muy superior a la obtenida por José María Aznar en el año 2000 con sus 183 parlamentarios.

Los dos políticos se parecen más de lo que tal vez quisieran: los dos comenzaron su andadura política a los 21 años, los dos participaron en la formación final de sus partidos desde siglas anteriores, los dos estudiaron derecho y opositaron con éxito: uno para ser catedrático y otro para ser registrador, los dos fueron ministros, los dos se propusieron encabezar la opción de la derecha española desde una posición de centro, los dos desarrollaron una buena relación personal con algunos de sus principales adversarios, y a los dos se les tachó de lo mismo desde sus propias filas: de ambigüedad en sus posiciones políticas y sobre todo en su forma de ejercer el liderazgo. Rajoy en primera línea junto a Arenas, Cospedal, Mato y González Pons en el inicio de la Convención Nacional del PP celebrada en Málaga Raúl Heras Esta España Nuestra C Rafael Spottorno pilotará la Zarzuela A medida que el Rey Juan Carlos va cumpliendo años -serán 74 los próximos, en enero- y se acerca el momento del relevo generacional, la vida en el Palacio de la Zarzuela se complica hasta el punto de que en una comparecencia pública el propio Rey acusó a los periodistas de querer matarle y ponerle “un pino en la tripa”. La incorporación paulatina del Príncipe Felipe a las actividades de la Monarquía -empezando por los actos sociales a los que hace tiempo que Juan Carlos I no acude- y los problemas con la Princesa Letizia. ha complicado la actividad de la Casa del Rey. A todo ello tendrá que hacer frente su nuevo jefe Rafael Spottorno, que ha sustituido a Alberto Aza, en un relevo que ha sido considerado como una apuesta del Rey por reforzar su poder dentro de la Casa, así que de abdicar, nada. En aquellas segundas elecciones de la II República los seis millones de mujeres que pudieron ejercer el voto por primera vez fueron decisivas en el resultado, a semejanza de lo que puede ser el voto de los jóvenes "indignados" en las que se celebrarán dentro de dos meses.Todos los partidos les hicieron guiños, ya fuera de forma directa apelando a su reciente "mayoría de edad política" como de manera indirecta a través de ofrecimientos de ayudas personales y familiares. Hace ochenta años un socialismo dividido y alejado de sus antiguos socios fracasó pese a los intentos "centristas" de Indalecio Prieto y Julián Besteiro, enfrentados al ala más radical de Francisco Largo Caballero y los dirigentes de la UGT, quedándose en unos exiguos 93 escaños, si bien es cierto que de ese fracaso y de la crisis económica de aquellos años saldría el triunfo del Frente Popular tres años más tarde. Hoy, el actual PSOE, se enfrenta a un dilema similar: está tan dividido o más que el de sus antepasados, carece de un liderazgo fuerte y de una estrategia común y verdaderamente aceptada por todos en su interior, se ha alejado de sus socios de casi siempre como son CiU y PNV, y le disputa el voto más radical a Izquierda Unida de la misma forma que en 1933 se lo hizo al PCE. Y los resultados, con un Parlamento con cien diputados menos, pueden ser los mismos si se materializan los peores presagios. Frente a ese pronosticado fracaso del socialismo que representa en este 2011 el ex- vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, que se debate entre tres cifras históricas, Mariano Rajoy ha conseguido que se le acepte como "seguro" presidente pese a todas las dudas que despierta y la falta de empatía entre la sociedad que aparece en todas las encuestas. El también tiene sus tres citas con la historia. Rubalcaba sabe que va a perder, y él y los que le apoyan de forma decidida pensando en su inmediato futuro aspiran a superar o al menos igualar el resultado que consiguió en el año 2000 Joaquín Almunia, con victoria por mayoría absoluta del PP. A partir de esos 125 escaños, el abismo, que se convertiría en el "agujero negro" del PSOE si baja de cien y se aproxima a los que consiguiera en aquel lejano - pero nunca olvidado - 1933 con don Inda como máximo exponente del partido. En medio de ambas cifras los 118 diputados de 1977 en las primeras elecciones tras la Dictadura de Francisco Franco ( en las primeras elecciones tras la Dictadura de Primo de Rivera el PSOE obtuvo 117 ) y ya bajo el liderazgo de Felipe González. Rajoy sabe que va a ganar, a la tercera como casi siempre ha pasado en España, y está convencido de superar a José María Aznar e incluso, por qué no, al mismísimo Felipe Gonzalez. Sus tres momentos históricos coinciden con los de su adversario: el máximo de 212 que consiguieran las derechas unidas de la II República, el máximo del actual Partido Popular en el año 2000 con 183 diputados, y el mínimo de la actual derecha unificada bajo la batuta de Aznar en 1989, con los 107 escaños que le permitieron al hoy ex presidente cambiar de arriba a abajo la estructura heredada de Manuel Fraga. Al igual que entonces pero ahora en susurro la frase circula por los pasillos de la sede central del PP en Madrid: "a por los doscientos".

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