Algo muy gordo tiene que pasar

viernes 30 de septiembre de 2016, 06:00h

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Felipe González no es, en el PSOE, precisamente un cualquiera. Y si Felipe González hace en una radio, en este caso la Ser, unas declaraciones como las que hizo este miércoles, acusando claramente a Pedro Sánchez de haberle mentido nada menos que en lo referente al cambio de posición del PSOE acerca de la investidura de Rajoy, al actual secretario general del PSOE no le queda otro remedio que salir a desmentir lo dicho por González. Como no lo ha hecho, ni puede hacerlo, al secretario general del PSOE no le queda otro remedio que salir a explicar al país por qué le dijo a Felipe González que el grupo socialista se iba a abstener en la última votación de investidura y, sin embargo, siguió aferrado al 'no, no'. Incluso, para más 'inri', sugiriendo que, quienes predicaban la abstención para que Rajoy pudiera salir investido, representaban a la 'derecha' del partido.

Y, hasta el momento de enviar este comentario -que tal vez deba rectificarse en las próximas horas, porque aquí todo transcurre muy aprisa--, Pedro Sánchez se había limitado a emitir un comunicado no personal, sino de la Ejecutiva, muy genérico, en el que obviamente ni desmiente ni explica. Así que algo, muy gordo, tiene que pasar entre estos momentos y el próximo sábado, cuando, en un clima de tensión creciente, máxima diría yo, se celebre la sesión del comité federal.

Resulta obvio que González eligió cuidadosamente el momento, tres días antes de un comité federal que va a ser una auténtica batalla entre 'críticos' y 'sanchistas', para hacer unas declaraciones que sabía que iban a dar la vuelta a España. Y que sin duda influirán en el desarrollo del comité, donde cada parte sigue recontando fuerzas a favor o en contra de las propuestas de Sánchez, que son de orden interno -celebración de primarias el 28 de octubre, celebración del congreso federal a comienzos de diciembre--, pero no solucionan el atasco político en el que España se sitúa por la falta de un Gobierno que no esté meramente en funciones. Y es precisamente ese 'no' de Sánchez a cualquier pacto que signifique abstenerse en la votación correspondiente para que Rajoy pueda ser investido, lo que está en el origen de ese atasco.

Sánchez dijo, en una entrevista seguida con mucha expectación por lo últimamente infrecuentes que son sus contactos 'a fondo' con los medios, que no pensaba dimitir incluso en el caso de que el comité federal rechazase su plan de primarias y el congreso, en el que el actual secretario general y candidato a lo mismo piensa hacerse fuerte. Personalmente, creo que a Sánchez le quedan pocas semanas de vida política, y menos después de las muy duras declaraciones, casi pidiendo su dimisión, de Felipe González, con quien se ha abierto un frente muy difícil de cerrar, lo mismo que ocurre con al menos seis 'barones' del partido y la mayor parte de eso que ha dado en llamarse 'viejo testamento': Guerra, Almunia, Rubalcaba, el propio Zapatero... ¿Le apoya la militancia? Eso ahora, especialmente tras lo dicho por González, habría que verlo.

Imposible, en este marco, seguir así. Yo, que sigo apostando por que no habrá elecciones en diciembre, pienso que la idea de crear una comisión gestora, que no puede estatutariamente cuajar en el comité del sábado, pero sí en otro comité posterior, irá adelante, lo que hará que Sánchez tenga, efectivamente, que abandonar su posición numantina. Y la secretaría general, claro.

Y el PSOE, desde luego, se quedaría hasta sin candidato para afrontar unas elecciones, por lo que tendría que tirar la toalla y aceptar una abstención condicionada para investir a Rajoy en una sesión que se celebrará quizá a mediados de octubre.

La lucha numantina es una posición que, en mi opinión, constituye un fracaso admirable, aunque personalmente no entienda las razones que llevan a su actual empecinamiento al líder del que sigue siendo el principal partido de oposición. Quiero creer que Sánchez, empeñado de buena fe en consolidar una opción de gobierno de izquierda, se ha dejado llevar por el voluntarismo y por la ceguera que los dioses imponen a quienes, antes de despeñarse, piensan que los ciegos son todos los demás y solamente ellos tienen la razón.

Porque esa opción alternativa, a la que le alientan desde Podemos, o desde una parte de Podemos, ni puede incluir a los nacionalismos y a los separatistas -el propio 'número dos', César Luena, desmintió este miércoles en el programa de Carlos Herrera que ese 'Gobierno Frankenstein' vaya a contar con quienes quieren irse de España- ni puede, desde luego, aglutinar juntos a los morados y a los naranjas de Ciudadanos. Imposibles ambas opciones. ¿De qué alternativa nos habla, entonces, Pedro Sánchez, que, para colmo, hace apenas dos semanas aseguró que él no pretendía encabezar alternativa de gobierno alguna?

Llegamos, entonces, a una cuestión sustancial: ¿se puede confiar en la palabra de Pedro Sánchez, de cuyas decisiones depende el vértice de la estabilidad política en España, nada menos? Lamento mucho tener que decirlo, pero estamos ante una recta final, ante una parada abrupta tras dos años de Sánchez al mando de un PSOE que se halla desconcertado, sin ideas, dividido casi como nunca desde que Felipe González renunció al marxismo; pero ahora ya no se habla, como entonces, de cuestiones ideológicas de fondo, sino de la conquista pura y dura de La Moncloa, o sea, de meras tácticas, consistentes en dividir a los españoles en 'las derechas' y 'las izquierdas'.

Muchas veces, y desde hace muchos meses, he dicho que su 'no, no y no y qué parte del no, etc', sus posiciones excesivamente intransigentes -que no firmes-, acabarían en suicidio político para Pedro Sánchez. Me temo, por él pero no por el bien del PSOE, que esta vez quienes tal pensábamos teníamos razón. Algo muy gordo va a pasar en un partido histórico, que -y perdón por personalizar-- tiene todos mis respetos y una parte de mi cariño. Y, si 'Pedro' logra resistir este sábado, no podrá hacerlo al siguiente, o al siguiente. Fin de trayecto. Y, además, no faltará quien, desde sus propias filas, le culpe de haber perdido un año en maniobras que no han valido de nada, más que para consolidar a Rajoy en su puesto. Sánchez convoca a la Ejecutiva del PSOE
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