Antony Blinken, secretario de Estado norteamericano.
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Antony Blinken, secretario de Estado norteamericano.

Blinken insiste en la solución de los dos Estados

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Por Diego Urteaga /Atalayar

Mientras Joe Biden se ha apresurado a asegurar a Netanyahu su apoyo a Israel, el secretario de Estado, Antony Blinken, apuesta por la fórmula de los dos Estados, Israel y Palestina, para intentar solucionar el conflicto del Cercano Oriente.

Antony Blinken, el secretario de Estado de EE.UU, ha seguido los pasos de su presidente, que hace unos días mantuvo una llamada telefónica con Netanyahu, y ha conversado con el ministro israelí de Asuntos Exteriores, Gabi Ashkenazi. Israel es uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región y su relación marca muchos de los acontecimientos que allí suceden y de los vínculos que se mantienen con terceros países.

El caso más claro es Irán, con quien Israel mantiene una posición mucho más firme de lo que parece que lo hará la nueva Administración estadounidense, lo que está llevando a una férrea insistencia por parte de Tel Aviv para mantener la línea dura adoptada por Trump.

Aparte de la relación con Irán, uno de los asuntos que más ha cambiado con la llegada de Biden, es el impulso diplomático para solucionar el conflicto palestino-israelí. La postura estadounidense es favorable a la solución de los dos Estados, y así lo ha reiterado el secretario de Estado norteamericano en múltiples ocasiones desde su llegada al cargo.

Por eso, durante su llamada al ministro israelí, Blinken ha puesto sobre la mesa esta posibilidad como la única posible, además de indicar que es la "mejor forma de garantizar el futuro de Israel". "Dos estados independientes conviviendo democráticamente", así ha dibujado Blinken el futuro de la región, aunque también ha advertido algo que ya hizo Biden, el compromiso con la seguridad de Israel es absoluto, y cualquier acción unilateral contra su seguridad será rechazada por Estados Unidos. Esto es un toque de atención a Hamás, cuya actividad armada va en detrimento de la sociedad palestina en su conjunto.

El otro asunto de capital importancia en la actualidad es la situación respecto al acuerdo nuclear con Irán. Israel es un firme opositor al mismo, ya que considera que no se puede ceder ante el desarrollo del programa nuclear iraní, cuyos objetivos, dicen, no son precisamente pacíficos. Israel ha encontrado además en sus recientes alianzas con países del Golfo como Emiratos, un apoyo importante en este rechazo al programa nuclear iraní. La postura de Biden es, en cambio, más conciliadora, pues considera que controlar el desarrollo del programa es mejor que una oposición frontal y que Teherán continúe dando igualmente pasos hacia delante en la materia.

No obstante, la situación es delicada, porque tras el acuerdo in extremis alcanzado por la AIEA e Irán respecto al mantenimiento de los controles e inspecciones, aunque limitados, la división interna en Irán entre los que quiere evitar a toda costa una vuelta al acuerdo y quienes trabajan para que se produzca un levantamiento de las tensiones se hizo visible ayer en el Parlamento. El Gobierno, firmante del acuerdo con la AIEA se ha opuesto a la decisión del legislativo iraní, que considera que el acuerdo contradice la ley aprobada a finales de 2020 y, por tanto, la han rechazado.

Volviendo a Israel y Palestina, es importante destacar que este año se producirán finalmente elecciones en los territorios palestinos - aunque también en Israel, las cuartas en dos años -, y que los resultados de ambas, pueden marcar el futuro diplomático. La posición de Netanyahu es complicada, con las acusaciones que sufre de corrupción y que se están juzgando en la actualidad, por lo que habrá que ver cómo se conforma el Parlamento israelí en los comicios del próximo 23 de marzo.

Por su parte, Palestina encara tres elecciones en apenas unos meses. El 22 de mayo tendrán lugar las elecciones al Parlamento, a finales de julio lo harán las presidenciales, y a finales de agosto las del Consejo Nacional Palestino. Serán las primeras que se celebren en los territorios palestinos en 15 años, por lo que el escenario resultante, en función del poder que consigan Fatah y Hamás, será determinante para poder avanzar, o retroceder más, en una solución al conflicto que enfrentan palestinos e israelíes desde hace décadas. La normalización de las relaciones entre Israel y países como Marruecos, Emiratos o Bahréin, también puede influir en la resolución, pues pueden tener un papel mediador destacable.

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