Rivera y su reloj de dos manecillas: Iglesias y Abascal
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Rivera y su reloj de dos manecillas: Iglesias y Abascal

miércoles 26 de junio de 2019, 18:34h

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Los sueños políticos de Albert Rivera son sueños de verano. Están situados en esos últimos días que lo alargan antes de que comiencen de verdad los cursos políticos, económicos y educativos. Para ese reloj necesita dos manecillas con los nombres de Pablo Iglesias y Santiago Abascal.

Los tiempos de Podemos y Vox se cruzan en los dos calendarios que tienen el PSOE y el PP para formar gobierno en el Estado y en la Comunidad de Madrid, y que llegan hasta septiembre. Las dos formaciones, por la izquierda y la derecha, tienen los votos necesarios para favorecer o impedir que Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso sean presidentes en julio.

Un calendario y los miedos que lleva en su interior que explican la posición de Albert Rivera y la mayoría de Ciudadanos. No se trata de las simpatías o antipatías que tenga el político catalán hacia el actual presidente en funciones, ni que se sienta más de derechas que el presidente del PP. Obedece a que el ahora o nunca se ha instalado en su estrategia y en su táctica para asaltar La Moncloa.

Si Pedro Sánchez decide celebrar su debate de investidura a mediados de julio y no consigue la mayoría necesaria en las 48 horas que marca la ley, comenzará el periodo de “reflexión” de dos meses que lleva a la disolución de las Cortes, y la convocatoria de nuevas elecciones generales, en torno al quince de septiembre.

Lo mismo le ocurre a Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid. El 11 de julio es la fecha límite para que consiga la mayoría necesaria. En caso contrario, otros dos meses de espera y negociaciones para evitar que los madrileños vuelvan a las urnas. Si Casado tiene puestas sus ambiciones nacionales en esa situación extrema, Ignacio Aguado las tiene para sentarse en el sillón de mando de la Puerta del Sol.

Los socialistas creen que las exigencias de Podemos responden más a un órdago de Pablo Iglesias que a la auténtica situación del partido morado. Otras elecciones les favorecerían, por aquello del voto útil, dejando a los dirigentes de esas formación con menos representación en el Congreso. Una vuelta al pasado cuando el PCE o Izquierda Unida apenas conseguía 21 escaños en la Cámara Baja.

Es posible que eso ocurriera, pero también que una fuerte abstención entre el electorado - que siempre es más de izquierdas que de derechas - trastocara por completo la adjudicación de representantes en el Parlamento, y que una mayor presencia de socialistas no compensara el aumento de representantes de la derecha.

En ese fenómeno previsible juegan también los efectos que una doble repetición tendría en los votantes de Vox, cuya perdida de apoyos en favor del PP llevaría a éste a tener más asientos en el Congreso y a la posibilidad de sumar con Ciudadanos la mágica cifra de 176 escaños.

Son los cálculos que hacen los cinco grandes partidos a nivel nacional y mirando de reojo a lo que está ocurriendo en la Comunidad madrileña. Si por un lado existe el miedo a empeorar los resultados del 28 de abril, por el otro está la incertidumbre de lo que ocurriría con la asignación de parlamentarios por cada una de las circunscripciones electorales. Ya no se cuenta en votos, se cuenta en asientos en el Congreso, que estarían muy relacionados con esas mismas sumas en la Asamblea madrileña

La fuerza de Iglesias y de Santiago Abascal no está en sus 42 escaños nacionales y en sus 20 asientos autonómicos. Sus órdagos se basan en la incertidumbre y en el cansancio de los españoles. Ellos pueden perder mucho, pero aún más pueden perder Pedro Sánchez y Pablo Casado. Esa es la única explicación lógica y política para la postura del “ no es no “ de Albert Rivera, por mucho que desde los medios de comunicación y desde algunos grupos de Ciudadanos le pidan y hasta exijan una abstención que posibilite la elección de presidente.

Cree Rivera que la distancia de nueve escaños que ahora le separan de Casado es la menor que ha tenido nunca su partido respecto al PP, o lo que es lo mismo, que su liderazgo de la derecha está más cerca que nunca, que el tiempo no juega a su favor y que si deja escapar esta oportunidad lo lógico es que los populares se recuperen, consigan el regreso de miles de votos desde VOX y que Ciudadanos se condene a ser siempre partido bisagra, no partido de gobierno en mayoría.

No estamos asistiendo, aunque lo parezca, a una partida de mus entre los dirigentes políticas. Es una partida de poker con todas las cartas sobre la mesa menos una, la del resultado en escaños de unas nuevas convocatorias.

Puede que el miedo de los grandes a perder el poder sea mayor que el miedo de los pequeños a seguir menguando. En ese caso Sánchez y Casado cederán. Y Rivera les acusará de traicionar a su electorado diciendo que los únicos que permanecen en su sitio son ellos.

Si por el contrario, el miedo personal de cada uno de los que ahora tienen su acta de diputado nacional o autonómico es superior al de los representantes del antiguo bipartidismo, terminarán por ceder y apoyar las investiduras de Sánchez y Díaz Ayuso. Con una espera de dos meses pero evitando las temidas elecciones de septiembre.

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