Los tipos también han subido en la eurozona (2.25%). Australia (4.35%) ya lleva tres y Noruega (4.25%) una. Japón, que ya los ha subido en cuatro ocasiones (0.75%) los seguirá subiendo. Cualquier análisis global de las subidas para buscar razones comunes fracasaría.
El titular lo soportaría bien porque efectivamente el hecho es que vamos hacia subidas de tipos, pero no llegaría este espacio para registrar las diferencias en las causas.
REVISIONES INCÓMODAS
Regresemos al BCE. Los mercados lo descontaban al cien por cien, de modo que la información está entre líneas. No es que la presidenta haya sido muy explícita, pero se puede leer. Para el banco, las expectativas de inflación siguen ancladas. Es importante porque significa que no ven un cambio de régimen en la inflación. Es un shock de oferta originado por una guerra que bloquea el Estrecho de Ormuz desde hace más de 100 días.
Aun así, suben los tipos, justificado porque la inflación es del 3.2%. Al tiempo revisa al alza la inflación hasta el 3% y recorta el crecimiento al 0.8%. Dos revisiones muy incómodas.
El BCE sube el precio del dinero mientras el Banco Mundial reduce el crecimiento mundial al 2.5%, mínimo desde la pandemia. Otra subida en julio queda fuera de cualquier escenario razonable, pero ¿subirán en septiembre? Eso sería llevar el riesgo de sobrerreacción al límite.
Una política monetaria que reacciona a la inflación de oferta en un entorno de crecimiento débil tiene rendimientos decrecientes y costes crecientes. Es lo que la historia de 2008 y 2011 enseña, aunque en su decisión pese más la memoria reciente.
SE REORIENTAN LOS FLUJOS
Que el BCE suba los tipos es una manifestación importante de las consecuencias de una prolongación inesperada del conflicto. Otra es como se están reajustando las expectativas sobre el euro y el dólar. Ocurre de forma gradual pero perceptible. Europa paga la energía cara, revisa el crecimiento a la baja y sube tipos en un entorno contractivo. EE.UU. exporta energía y, pese a sus propias incertidumbres, sale menos perjudicado.
Los flujos que habían salido del dólar buscando alternativas se reorientan. No es un giro dramático ni definitivo, pero los argumentos para alejarse del dólar se están debilitando más rápido que los argumentos para volver. Subir tipos no refuerza al euro en este contexto; simplemente confirma la presión sobre una economía que crece menos.
Lo contrario ocurre en EE.UU. Las expectativas de crecimiento del PIB en el segundo trimestre se alejan del 1.6% registrado en el primero para acercarse al 3%. La corona noruega, con superávit fiscal del 13% y posición energética privilegiada, se deprecia estos días a pesar de las subidas de tipos. Es el canario en la mina. Cuando una divisa del G10 con esos fundamentos no responde al manual, es señal de que se están redistribuyendo los flujos.
Es en un contexto de sorpresas positivas en los datos cuando la FED celebra su primera reunión bajo nueva presidencia. Cuando se le nombró, el mercado descontaba recortes de tipos. Hoy descuenta subidas. Ese giro resume lo mucho que ha cambiado en un periodo tan breve.
El nuevo presidente llega con una tesis sobre la productividad que por ahora le sirve para posponer subidas, pero con fecha de caducidad y arriesga a tener que subir más y más tarde. El mercado acepta por ahora el escenario más benigno, pero convive con una inflación que lleva cinco años por encima del objetivo y un Tesoro emitiendo deuda a ritmo histórico. La primera reunión dirá poco sobre los tipos. Dirá más sobre si el nuevo presidente está dispuesto a gestionar esas tensiones o a aplazarlas.