La ciudad siria de Alepo en ruinas.
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La ciudad siria de Alepo en ruinas.

Siria, despedazada

jueves 18 de marzo de 2021, 08:03h

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La terrible situación que viven miles de sirios al cumplirse el décimo aniversario de una triple guerra librada en su territorio, que la ha despedazado, no logra la atención internacional.

Numerosas organizaciones humanitarias se esfuerzan por denunciar las condiciones infrahumanas que sufren miles de personas en Siria, pero no logran el necesario eco en los medios informativos más influyentes, sobre todo la televisión, para que los dirigentes políticos sientan la suficiente presión electoral de sus ciudadanos que les obligue a prestar la ayuda humanitaria correspondiente.

Siria, 10 años de guerra y un 80% de la población viviendo en la pobreza. Pier Jabloyan, misionero salesiano sirio, explica que “la paz se conseguirá cuando los países decidan trabajar por la población, que está sufriendo, y no por sus propios intereses". Eusebio Muños, director de Misiones Salesianas afirma: “Muchos niños sirios desconocen qué es vivir en paz y tener las necesidades cubiertas".

Las cifras de estos diez años son terribles: más de medio millón de muertos, 200.000 personas desaparecidas, 5,6 millones de personas refugiadas, 6,7 millones de desplazados internos, 13,4 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria para vivir, más de 2,4 millones de niños sin escuela, un 60% de menores que pasa hambre... Jabloyan concluye dramáticamente que ahora no sufren bombardeos diarios, pero se enfrentan a la guerra económica y al coronavirus con la mayoría de los hospitales y centros sanitarios destruidos.

Esta es la situación humanitaria que no influye demasiado en las negociaciones entre los diferentes actores que solo miran por sus propios intereses en un país que se ha convertido en un centro estratégico de la región. El dictador sirio Bachar al-Asad consiguió ganar la guerra a los rebeldes que pretendían democracia y libertad siguiendo una estela envenenada como era la de la Primavera Árabe, interesadamente impulsada por intereses inconfesables. Rusia ha logrado recuperar en Siria frente a una titubeante y contradictoria política de Trump, buena parte de su papel como superpotencia internacional, a pesar de su debilidad económica, con nuevos sistemas de armas y sus bases militares fortalecidas en Lakatia y en Tartus, punto naval en el Mediterráneo. Y las potencias regionales han medido sus fuerzas por el control de la región.

Entre medias, grupos terroristas como Daesh irrumpieron aprovechando una coyuntura de apoyos indirectos que posteriormente perdieron ante su crueldad y extorsión de los pueblos que controlaban en Raqa, Siria, y en Mosul, Irak.

Ahora, Israel lucha para evitar que Irán consolide sus bases en Siria y que continúe el rearme de Hizbulá en Líbano. En el frente norte, Turquía mantiene la invasión de la zona donde combate a la milicia kurda. Su objetivo es impedir a toda costa la creación de un Estado kurdo y recuperar la popularidad que pierde día a día el presidente Erdogan.

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