No va a ser fácil, Felipe González dejó como sucesor a Joaquín Almunia en 1997, que empezó con mal pie al perder las primarias frente a Josep Borrel y solo pudo presentarse a las elecciones del año 2000 cuando desde la dirección le convencieron al diputado catalán para que renunciara a favor del primero. Flaco favor porque el PSOE bajó hasta los 125 diputados, dando la mayoría a José María Aznar. Fue la última batalla interna que ganó la dirección histórica socialista dirigida por Felipe González. A partir de ese momento ni Zapatero, ni ¡mucho menos Pedro Sánchez contarían ya con el beneplácito del hombre fuerte del PSOE en la transición del franquismo.
Zapatero tampoco acertó con su “sucesora”, la andaluza Susana Díaz que perdió frente a Pedro Sánchez, pero si gestionó bien su salida que realizó rápida y en buena sintonía con sus adversarios que nunca le buscaron las vueltas como le está pasando a Sánchez por su empeño en seguir a pesar de todo y en plan combativo.
El único barón socialista que el partido puede presentar como victorioso es el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que de seguro tendría un gran apoyo en unas elecciones generales en Cataluña, una de las plazas fuertes del socialismo muy por delante de la otra gran acaparadora de votos en el pasado, la Federación andaluza, donde el PSOE no acaba de encontrar un líder que logre repuntar las encuestas y no parece que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, pueda ser la solución, cosa que se verá en el próximo verano.
Un candidato socialista catalán es siempre una incógnita y tendría que tener un gran tirón para evitar el anticatalanismo sociológico que existe en muchas autonomías. Durante la transición solo ha habido un vicepresidente catalán en el gobierno central, Narcís Serra, pero el número de ministros ha sido muy numerosos (Borrel, Solé Tura, Clos, Hereu, Lluch, Iceta, Subirats), destacando entre ellos el nombre de Carme Chacón, la primera mujer que se presentó a unas primarias para ser elegida candidata del PSOE en 2012 y que acabó perdiendo por 22 papeletas frente a Pérez Rubalcaba.
Descartado cualquier socialista que haya sido tildado de españolista, como Emiliano García –Page, una rara avis en una comunidad de derechas como es la de Castilla La Mancha, porque lo primer que tendría que hacer es romper con los independentistas para ser creíble, el PSOE tendría que apostar, nuevamente, por un desconocido, quizás del País Vasco para mantener la buena sintonía con el PNV y HB, o de la cantera madrileña que siempre tiene jóvenes dispuestos a intentarlo. En todo caso el nuevo líder habría de pasar cuatro u ocho años al frente de la oposición a un gobierno del PP con el apoyo de Vox.