Pablo Iglesias y Santiago Abascal en uno de los debates televisivos electorales.
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Pablo Iglesias y Santiago Abascal en uno de los debates televisivos electorales.

Abascal imita a Iglesias y perderá como Mancha

miércoles 30 de septiembre de 2020, 20:16h

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Con 52 escaños y segundo partido de la derecha, la moción de Vox lo único que pretende lograr es dar mayor visibilidad a la formación. La derrota está asegurada de antemano y es muy difícil, por no decir que imposible, que consiga más votos positivos que los suyos.

Santiago Abascal pretende imitar a Pablo Iglesias cuando éste, en junio de 2017, presentó su propia moción de censura contra Mariano Rajoy siendo el segundo partido de la izquierda. No buscaba el líder de Podemos una victoria frente al PP y mucho menos cambiar al inquilino de La Moncloa. Trataba de superar a los socialistas y lograr el ansiado “sorpasso” con el que soñó Julio Anguita antes de abandonar la política por su primer infarto.

Consiguió el hoy vicepresidente segundo 82 votos a favor mientras que el PP hacía gala de su fortaleza sumando 170 noes. El PSOE y los independentistas catalanes se abstuvieron. Unos y otros tenían en su memoria lo que había hecho Felipe González en la primera moción de censura de nuestra democracia contra el entonces presidente Adolfo Suárez.

El entonces presidente del Gobierno, que había ganado las elecciones de 1977 y 1979 estaba al frente de una coalición de partidos, liberales, democristianos, socialdemócratas y hasta falangistas de nuevo cuño que se estaba rompiendo a ojos vista. Los socialistas quisieron empujarle un poco más hacia el abismo demostrando al país que tenían a un líder y un programa de gobierno.

Perdió González por catorce votos, lo esperado. Fue la primera de las piedras en su camino hacia La Moncloa. Era el 30 de mayo de 1980, cuatro meses más tarde se celebró una moción de confianza en un clima de tensión en toda España, con el jefe del Gobierno enfrentado al Jefe del Estado, que presagiaba lo que ocurrió apenas cinco meses más tarde: Suarez presentó su dimisión y el teniente coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados.

El intento de golpe de estado del 23 de Febrero de 1981 causó miedo, evitó un gobierno de unidad nacional que se había gestado a las espaldas del Parlamento y tras un año de gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo llevó al PSOE al poder con la mayor mayoría absoluta de la democracia.
La moción de censura, presentada desde el liderazgo de la oposición, sirvió para terminar de destruir a la centrista UCD, que la derecha se aglutinara en torno a la Alianza Popular de Manuel Fraga, y que la izquierda del PCE se quedara en los huesos, con la consolidación de las dos fuerzas nacionalistas de derechas que han acompañado la política española durante 40 años: el PNV vasco y la CiU catalana.

Lo que ocurrió en la segunda moción de censura, presentada por el recién elegido presidente de Alianza Popular, que cambiaría su nombre al actual de PP, Antonio Hernández Mancha, pretendió imitar a González y darse a conocer ante la mayoría de los españoles desde su Sevilla natal, pero sin tener en cuenta que el PSOE gozaba de mayoría absoluta y el desastre estaba cantado. Aquel marzo de 1987 el que era el líder de la oposición cosechó la mayor derrota parlamentaria de un dirigente con aspiraciones de gobierno: 195 votos en contra. Pocos meses después Manuel Fraga volvía a convertirse en presidente de la formación, colocaba a José María Aznar como candidato en las elecciones de 1989 y le entregaba las llaves del partido en los inicios de 1990 durante el Congreso de Sevilla.

A Santiago Abascal le puede ocurrir lo mismo que a Hernández Mancha, que en lugar de salir reforzado en su imagen ante los españoles y buscando desbancar al PP de Pablo Casado en el liderazgo de la derecha española, inicie su propio camino hacia el ocaso. Tiene a su favor la debilidad de Casado, que el PP no llega a los 90 diputados, de Ciudadanos se ha quedado reducido a unos raquíticos diez escaños y que existen muchos diputados del Partido Popular que piden una oposición más dura frente al gobierno de coalición de Sánchez e Iglesias.

El resultado de la cuarta moción de censura es conocido y con un grado de sorpresa. Presentado unos días después de la aprobación de los Presupuestos era difícil saber que ya estaban cerrados los pactos de Pedro Sánchez con Unidas Podemos y los nacionalistas vascos y catalanes hasta sumar 180 escaños. Triunfó, ha gobernado durante un largo año antes de convocar elecciones generales y lograr con sus 120 escaños la investidura por apenas dos votos de diferencia. Hasta hoy.

Dicen en el mundo taurino que no hay quinto malo. Esta quinta moción presentada por Santiago Abascal corre el riesgo de superar en noes los 195 de Hernández Mancha. Con la derrota asegurada su esperanza está en que los 89 parlamentarios del PP se abstengan. Sería un buen triunfo de cara a la inevitable y larga batalla por el cetro de la derecha española y los dos únicos caminos que aparecen ante Abascal en el plazo más inmediato: que se rompa el Partido Popular o que él mismo fusione a Vox, en un “regreso a casa” y termine de líder. Milagros suceden todos los días.

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