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Regenerarse o morir

Regenerarse o morir

Por Jaime P. Monfort

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Nacimos tras la muerte del Dictador, en democracia y libertad por las que lucharon los grandes hombres y mujeres del siglo veinte. Hubo y habrá relevo generacional en la dirección de una Nave a la deriva. Hubo y habrá una transición que nos permita vislumbrar nuevos destinos para dejar atrás el falso testimonio, la falta de visión, el anquilosamiento y la decadencia de unas élites políticas, económicas y mediáticas arraigadas en un paradigma que les da de comer y les mantiene a buen recaudo en feudos aparentemente confortables e indestructibles. Hemos de dejar atrás la oligarquía y el caciquismo de unas élites no muy diferentes a las que mencionaba Joaquín Costa en 1901. Somos radicales en la manifestación de una opinión contraria al conformismo que inspira la falta de reacción de una sociedad civil adormecida. Somos radicales en la condena de nuestra incapacidad de reacción. Manifestamos un desencanto profundo con una realidad falta de confianza e ilusión, donde los conductores no inspiran ni transpiran, no ejercen mas carecen de cordura y sentido común. Somos rehenes de unas clases directoras infectadas por un cáncer que todo lo corroe y lo corrompe. Nos contagian su crispación, su falta de visión, su juego sucio basado en el insulto, el grito, el chillido, la antipatía, la desvergüenza, el descaro. Mas no hemos nacido en esta tierra de diversidad para abandonar un barco a la deriva. Hemos nacido para quedarnos y luchar por lo que más queremos, una tierra solidaria y de gran corazón, una tierra de luchadores que vislumbran incrédulos un ir y venir de mentiras y más mentiras del monopolio de la opinión representado por el establishment político y periodístico. No hemos sido educados para emigrar a otros lares sin contribuir a la emergencia de una sociedad a la deriva. Gritar la denuncia no tendría sentido en un contexto sin alternativa, pues carecer de alternativas supone asumir la condena actual que nos ata y limita a una realidad gris, en blanco y negro, a una película con los mismos actores mediocres, a una obra de teatro con el mismo guión sin fin que va y viene, que se repite, que se duplica. Debemos regenerar una sociedad sin entusiasmo ni ilusión o perecer en el intento. Debemos entender que nos encontramos ante una Ventana de Oportunidad que invita a acometer una Segunda Transición. Debemos sentir la cercanía, la aproximación de un punto de ruptura, de una fase de catarsis definida por los términos despolitización, desendogamización, independización. El debate ha sido monopolizado por celebridades de poca monta e informadores y periodistas mediocres que creen saber y crear doctrina desde una ignorancia invisible que ocultan con recelo. No son sin embargo más que una falsa ilusión, un espejismo de lo que en otro tiempo fue una prensa competente y unos medios que creaban cultura pedagógica para la información de unas desilustradas masas. Os señalo con el dedo élites rancias y perecederas. Os acuso de impunidad, de no hacer los deberes, de mantenernos engañados, de buscar una deriva destructiva con el contrario y con el ciudadano. Os señalo con el dedo élites descafeinadas e insípidas, que olvidasteis ejercer la capacidad del sueño y del amor. Os acuso de mantener un statu quo que os beneficia, que os mantiene gracias a la utilización el clientelismo, del nepotismo, del amiguismo, de la utilización de las políticas de energía, de agua, lingüísticas para mantener feudos de poder caciquiles donde empleáis al entorno de aquéllos que piensan de manera acorde. Estamos faltos de escuchar, de intercambiar puntos de vista con un contrario susceptible de compartir mucho más de lo que jamás imaginamos. Andamos faltos de rigor, de disciplina, de ilusión y confianza. Debemos recuperar el sentido común y los valores, el esfuerzo y la meritocracia. Debemos aprender a emprender para competir y cooperar a nivel global. Debemos aprender a compararnos sin suscitar una envidia que es la deuda pendiente de una sociedad sin revoluciones. Debemos dejar el acomplejamiento atrás para siempre, encerrar la desidia en la jaula del ortodoxo y la resignación y la delegación en el baúl de los recuerdos. Debemos ser proactivos, planificadores, pioneros sin perder la capacidad de la creatividad, sin perder la alegría y las ganas de vivir. No os conocemos clases directoras. No habéis nacido para gobernar en este nuevo siglo. Aceptar un último y único reto, el de regenerarse o morir. (*) Jaime P. Monfort es presidente de Reypública.

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