Pedro Sánchez y Mario Draghi en Barcelona.
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Pedro Sánchez y Mario Draghi en Barcelona.

Moncloa y la fábrica de buenas noticias para Sánchez

sábado 19 de junio de 2021, 03:39h

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Producir buenas noticias es una de las máximas de la política que emana del poder, en este caso de Pedro Sánchez a nivel del estado; de Pablo Casado a nivel de partido; y de Yolanda Díaz e Ione Belarra como resurgir de la izquierda de la izquierda.Desde el centro de Ines Arrimadas es imposible, y desde la derecha de la derecha, Santiago Abascal lo tiene un poco bastante más difícil.

Lo de menos es que se ajusten a la verdad. Sirven para tapar las malas o para intentarlo. Hoy, ya estamos venciendo al virus, nos vamos a quitar las mascarillas, ven a llegar las ayudas europeas, va a bajar la misma energía que hemos subido hace unos meses. El primer objetivo de las buenas noticias es que la memoria no funcione.

Cifras y datos que tienen a mano los líderes de los partidos para combatir cualquier clase de crisis. Basta con que se hable de las urnas para que las buenas noticias comiencen a llenar los medios de comunicación. Ahora mismo, tras lo ocurrido en Madrid, desde el PP miran a un horizonte feliz para sus colores; y tras lo ocurrido en Andalucía, para el presidente del Gobierno la derrota de Susana Díez es casi como una victoria en unas elecciones autonómicas. La realidad en ambos casos es muy distinta.

Para empezar, los precios no suben, retroceden. Ya se encargará el Instituto Nacional de Estadística de ofrecer al Gobierno de Pedro Sánchez el dato, como si de un adelanto de los Reyes Magos se tratara. Se colocará la estadística entre los meses que mejor cuadren al objetivo buscado y el éxito se paseará por los medios de comunicación.

Eso, junto a la salida " técnica" de la evidente recesión causada por la pandemia, la bajada en nuestro endeudamiento tras la mejora veraniega del turismo, por pequeña que sea y comparada con lo sucedido hace un año, y los parabienes que nos llegarán desde la cumbre de los jefes de estado y gobierno europeos por cumplir con las obligaciones que nos han impuesto.

Es verdad que insisten en que debemos seguir con los ajustes, con esa dieta dura que " tanto bien" nos está haciendo, y que la vicepresidente Carmen Calvo y la ministra de Hacienda, María Jesus Montero, aseguran que si los "brotes verdes" se agostan y se marchitan, pues más reformas y más ajustes, que por el Gobierno no va a quedar.

Empezamos a estar tan bien, vemos ya la " tierra prometida" en el horizonte de 2050, que parte de la denostada Reforma Laboral se va a aplicar a un ritmo tan lento y con tantos matices que entre las declaraciones y objetivos de la vicepresidenta tercera, Yolanda Díaz y las que hace la titular de Economía, Nadia Calviño, el resultado final se va a parecer mucho a un café con leche en el que se cambiara el café por achicoria y la leche por soja.

Algunas Autonomías, como la madrileña, aseguran por boca de su presidenta en el debate de investidura que van a bajar los impuestos. Los independentistas catalanes aparecen divididos y perplejos ante el inesperado y pactado apoyo que encuentran entre los dueños de los dineros, y lo más importante de todo para el Partido Socialista en su conjunto: su principal rival hasta ahora, el PP de Pablo Casado anda enfangado en sus luchas internas sin que sepa como atajar la imagen de falta de liderazgo de cara a unas elecciones generales que tiene respecto a sus barones territoriales con mando en plaza. Le queda el consuelo del aparente estancamiento de Vox y la irremediable desaparición de Ciudadanos.

El presidente Sánchez aparece contentó con todo, desde sus relaciones con Biden a sus pactos con los nacionalistas catalanes; su ministra de Economía está moderadamente contenta, su ministra de Hacienda y Portavoz siempre esta contenta, lo cual es de un gran mérito; y el resto del Ejecutivo, los que aparecen berevemente y los que ni siquiera aparecen, si no lo está, lo parece.

Que el paro real pueda dispararse hasta el 25 % por lo menos hasta 202, en el mejor de los casos, o hasta el 2024 en la peor de las previsiones es tan sólo un escollo que se puede superar a base de crecimientos del 6% que nos ofrecen los organismos nacionales e internacionales. Si dejamos a un lado ERES y ERTES todo es posible.

Se trata de pedir mucha paciencia a las empobrecidas clases medias españolas. A cambio los ricos, ricos, son más ricos que hace trece años, y los fondos de inversión extranjeros están llegando con miles de millones de euros a comprar de todo, desde empresas a paquetes de viviendas y suelo de la " milagrosa" Sareb que esconde entre sus muchas vergüenzas unos cuantos miles de millones de pérdidas, tan sólo comparables con las del FROB.

Puede que nos adentramos en el territorio de las citas electorales antes de lo previsto, sin solución de continuidad desde este otoño a diciembre de 2023. Sin contar las “elecciones internas” de los partidos siempre en busca de consolidar a los jefes de los mismos, sea cual sea su nivel de poder. Meses de elaborar listas, de combates por ocupar los mejores lugares, incluso por dejar el territorio ya explotado y buscar un lugar al sol en Europa, por establecer alianzas con fuerzas afines, por mantener en pie el edificio democrático que tenemos y que con tantos " agujeros" aparece.

Meses también de cerrar sumarios, investigaciones judiciales y de escuchar sentencias, con todo lo que puedan afectar a las ambiciones y los deseos de nuestros representantes políticos e institucionales. Meses de ahondar en los cambios sociales que se están produciendo en España, que son profundos y de muy largo recorrido. De aceptar la inmensa mayoría que somos más pobres, que tenemos menos derechos y más obligaciones; que la sanidad, la educación, las pensiones y la protección social que hemos conocido han ido a parar al baúl de los recuerdos.

La devaluada Europa, a la que también persiguen sus propios fantasmas, ha devaluado aún más a los mas débiles, a los que peor se han defendido frente a la Alemania de Angela Merkel y sus afines del norte. Es lo que tiene la globalización, que nos está igualando por debajo.

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